BIOGRAFÍA DE JAIME ROOS

La fama y la intimidad

Biografía del ícono cultural uruguayo que, más allá del voluminoso aporte informativo, deja dudas.

Jaime Roos. Foto Archivo El País
 Archivo El País

En la década del ochenta, la historiadora e investigadora Milita Alfaro publicó un extenso reportaje al músico uruguayo Jaime Roos en el libro El sonido de la calle (Trilce, 1987) que era, hasta hoy, lo más serio sobre su vida y obra. Agotado hace tiempo, y con un objetivo más modesto, se hacía necesaria una nueva publicación. La nueva biografía titulada El Montevideano es el resultado de cuatro años de trabajo de Alfaro, y se apoya en tres fuentes: la carrera y obra artística de Roos, el extenso archivo de prensa y documentos que el músico supo guardar por todos estos años, y largas conversaciones que tuvo con su biografiado.

La autora expresó que la memoria de Jaime Roos es asombrosa y que permitió ingresar a todos los temas sobre los que deseaba interrogar. "¿Estás pensando en un capítulo dedicado a mis orígenes familiares?" pregunta Roos al comienzo del libro y una vez más demuestra que es metódico incluso en el conocimiento de sus antepasados de hasta mediados del siglo dieciocho. La historia cronológica se quiebra con anécdotas y hechos, resaltados en recuadros o apartados, que sigue el orden de la vida del músico. Toda la primera parte del relato narra su infancia y adolescencia en el escenario de la década del sesenta montevideana. Las casas donde vivió, el Barrio Sur que se le pegó para siempre, sus primeros deseos de emular la vida de su tío, el músico George Roos, y poder recorrer el mundo. Ciudades que ese niño conoció a través de las postales que su tío enviaba.

Integrante de la denominada generación de 1973 conformada por jóvenes que comenzaban a trascender en la música en plena dictadura, Roos se inició en bandas que tocaban covers de Los Beatles y otros grupos. Las canciones del cuarteto de Liverpool lo marcaron para siempre aunadas a la música de las calles donde se crió. El candombe, la murga y también el folclore que interpretaban músicos de la talla de Zitarrosa, el Sabalero o Los Olimareños. Integró bandas como Los Roberts, Epílogo de Sueños y Aguaragua, donde ya comenzaba a verse la mezcla géneros musicales. Como músico invitado primero y permanente después, se integró al grupo Patria Libre con Jorge Bonaldi, Jorge Lazaroff y Raúl Castro. Pero a partir de fines de los setenta, comenzó su carrera como solista. En 2017 se cumplieron treinta años de la aparición de su primer álbum, Candombe del 31, un disco que según sus palabras integra su etapa "pseudo amateur", iniciado en una maqueta que grabó en París en su primer exilio voluntario europeo y que terminó de grabar en Montevideo con pocas horas de estudio. El álbum pasó casi desapercibido en un tiempo donde el Canto Popular comenzaba a ganar posición tanto en la música como en una forma de militancia. Años después se transformó en un disco de culto. Canciones como "Cometa de la Farola", "Carta a Poste Restante", "Y es así" y "Señorita Efe", rebautizada como "Tu vestido blanco", fueron luego versionadas en discos posteriores del artista.

El impulso.

El presente de Roos era propicio para que este libro saliera al mercado como una especie de balance final de su carrera. Aunque ha dicho que no se ha retirado, es cierto que dejó de tocar en vivo desde comienzos de 2015 y su último disco con temas originales es Fuera de Ambiente, de 2006. El sello Bizarro volvió a editar su discografía completa con la vigilancia del músico, en ediciones remasterizadas. Leer este libro, al tiempo que se escuchan esos discos, permite valorar una obra que ha logrado aunar la densidad y profundidad con la recepción popular de sus canciones. Algo parecido a un pequeño milagro. Un gran acierto de Alfaro es detenerse en esos álbumes con pequeñas separatas que se van metiendo en la historia. El análisis que hace el músico de sus canciones, los juicios de la prensa especializada de la época y la repercusión en el público ayudan a explicar cada uno de ellos. El complemento de la crítica, y cómo veía en el momento de salida cada trabajo, puede causar gracia y ubica la reacción de su tiempo aunque es cierto que meter el bisturí a fondo en las mismas podría sonar a picardía que no aporta demasiado.

Durante su extensa carrera Roos ha tenido roces con colegas. Acaso el más famoso es su distanciamiento con Washington "Canario" Luna, voz de uno de sus grandes éxitos, "Brindis por Pierrot". También ha ganado fama de tener un carácter difícil y ser de una minuciosidad exasperante en su trabajo. Roos no elude hablar sobre la pelea con el "Canario" aunque no profundiza en la misma y su opinión se suaviza ante la ausencia del otro. No hay voluntad en escarbar en viejas riñas. Quién busque algunos detalles sórdidos de esos enfrentamientos, alguna declaración altisonante del músico que reavive esas diferencias, se verá defraudado. Ha llegado a un momento de su vida en que prefiere zurcir diferencias y cerrar alguna cuenta que podía quedar pendiente. Es generoso en el elogio con varios colegas como los Fattoruso, Rubén Rada y los viejos amigos que lo acompañaron en su vida. Lo mismo ocurre con las mujeres que fueron sus parejas. Desde Franca a su actual compañera, Andrea Barbeito, todas ocupan un lugar importante en su vida y reciben reconocimiento en estas páginas. Ya en su sexta década de vida, alejado de alguno de sus demonios, el músico parece haber alcanzado la paz.

Su freno.

El no ahondar en conflictos profesionales y personales hace que alguna parte del relato quede incompleto. Es valiente la forma en que se habla de las adicciones y como peleó, con varias recaídas, para salir de ellas. Pero en algunos casos la discreción genera incoherencias. Casi en el final, cuando la autora transcribe un mensaje del músico relacionado a sus últimos años, expresa que a fines de 2014 entendió que "vivía dentro de una maquinaria desquiciada y dañina, tanto en lo profesional como en lo artístico, espiritual y cotidiano" de la que consiguió salir. Pero nada se sabe sobre esa "maquinaria desquiciada" ni de la lectura de los últimos capítulos se avizora el drama que vivía. Ese último mensaje hace pensar al lector que varias cosas prefirieron no contarse poniendo un freno a la profundidad del relato.

Tampoco hay opiniones de terceros sobre Roos ni un estudio técnico de su obra. Quizá no era el objetivo del libro, pero empobrece el resultado. Da una versión autorizada de su vida, contada por una narradora que ostenta la condición de admiradora y amiga. Escribir desde el cariño termina por alivianar el resultado en una mirada bondadosa y poco crítica. Se instala la sensación de falta de un panorama completo de la vida y obra de Roos. Aún con lo apuntado, quienes aborden El Montevideano encontrarán un trabajo interesante, ágil y bien escrito. Un libro que se vuelve necesario para comprender más a uno de los más importantes creadores en la historia de la música uruguaya, lo que no es poco.

EL MONTEVIDEANO. Vida y obra de Jaime Roos, de Milita Alfaro. Planeta. 2017. Montevideo, 504 págs. Distribuye Planeta.

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