François Maspero (1932-2015)

Hacer y escribir la Historia

Escribió, editó y publicó "para no dejar que los muertos, los combates, la injusticia y los recuerdos se disolvieran en la nieve de la memoria". Eso decía el francés François Masperó.

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François Maspero

Con la muerte del editor, escritor y traductor François Maspero, el pasado 11 de abril, se pierde al último representante de un ejemplar característico del siglo XX: el editor militante, el intelectual al servicio de las causas colectivas.

Maspero fue anticolonialista, antimperialista, antitotalitario y tercermundista. Estuvo por la independencia de Argelia y contra la guerra de Vietnam; atento a América Latina, siguió de cerca los movimientos revolucionarios del continente y fue uno de los principales editores franceses de la disidencia del Este europeo.

Hijo del célebre sinólogo Henri Maspero y nieto del igualmente prestigioso egiptólogo Gaston Maspero, François nació en una familia donde abundaban las bibliotecas y las amistades intelectuales. También fue un niño de la guerra, que quedó marcado por la irreparable herida que el nazismo causó a su apellido. Su hermano Jean, de 19 años, se unió a la Resistencia y mató a un oficial alemán en las calles de París. En represalia, los nazis deportaron a los dos padres. Poco después Jean cayó en combate. El padre no volvió del campo de Buchenwald. La madre logró sobrevivir a Ravensbrück y se reencontró con el hijo tras la liberación.

LIBRERO Y EDITOR

A los 23 años Maspero se endeudó para abrir su primera librería, L’escalier, en un local oscuro y abandonado que olía a orín de gato, según lo recuerda en su autobiografía Les Abeilles & la Guêpe. Dos años más tarde abrió La joie de lire, en el barrio Latino, que se convirtió en lugar de encuentro de los militantes anticolonialistas durante la guerra de Argelia y luego de los jóvenes del 68 francés.

En 1959, con la intención de contribuir a la causa argelina y denunciar el terror que el gobierno francés aplicaba en la colonia, creó las Ediciones François Maspero. Estuvo al frente de la empresa hasta 1982. En ese período publicó unos 1.400 títulos, algunos con tirajes de cien mil ejemplares, sobre movimientos sociales y políticos, infancia y educación, feminismo y sociología, además de poesía y memorias. El primer libro que editó fue La guerra de España, del dirigente socialista italiano Pietro Nenni. Le sucedieron textos de Karl Marx, Rosa Luxemburgo, Louis Althusser, Nikos Kazantzakis, Heinrich Böll, Ana Ajmátova, Régis Debray, John Berger, Roque Dalton, Nazim Hikmet, Augusto Roa Bastos, Simón Bolívar y Violeta Parra, por citar algunos de un inabarcable catálogo.

Maspero tenía estrechas relaciones con los autores que publicaba. Les proponía temas, participaba de la construcción de la obra, corregía y supervisaba el armado y la edición. Dedicaba tiempo a la elección de las portadas para que fueran atractivas y siempre ponía en la tapa el tiraje de la edición.

En 1953 se afilió al Partido Comunista Francés y lo abandonó tres años después en discrepancia con el silencio de los comunistas ante la represión en Argelia y la invasión soviética a Hungría en 1956. Siguió siendo un rebelde, un socialista radical sin partido, que admiraba la resistencia contra el nazismo. Tenía una idea de Francia vinculada a la tradición del Iluminismo y al pensamiento libertario.

Muchas de las obras que editó, en particular las referidas a Argelia, le valieron censura, requisas y juicios por parte del Estado que lo acusó de poner en peligro la seguridad nacional, atentar contra el honor de las Fuerzas Armadas, injuriar a jefes de Estado extranjeros y llamar a la desobediencia y la deserción.

En una de las últimas entrevistas que dio, poco antes de morir, declaró: “No quiero olvidar que después de 1968, fui objeto de una doble persecución. Por un lado el Ministerio del Interior, que me obligaba a ir regularmente a la justicia y, por el otro, algunos grupos de izquierda que me despojaron. Pagué un alto precio, que me llevó a un intento de suicidio. Al mismo tiempo, la enorme movilización de autores amigos salvó la editorial”.

En efecto, en 1973 la librería y la editorial parecieron hundirse: más o menos presionado e incluso convencido, comenzó a editar todo aquello que “promoviera debates”; la librería pasó de siete a treinta empleados, se endeudó y ensayó formas de gestión colectiva que no funcionaron. Además, padeció una moda que se extendió entre ciertos “revolucionarios de opereta”, como los llamaba: ir a robar libros “a lo de Masp”. Tampoco tuvo la comprensión de los empleados de la librería que ante el pedido de mayores controles respondían que ellos no eran policías. Fueron años oscuros en los que tras un accidente de moto cayó en una gran depresión, y tuvo un intento de suicidio del que se salvó por milagro. Con el apoyo de amigos logró salvar la editorial pero vendió la librería.

NOVELISTA Y TRADUCTOR

Cuando cumplió 50 años se retiró de la empresa. La editorial continuó trabajando bajo la dirección de un antiguo colaborador suyo, François Gèze, con el nombre de Éditions La Découverte.

Entonces se inició el tiempo del Maspero escritor y traductor. Publicó doce novelas, la mayoría de ellas con un fuerte acento autobiográfico: Le sourire du chat (1984), Le Figuier (1988), Les temps des Italiens (1994), L’Honneur de Saint-Arnaud (1992). También escribió una biografía de la fotógrafa alemana Gerda Taro, titulada L’ombre d’une photographe (2006). Decía que escribía para no dejar que los muertos, los combates, la injusticia y los recuerdos se disolvieran en la nieve de la memoria.

Reinventó una manera de viajar a través del libro-reportaje con fotografías. En 1990 publicó Les passagers du Roissy-Express con la fotógrafa Anïk Frantz, sobre las 38 estaciones de una línea de tren de los suburbios de París. Junto al fotógrafo Klavdij Sluban publicó Balkans-Transit (1995), producto de cinco viajes a los Balcanes.

Se destacó como traductor con casi setenta títulos, traducidos del inglés, italiano y español. Joseph Conrad, John Reed, Antonio Skármeta, Arturo Pérez-Reverte, Fernando Savater y Luis Sepúlveda se cuentan entre los autores que tradujo.

Maspero también fue polémico y tuvo detractores. Lo acusaron de ser un comerciante de la revolución y un falsificador. Sus críticos incluso le dieron la paternidad de un verbo, “masperizar”, para referirse a la acción consciente de falsificar un documento histórico, donde a partir de un documento verdadero se lo reproduce con cortes, omisiones o intervenciones que cambian su sentido original.

En un homenaje que se le realizó en la ciudad de Lyon, sus amigos lo definieron como un hombre libro. Sin embargo él prefirió presentarse apelando a los orígenes: "Estoy muy agradecido por haber nacido en una familia de resistentes de la primera hora. Con todo lo que ello conlleva: la muerte de mi hermano en batalla a los 19 años, la muerte de mi padre en Buchenwald, y el regreso de la deportación de mi madre. Esto significa mucho para mí y, curiosamente, ahora más que nunca. Sí, elegí 'resistente' en lugar de ‘hombre libro’. Como siempre, al final todos volvemos al principio".

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