"payasadas" de Kurt Vonnegut

Fábula absurda y descacharrante

El futuro que predice Vonnegut es delirante, pero nunca decae en su humor, agilidad, ni en la capacidad por lanzar alfilerazos críticos.

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Juan de Marsiliovie dic 26 2014 03:01

Kurt Vonnegut (1922-2007) es uno de los más inclasificables escritores norteamericanos del siglo XX. Encasillarlo en la ciencia ficción –sub género de la mayoría de sus narraciones– sería reduccionista. Liberal y desencantado, humanista consecuente, crítico feroz de la sociedad y la política de su país, no por ello dejó de ser norteamericano de pies a cabeza (aunque en Payasadas relató, sin mucha pena y casi como al pasar, la disolución de los EE.UU.).

La extrañeza de su punto de vista, más que en sus lecturas –Sturgeon, Celine, Hunter S. Thompson– debe rastrearse en su vida. Nacido en una próspera familia alemana instalada en Indianápolis, vivió en su infancia y adolescencia la caída del prestigio social de los suyos –habían sido enemigos en la “Gran Guerra”– y la depresión que siguió a la crisis del ‘29. Alistado en el ejército en 1943, cayó prisionero a fines del año siguiente y en esa condición padeció el irracional, inútil y mortífero bombardeo de Dresde por los aliados. Esta experiencia, base de una de su novela Matadero cinco, lo marcó para siempre.

Payasadas (“Slapstick”, en Inglés) es una fábula que trasunta, con ternura melancólica y ácida, muchos de los principios y vivencias del autor. Todo sazonado con un humor directo, por momentos de golpe y porrazo, como las comedias de Laurel y Hardy, a quienes se dedica el libro. Es bello el prólogo autobiográfico, que anticipa elementos transpuestos luego en clave poética al relato. Medular el afecto por su hermana, muerta de cáncer, cuyos hijos Kurt adoptaría. El autor confiesa que ella era el “público de uno” para el que escribía. La pareja de hermanos que protagoniza la novela (millonarios, monstruosos y geniales, pero sólo cuando piensan juntos), es reflejo del amor de Vonnegut por su hermana.

Refiere la historia el hermano varón, Wilbur Narciso 11-Swain, casi centenario, que habita el abandonado Empire State, en una Manhattan con pocas familias, que viven en plácida barbarie, protegidas del exterior por la epidemia de la “Muerte verde” (para la que han descubierto un antídoto). La vida de Wilbur es disparatada: de imbécil recluido en una mansión, donde en secreto él y su hermana alcanzarán picos de genio y construirán una vasta cultura autodidacta y anacrónica, pasará a ser un pediatra de cierto prestigio y, sin saber bien cómo, será electo senador y luego Presidente. El último.

Su principal obra, en un mundo en el que los chinos, cada vez más diminutos, toman la delantera en todo, el resto del mundo decae y los millonarios y privilegiados convierten Machu –Picchu en un spa, es dar a las personas, por la asignación aleatoria de un nuevo apellido (a él le tocará ser un Narciso 11) amplísimas familias no biológicas en las que apoyarse. Tras el colapso, serán las únicas instituciones en pie.

Los mayores méritos de la novela –que el autor no tenía entre sus mejores– son hacer creíble una fábula absurda y mantener un clima de dulce tristeza sin decaer en la agilidad, el humor y los alfilerazos críticos del relato. De seguro al lector le quedarán, tiempo después de haber cerrado el libro, un puñado de agudas y certeras reflexiones sobre el amor y la decencia, sobre cómo, pese a convenciones sociales y culturales, seguimos siendo bestias instintivas (con lo bueno y lo malo que eso tiene). También sobre el afecto y la distancia, el paso del tiempo, la decadencia de todo lo que existe aquí abajo.

PAYASADAS, de Kurt Vonnegut. La bestia equilátera, 2014. Buenos Aires, 224 págs. Distribuye Gussi.

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