A 50 años del asesinato de JFK
Clave de una era
El 22 de noviembre próximo se cumplirán cincuenta años del más resonante magnicidio del siglo XX: el asesinato - aún no aclarado- del 35º presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy.
"JFK", como se lo nombra habitualmente, fue una figura de dimensiones múltiples, compleja, contradictoria, que dejó abundante legado en varios campos, además de ese crimen que encierra claves fundamentales del tiempo que hoy toca vivir.
Nacido en una poderosa familia, en Brookline, Massachusetts, el 29 de mayo de 1917, se graduó en Harvard, combatió en la Segunda Guerra Mundial, fue un intelectual con profundo interés en la Historia, vivió afectado por múltiples dolencias y, tras una carrera política meteórica, asumió como Presidente en 1961. Su imagen, arquetipo del "sueño americano", adquirió dimensión mítica y es lugar común señalar que toda persona recuerda qué hacía y dónde estaba cuando se enteró de la noticia de su asesinato.
Una familia singular.
No puede entenderse a JFK sin su familia, sustento de su poder político. Perteneció a la cuarta generación de emigrantes que llegaron en las más humildes condiciones, en 1828, desde la hambreada y sometida Irlanda, cuyos nativos no eran bien vistos en la emergente potencia que eran los Estados Unidos. Con el tiempo, la familia llegó a ser una de las más ricas e influyentes del país, incursionando en diversos negocios, siempre vinculada al Partido Demócrata. Su padre, Joseph Joe Patrick Kennedy (1888-1969), patriarca del clan, con estudios en leyes en Harvard, fue un poderoso empresario y político que aumentó la ya importante fortuna familiar con tenacidad e instinto. Era resistido por su carácter despótico y presuntas vinculaciones con la mafia, pero su carrera pública -fue titular de la poderosa Security and Exchange Comission- culminó como Embajador ante la Corte de Saint James.
Joe Kennedy, pintado con trazos siniestros, jamás desmentidos, en Plegarias atendidas de Truman Capote, fue la síntesis y el motor de las ambiciones de la familia. Quería que sus hijos llegaran a la presidencia de los EE.UU., y a ello aplicó todas sus energías, sus amplios contactos y su inmensa fortuna. Era el desquite histórico del nieto de un humilde inmigrante irlandés (que murió a los 33 años por la debilidad contraída en el viaje), que vivió en mansiones de decenas de habitaciones atendidas por ejércitos de criados, choferes e institutrices, y alternaba con una aristocracia norteamericana que lo miraba con disimulado desdén.
JFK cumplió los sueños de grandeza de su padre, aunque fue la viva antítesis de sus ideas y posturas. Vivió cuatro fenómenos históricos trascendentes que marcaron su vida: el avance del liberalismo en las costumbres de "los locos años veinte", la Gran Depresión de 1929, el liderazgo de Roosevelt (un aristócrata involucrado en las causas populares) y la Segunda Guerra Mundial, de la que salió como un héroe y lo hizo abominar de los conflictos armados. En lo personal, resultó lo opuesto de su padre, "capitalista salvaje", partidario de procedimientos mafiosos, anticomunista visceral y probablemente filonazi.
Por el contrario, su madre Rose Fitzgerald, hija de un empresario de raíces también irlandesas que fue congresista y alcalde de Boston, le aportó su firme serenidad, producto de su intensa fe católica. Entre ambos, sus ocho hermanos y su temprana afición a las lecturas históricas, se moldeó quien fuera recordado en su país como uno de los mejores presidentes.
El lema que Joseph enseñaba a su familia ("ante todo vencer; ser los primeros") se aplicaba a las relaciones entre los hermanos y hubo siempre una rivalidad entre el mayor, Joe Jr. (1915-1944), y Jack (sobrenombre de JFK), en la que este resultaba perdidoso. Joe Jr., de ideas similares a las de su padre, era el preferido por su gallardía e inteligencia, mientras que Jack era frágil y dedicado a sus lecturas. En 1928 se mudaron a una mansión en Hyannis Port, ubicada sobre un acantilado. La playa tenía un muelle donde los hermanos competían en natación y navegación a vela. Los negocios de Kennedy florecieron aún después de la llegada al poder de Herbert Hoover, cuyas desregulaciones financieras fomentaron la especulación y provocaron el Crack de 1929.
