Un rolling stone y su dealer

Confidente y traidor

Se llama Tony el Español y, tras enojarse con su jefe, Keith Richards, contó lo que no debía.

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Keith Richards

EN las 504 páginas de su autobiografía Vida (2010), el rolling stone Keith Richards apenas nombra a Tony Sánchez, también conocido como "Tony el Español", en siete páginas, pese a que por varios años fuera su asistente personal, guardaespaldas, proveedor de sustancias prohibidas (dealer) e infidente de parte de su intimidad. Según Richards, Sánchez era el típico gángster que tenía una casa de juegos y un Jaguar Mark 10. "Tony el Español era un tipo duro… genial hasta que se descarriló" a causa de su adicción a las drogas duras. "Si la vas a vender, perfecto, es tu historia, pero no andes haciendo catas". Hay, por otro lado, un tema que molesta a Richards, y en el cual se pone firme. Niega la versión que dice que su mujer, Anita Pallenberg, fue violada en una cárcel de Jamaica cuando la arrestaron por posesión de drogas en 1973, y rechaza también que fue liberada gracias a un soborno que tuvo que pagar. Esos rumores, dice, fueron "propagados por Tony el Español y el negro que le escribió el libro sobre mí…". Ese "negro" se llama John Blake, y es el periodista, editor y escritor fantasma (ghost writer o negro en la jerga editorial) detrás del libro Up and down with the Rolling Stones (1979) de Tony Sánchez, que se publicó en español con el horrendo título Yo fui el camello de Keith Richards.

Sánchez resolvió contar su historia cuando se encontraba sin dinero luego de finalizar su relación con Richards. Se sentía traicionado por su jefe, quien le negó un adelanto de sueldo pese a saber que estaba en la ruina. Necesitaba con desesperación comprar droga. La idea de contar los rincones oscuros e íntimos del músico y de los otros miembros de la banda más grande del rock & roll, era tentadora. El periodista John Blake parecía el socio ideal para hacerlo. Con el tiempo Blake fundaría una editorial especializada en biografías escandalosas. En 2008 publicó On her Majesty's Service sobre Ronald Evans, guardaespaldas de Sir Salman Rushdie, y fue demandado por el escritor. Evans, Blake y la editorial, aceptaron realizar una declaración de falsedad de por lo menos once historias que difamaban a Rushdie, quien no siguió con otras acciones legales.

SWINGING LONDON.

La unión entre Sánchez y Blake podía albergar sospechas en cuanto a la veracidad del libro. Si las autobiografías suelen ser condescendientes, este tipo de publicaciones puede jugar en el otro extremo al mostrar miserias y caras ocultas de los biografiados sin apegarse demasiado a la verdad, apostando más al sensacionalismo que a la calidad. Sin embargo, salvo los desmentidos sobre Jamaica y algunas otras historias menores, Richards ha reconocido que Tony el Español estaba ahí cuando las cosas sucedieron, y que la mayoría de lo contado es cierto. "Esencialmente es honesto" reconoció a la prensa, con la salvedad de que tenía descripciones exageradas y ridículos diálogos donde no reconocía la voz de su amigo.

Atrapa la descripción de Londres de comienzo de los sesenta y lo que significó la aparición de los Rolling Stones, una especie de símbolo de la revolución social que se estaba gestando. Sánchez trabajaba en el London's Soho como portero en un centro nocturno. Luego fue croupier y tuvo su propio club. No era un dealer de drogas pero conocía a las personas indicadas para conseguirlas. Una noche se encontró con Brian Jones, primer líder de los Rolling Stones, cuando éste ya había empezado su viaje descendente a consecuencia del consumo desenfrenado. Sánchez podía conseguir la droga que quisiera en el submundo londinense. Jones fue la puerta de entrada al resto de la banda y enseguida se generó una clara empatía con Richards.

En esos primeros capítulos, de buen pulso narrativo, el guardaespaldas relata el crecimiento de los Stones, la decadencia de Jones, y su separación del resto al perder el liderazgo de la banda. En una de las primeras noches de LSD, pastillas y alcohol, el músico se puso furioso y le gritó a Tony "¡Voy a matarte Mick!", pero luego reaccionó y dijo "Lo siento mucho Tony ¿te llamas Tony, no?". Más adelante relata al detalle el famoso Festival de Altamont, concierto gratuito que los Stones junto a otras bandas dieron en 1969. Mientras Jagger quería superar al Festival de Woodstock, para su seguridad contrataron a la banda de motociclistas Ángeles del Infierno para custodiar el escenario, opción que les fue sugerida por el guitarrista Jerry García. Como se sabe el concierto finalizó con la muerte de un espectador, el afroamericano Meredith Hunter, mientras la banda interpretaba la canción "Under my thumb", y no "Sympathy for the devil" como se ha dicho.

HISTORIAS TRISTES.

En poco tiempo Sánchez pasó a ser la mano derecha de Richards. Era el hombre que resolvía los problemas de suministro pero que también tenía que encargarse de dar una paliza a alguien (aunque dice que no lo hizo), pagar sobornos o defender a su jefe cuando se metía en líos. La imagen que se ofrece de la pareja RichardsPallenberg es dura. Al músico lo muestra como mezquino, amarrete, solo interesado en salvar su pellejo, y que llegó a esconder droga en los juguetes de sus hijos. A su mujer como una yonqui consumada, que había perdido los hábitos de higiene, transformándose en una persona insoportable. En cierto punto del relato Sánchez pretende ocupar un rol protagónico: cuenta sus aventuras amorosas con la cantante Marianne Faithfull, novia de Jagger. Olvida que a los lectores les importa solo las cosas que Tony vio, no las que protagonizó. Esos defectos se vuelven más notorios en la segunda parte del relato, cuando el final se aproxima.

Pese a lo dicho, Yo fui el camello... resulta entretenido y logra ser un prolijo repaso de los diez años que Sánchez permaneció junto a los Stones. Es cierto que focaliza la historia en Richards y en menor medida en Jagger, mientras que los otros músicos del grupo son casi ignorados salvo en referencias laterales. También que da como verídicas algunas historias que son leyenda, como el cambio de sangre al que se sometió Richards en Suiza para eliminar los efectos de la heroína, que ha sido desmentido por el músico. Pero no se puede soslayar que este libro ha sido citado como referencia en trabajos posteriores sobre la banda. En el final Sánchez cuenta, con algo de efectismo, cómo fue la última vez que vio a su jefe, cuando se reunió con él para avisarle sobre el libro. Richards le mostró una pistola Smith & Wesson mientras reía, decía tonterías e intentaba convencerlo de que no lo publicara. El incidente terminó con una botella de Jack Daniels y la invitación, un día después, a la gira que los Rolling Stones estaban a punto de abordar. La invitación no fue aceptada por Tony.

YO FUI EL CAMELLO DE KEITH RICHARDS, de Tony Sánchez. Editorial Contra, 2013. Barcelona, 382 págs. Distribuye Gussi.

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