Cuento inglés

Sin sutilezas o alegorías ocultas

Sus personajes parecen rendidos al mundo de lo manifiesto, donde no hay nada más allá de lo que se puede observar.

V.S. Pritchett

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Hugo Fontanavie ago 1 2014 04:03

LA MUJER DE GUATEMALA, de V.S. Pritchett. La bestia equilátera, 2014. Buenos Aires, 283 págs. Distribuye Gussi.

NACIDO EN 1900 y fallecido en 1997, el inglés Victor Sawdon Pritchett, conocido como V.S. Pritchett, escribió un buen número de cuentos y algunas novelas, pero su mayor reconocimiento lo obtuvo por sus artículos, críticas y reseñas literarias que aparecieron durante décadas en publicaciones de su país como el New Statesman y también en medios estadounidenses de la jerarquía de The New Yorker y The New York Review of Books. Pocos años antes de morir reunió casi toda su obra en un par de muy gruesos volúmenes, sus Cuentos completos (1990) y sus Ensayos completos (1991), aunque también fue autor de crónicas de viajes y diversas biografías. La editorial argentina La bestia equilátera publicó en 2011, bajo el título de Amor ciego, seis de sus relatos; ahora, en el volumen La mujer de Guatemala, reúne otros nueve, en los que se mantienen las mismas características: una escritura elegante, casi caballeresca, personajes de una cierta levedad y evidente flema, y una constelación de relaciones afectivas donde la timidez, la indecisión y hasta a veces el miedo parecen ser los motores fundamentales que explican tanto sus existencias como sus consecuentes éxitos y fracasos.

No es Pritchett un autor que sostenga sus historias en sutiles y ocultas alegorías: protagonistas y anécdotas parecen estar exclusivamente rendidos al mundo de lo manifiesto, como si él nos estuviera diciendo en forma permanente que no hay nada más allá de lo que se puede observar, tanto a nivel emotivo como conductual. No en vano Raymond Carver solía citar una de las sentencias del inglés: "Un cuento es algo que se ve de reojo, mientras pasa". Y en ese mismo sentido, la crítica rioplatense saludó la publicación de Amor ciego, en particular el cuento que da nombre al libro y en el que un ciego y una mujer con una extendida mancha en el pecho, los dos abandonados por sus respectivos cónyuges, se involucran sentimentalmente hasta derrotar los complejos que parecían inmovilizarlos.

En este nuevo volumen destaca largamente "La mujer de Guatemala", un cuento brillante donde un periodista y conferencista inclinado hacia algunos temas políticamente correctos se enfrenta a una mujer que también reúne un sinnúmero de tópicos (es fornida, de piel oscura, su padre ha asesinado a su madre, ha hecho un largo viaje para felicitarlo por su defensa de los derechos de las mujeres indígenas y le lleva de regalo una caja de galletas escocesas… hechas en Guatemala), y comienza a seguirlo, ciudad tras ciudad, allí donde él tiene previsto ofrecer alguna de sus charlas. El asunto se complica tanto que en determinado momento ella se aloja en el mismo hotel que nuestro periodista y hasta se hace pasar por su esposa. El cierre de la anécdota, a contrapelo del sarcasmo que domina sus páginas, es de una conmovedora poesía, que de algún modo ratifica el sentido general de estos relatos: el afecto, aunque esquivo, imposible o ridículo, es el motor que impulsa a hombres y mujeres detrás de cada uno de sus sueños.

Transitan por estos cuentos, que nos recuerdan a la literatura de un William Trevor, del Julian Barnes de La mesa limón, un joven aspirante a escritor, una pareja constituida por un hombre de más de setenta años y una muchacha que apenas llega a los veinticinco, algunos veteranos solitarios en busca de una última oportunidad, una mujer que ha heredado una casa de su vieja tía y debe quemar todas las inútiles pertenencias, una mujer que recuerda una dulce e inocente aventura de su pubertad. Seres amables, a veces temerosos, siempre circunspectos, respetuosos del tiempo y del destino que les ha tocado vivir.

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