En 1933, durante un viaje a Europa, Joseph obtuvo los derechos de importar whisky y observó el fenómeno del nazismo, que fascinaba a las clases dominantes europeas. Entretanto, Joe Jr. y Jack cumplían sus estudios escolares. El primero brillaba en calificaciones y deportes, pero el segundo, a pesar de sus esfuerzos, lograba rendimientos mediocres. Jack culminó en 1935 sus estudios escolares. Viajó, como su hermano mayor, a Londres, fue a la London School of Economics y conoció intelectuales y economistas (se vivía aún la Gran Depresión, y el magisterio de John Maynard Keynes se imponía como solución global), pero contrajo ictericia y debió regresar. Se matriculó en Harvard, donde completó su formación en leyes.
Hacia la presidencia
En 1936, Franklin D. Roosevelt -padre del New Deal en EE.UU. derrotó la Gran Depresión- fue reelecto presidente, y Joseph Kennedy obtuvo el mayor cargo de la diplomacia norteamericana: la Embajada en Londres, donde llegó en febrero de 1938. Meses después se le unieron Joe Jr. y Jack. El panorama europeo estaba dominado por los debates relativos al avance militar alemán y la evolución del nazismo, modelo social temido por algunos pero admirado por otros.
En compañía de un amigo, Jack emprendió un viaje por Francia, Italia y España, donde quedó asombrado por la prescindencia norteamericana en la terrible Guerra Civil. En 1939, poco antes de la invasión de Hitler a Polonia, comienzo oficial de la Segunda Guerra Mundial, JFK y su amigo estuvieron en Rusia, Palestina y los Balcanes. Escribió largas cartas a su padre describiendo la situación, y sosteniendo que Inglaterra y EE.UU. debían armarse para una guerra con Alemania. Jack volvió en 1940 a Harvard y su tesis fue sobre "El apaciguamiento de Munich", la patética actitud del primer ministro inglés Neville Chamberlain ante Hitler con el que creyó haber llegado a una paz duradera. La tesis se convirtió en el libro ¿Por qué durmió Inglaterra? que fue best-seller. En ese año se graduó Cum Laude en Relaciones Internacionales.
En 1941, tras el ingreso de los EE.UU. a la Segunda Guerra, Joe Jr. ingresó a la Aviación Naval y Jack a la Marina. En 1943 fue puesto al frente de la Lancha Torpedera PT 109, con una tripulación de trece hombres, que fue destruida el 2 de agosto por un destructor japonés. JFK, con graves heridas, logró salvar al maquinista. Sobrevivieron once personas tras una odisea de cuatro días. Jack fue condecorado, pero enfermó de malaria y sus salud se agravó. Este episodio fue el segundo en la construcción del mito JFK: además de autor famoso era un héroe de guerra. El 12 de agosto de 1944, Joe Jr. murió al explotar su avión. Jack escribió un libro privado llamado Cómo recordamos a Joe.
Pensó en dedicarse al periodismo, pero la muerte de Joe lo impulsó a la política, donde ingresó en 1945. Con el apoyo de un clan en el cual actuaban el dinero y los contactos del padre, la astucia y tenacidad organizativa de su hiperactivo hermano Robert (Bobby, que fue el jefe de campaña), y el esfuerzo de la madre (aplicado a la novedosa modalidad de realizar "tés benéficos" en todo el país para que la gente se acercara al joven candidato), Jack realizó una carrera política fulgurante: fue electo Representante por Massachusetts entre 1947 y 1953, y senador en 1953. En 1952 había conocido a Jacqueline Lee Bouvier (1929-1994), hija de un rico corredor de bolsa, de gran belleza e inteligencia, dedicada al periodismo, con quien se casó en 1953. Eran, en apariencia, una pareja ideal. En 1954, siendo senador, Jack sufrió una nueva operación de la columna y estuvo varios meses internado.
