Novela de Rosa Montero

El esplendor de la carne

Y la nostalgia por su pérdida.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Rosa Montero

El comienzo de La carne —última novela de Rosa Montero (Madrid, 1951)— está centrado en el despecho amoroso y en una necesidad casi infantil de venganza, por lo que tema y tono pueden hacer pensar, en principio, en un producto liviano y hasta algo condescendiente con la productiva franja del gran público femenino. Desde las primeras páginas adopta un estilo franco, directo y no edulcorado para presentar los conflictos, frustraciones y renunciamientos que traería aparejada la edad a una mujer exitosa de clase media alta culta urbana. Es un tema que tiene prensa, y uno de los reductos duros de la lucha de géneros: a pesar de la prolongación de la vida y por consiguiente, de la mayor durabilidad de la juventud —tanto en su imaginario como en sus atribuciones, actitudes y posibilidades—, a pesar también de que en las sociedades desarrolladas cada vez más mujeres pueden pagar con su trabajo una buena calidad de vida y salud, sigue predominando la idea de que la obsolescencia programada las afecta antes que a los hombres y las condena, hasta por eso, a otra forma de discriminación. Pero lo cierto es que, más allá del motivo que da comienzo a la historia —el dolor y la rabia por el abandono de su amante joven y apuesto, próximo a ser padre— y los motivos de queja feminista, Soledad, la protagonista, está estupenda para sus 60 años, y tiene una vida privilegiada en la que no falta el deporte, el confort y un interesante trabajo como curadora de exposiciones en la Biblioteca Nacional. Todo lo cual pone el planteo en un lugar intermedio entre la ficción realista contemporánea y un cierto didactismo que tiende al deber ser, como invitando a una identificación quizá un poco complaciente.

En ese primer plano de la novela apenas disiente enseguida el nombre propio y de a poco cierto encono resentido va apareciendo como fondo o contracara de la tenacidad, resistencia y capacidad de trabajo de la protagonista, quien despliega su vida cotidiana como una guerra contra el mundo, con múltiples frentes de batalla. Más que luchar contra el paso del tiempo, Soledad —desde cuya perspectiva se narra la historia— va lidiando con el estupor de asumirlo de golpe, con una edad y una imagen social en declive que la toman desprevenida y la enfrentan a otras marginalidades que siempre escondió hasta para sí misma. A medida que la historia avanza y se complejiza, el personaje se nos revela en sus dimensiones más dolorosas y da la carnadura que justifica más hondamente su nombre, con lo que la novela va creciendo, a su vez, cuando sale de lo plano y previsible, de la zona de comodidad del inicio.

La contratación de un prostituto, en principio para una salida a la ópera que tiene el solo fin de dar celos al otro y será luego partenaire sexual habitual, es uno de los hilos fuertes del relato, sirviendo para desplegar varios problemas éticos y emocionales, a la vez que pone en evidencia las difusas y permeables fronteras entre débiles y fuertes, amor y sexo, ofrecimiento e interés, legalidad y clandestinidad, marginales e integrados, arraigados e inmigrantes.

El otro gran carril narrativo se desencadena a partir de la investigación que Soledad lleva adelante para una mega exposición sobre escritores malditos o excéntricos, pero que desarrollará privadamente en la búsqueda obsesiva de artistas locos ("de amor, de amar, de atar"). El lector participa de esa galería de historias de y sobre la locura, que pone especial foco en el tema del doble, el hermano muerto u ocultado, el gemelo, el espejo irresistible. Hay un buen manejo de la expectativa, de la graduación de información de unos y otros planos del relato (la historia de amor, la propia biografía íntima que se va develando, la investigación artística y sus personajes históricos), de modo de reservar sorpresas en todos ellos. Aunque con cierto bucle circular, el final, es, sin embargo, liberador. El título alude a la admiración por el esplendor de la carne, que generalmente viene adosada a la nostalgia por su pérdida.

LA CARNE, de Rosa Montero. Alfaguara, 2016. Buenos Aires, 236 págs. Distribuye Penguin Random House.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)