LOS NIÑOS, LOS JÓVENES, Y LAS PANTALLAS

La culpa es de los padres

Un libro honesto, maduro, para comprender la invasión de las computadoras y la TV en el ámbito familiar y educativo, por una especialista en la materia. Una propuesta que discute -y remueve- premisas sorprendentes.

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Niños y pantallas

El subtítulo de Los chicos y las pantallas, “Las respuestas que todos buscamos”, puede llevar a engaño. Habrá quienes, con justificada suspicacia, quieran huir de esos libros de autoayuda, tan presuntuosos como inútiles, que ofrecen la clave para solucionar la vida del lector, o en este caso, la de sus hijos niños o adolescentes.

Este es un libro serio. El formato es ágil pues la autora, Roxana Morduchowicz -que es profesora e investigadora universitaria en Comunicación y ha dirigido programas gubernamentales sobre la relación entre el sistema educativo y los medios- ha reunido tras años de consultas con padres, docentes y periodistas, las preguntas más frecuentes sobre el tema. Le preocupa la relación de los niños y adolescentes de nuestro tiempo con el ámbito audiovisual e informático –incluido el teléfono celular. Y da respuestas claras, concisas, desprejuiciadas y valientes.

Se atreve a decir verdades incómodas. Por ejemplo: “Se reprocha a los adolescentes que no leen libros o diarios, habría que recordar que quienes eligen los bienes culturales en el hogar son los adultos. Y son ellos quienes dan prioridad a las pantallas.”. Las orientaciones que brinda, aunque respetuosas y sin la pretensión de ser recetas infalibles, son coherentes con esas verdades: no poner ante la TV o la tablet a niños de menos de tres años, limitar el uso del televisor o la computadora, ver la TV en familia, no instalar el televisor o la computadora en el dormitorio del niño o adolescente, tratar de estar enterado de cómo se manejan los hijos en las redes sociales, y conversar mucho con ellos. En suma: lo que mejor puede ayudar a los padres en este asunto es estar dispuestos a encarar con energía y criterio su deber.

Un mérito de este trabajo es destruir el mito de que la brecha entre los nativos digitales y sus padres de siglo XX es insuperable. Y no sólo porque con cursos y paciencia los adultos puedan “ponerse a tiro”, sino porque muchas veces la destreza de los más jóvenes para manejar software y hardware es sólo operativa, pero el criterio para organizar una búsqueda de información, por ejemplo, o chequear el rigor de las fuentes y elaborar esas informaciones para convertirlas en conocimiento sigue teniendo como referencia al humano adulto, que los debe orientar. Debe destacarse la honestidad intelectual con que la autora reconoce que hay puntos de esta temática en la que los especialistas no definen aún respuestas únicas y claras.

Pero por su brevedad y formato el libro tiene también algunas naturales carencias que, aunque no lo desmerezcan, deben ser tenidas en cuenta por el lector. Por ejemplo, si bien es cierto lo que apunta Morduchowicz en el sentido de que los adolescentes de ahora no leen menos que los de antes, sino que lo hacen de un modo diferente, no lineal sino en mosaico, a tono con las múltiples ventanas simultáneas que se pueden abrir en la computadora, no profundiza acerca del problema de si la pérdida de esta lectura lineal sea inocua o perjudicial. Hay textos muy valiosos escritos para ese modo de lectura (las novelas realistas, por ejemplo). Asimismo, debe anotarse que el libro no encara –por no ser su asunto– la mala alfabetización básica de muchos niños y adolescentes, que frustra las expectativas de éxito educativo de muchos programas de alfabetización digital.

En resumen, un libro necesario para padres, docentes y autoridades educativas, en especial si no tienen experiencia como docentes.

LOS CHICOS Y LAS PANTALLAS, de Roxana Morduchowicz. Fondo de Cultura Económica, 2014. Buenos Aires, 136 págs. Distribuye Gussi.

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