En ese lapso escribió el libro Perfiles de coraje, en el cual abordó breves biografías de hombres valientes de EE.UU., que le valió en 1956 el Premio Pulitzer. A esa altura, JFK era un dirigente político prestigioso. El 2 de enero de 1960, con 42 años, anunció su candidatura a la presidencia. No había sido gobernador, ni ministro, ni líder partidario. Era católico, muy joven y demócrata independiente. Pero representaba el "sentido misional" de EE.UU. y lo proyectaba con magnetismo personal. Triunfó sobre Richard Nixon por apenas 120.000 votos en 69 millones el 8 de noviembre de 1960.
Paz y desarrollo
El 17 de enero de 1961, a tres días de abandonar la presidencia, el General Dwight Eisenhower, que había sido Jefe de Estado Mayor de su país y Comandante de las Fuerzas Aliadas en la Segunda Guerra, pronunció una advertencia en su histórico discurso de despedida: "el desarme sigue siendo un imperativo.(…) Como alguien que ha sido testigo del horror y la tristeza de la guerra, que sabe que otra guerra podría destruir totalmente esta civilización, desearía poder decir que hay una paz duradera a la vista(…) pero queda tanto por hacer". Kennedy, otro conocedor de la guerra, buscó el desarme en contactos directos con el líder ruso Nikita Kruschev.
Los "mil días" en la presidencia de JFK tuvieron gran intensidad. En plena Guerra Fría, heredó el conflicto de Bahía de Cochinos (el plan secreto, con el cual discrepaba, para invadir Cuba el 17 de abril de 1961, culminado en una derrota que humilló a EE.UU.); vivió la "crisis de los misiles" con la URSS que llevó al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial; enfrentó la recesión en 1961; se opuso al abuso de poder de la influyente industria del acero en 1962; impulsó la Alianza para el Progreso con América Latina y el movimiento por los Derechos Civiles; vivió la construcción del muro de Berlín, la competencia por la conquista del espacio y el inicio de la guerra de Vietnam. Su mayor deseo fue establecer una paz duradera con la URSS e impulsar un desarme que permitiera financiar el crecimiento económico y el empleo en ambos países.
La idea había seducido a Nikita Kruschev, que enfrentaba presiones internas similares a las de JFK, con quien intercambió desde 1961 una correspondencia secreta, ajena a las burocracias gubernamentales, e instaló el célebre "teléfono rojo". El mismo sentido de colaboración internacional tenía la Alianza para el Progreso, que -aún cuando pueda considerarse provocada por la Guerra Fría-aspiraba a un desarrollo económico y social más armónico de las tres Américas, e impulsó el pensamiento estructuralista en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y realidades institucionales como la CIDE, de profunda y prolongada influencia en Uruguay.
JFK y su esposa significaron una revolución en la Casa Blanca con proyección al resto del mundo por el tono descontracturado y glamoroso de la "pareja imperial", y por su programa político ("La Nueva Frontera") que prometía el fin de la Guerra Fría, la erradicación de la pobreza y la extensión de la democracia en el mundo. Al rígido protocolo tradicional llegaba un matrimonio juvenil, que solía jugar con sus hijos en público. Jacqueline modernizó la decoración de la residencia y se convirtió en una suerte de "árbitro de la elegancia" que dictaba modas y era frecuente tapa de revistas.
Organizó para su esposo numerosas cenas, veladas artísticas y un círculo de prominentes intelectuales, entre los que brillaban Arthur Schlesinger Jr., John Kenneth Galbraith, Gore Vidal, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Samuelson, Robert Solow y James Tobin. Tras esa superficie, la realidad era más compleja. El millonario, culto y en apariencia radiante presidente era un hombre de salud quebrantada (le habían administrado la extremaunción dos veces), que debía tomar decenas de medicamentos, baños y masajes varias veces al día, sin que esto aplacara una insaciable actividad amatoria extraconyugal. Sus aventuras habrían alcanzado desde estrellas de cine (Marilyn Monroe) hasta numerosas damas de la sociedad.
La gran diferencia entre JFK y sus antecesores radicaba en que éste llegaba al poder con un programa propio que iba a enfrentarlo a factores de poder: grandes conglomerados empresarios, militares, el FBI, (cuyo poderoso director J. Edgar Hoover lo detestaba) y en general los grupos conservadores. Kennedy se manifestó defensor acérrimo de la igualdad de derechos civiles y la integración; keynesiano y redistribucionista en economía; partidario de un acuerdo de paz para el desarrollo con la URSS, y contrario a la Guerra de Vietnam, de la que iba a retirar a EE.UU. en 1964 según declaró su ex Secretario de Defensa, Robert McNamara, en The Fog of War, documental de 2003.
Guerra, paz y desarrollo.
"La nueva frontera" anunció la intervención gubernamental para frenar la recesión, aumento de fondos para la educación, la atención médica y abolir la discriminación racial. Al asumir terminó con la política fiscal restrictiva, rebajó impuestos y fue el primer presidente en tener déficit presupuestal sin guerra ni recesión. La economía creció a un promedio de 5,5% entre 1961 y 1963, el desempleo bajó y la producción industrial aumentó 15%. En marzo de 1961 puso en marcha la Alianza para el Progreso con América Latina.
El objetivo de lograr el desarme y la paz con la URSS como paso previo para la colaboración económica tuvo que enfrentar grandes retos, como el fracaso de Bahía de Cochinos, y la crisis de los misiles en otoño de 1962, acaso la mayor de su mandato. El descubrimiento de estaciones y rampas de misiles soviéticos en Cuba -como los que EE.UU. tenía en Turquía- desató una ola belicista en los mandos militares norteamericanos que JFK enfrentó con gran temple, optando por un bloqueo de la isla. Siguieron días de tensión en los cuales el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear, prevaleciendo finalmente la exigencia del desmantelamiento de las bases a cambio de un pacto secreto para retirar, en unos meses, los misiles instalados en Turquía y el compromiso de no atacar la Cuba de Fidel Castro. Fue visto como un gran éxito de JFK y permitió un entendimiento tácito para sustituir la confrontación por una política de distensión.
En setiembre de 1961 -tras haberse encontrado con Kruschev en Viena en junio- JFK desafió a la URSS a una "carrera de la paz" ante la ONU. En abril de 1962 buscó tenazmente y logró la anulación del aumento del precio del acero, ganándose el odio del poderoso lobby. En mayo aumentó los estímulos económicos ante bajas en la Bolsa de Wall Street, y se comprometió a reducir los impuestos en 1963 para aumentar la expansión económica, lo que ocurrió tras su muerte. Envió tropas para cumplir la orden judicial de terminar con la segregación racial en Alabama en junio de 1963 enfrentando al gobernador racista George Wallace, quien impedía el ingreso de dos estudiantes negros en la Universidad. En julio anunció la firma del Tratado de Moscú (sobre el desarme), y en agosto se reunió con los organizadores de la "Marcha sobre Washington" para apoyar la ley de Derechos Civiles. En setiembre habló al país sobre el respeto de los Derechos Civiles, e inició una gira por Europa que abarcó Alemania, Irlanda, Francia, Inglaterra e Italia. En Berlín pronunció ante 450 mil personas un discurso de diez minutos en el que condenó el levantamiento del Muro y afirmó que "Todos los hombres libres, vivan donde vivan, son ciudadanos de Berlín, y por ello, como ciudadano libre, estoy orgulloso de decir `Ich bin ein Berliner` (yo soy un berlinés)", frase saludada por una inmensa ovación a ambos lados.
Pensaba que la bandera de la libertad era invencible, y que ella cimentaría el camino de la paz. En octubre, un mes antes de morir, firmó la ratificación del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, autorizó la venta de trigo norteamericano a la URSS, y preparaba su viaje a ese país. Se ganó la confianza de varios adversarios de EE.UU.: Kruschev, Charles de Gaulle -tenaz defensor de la independencia europea- y, en Uruguay, el Dr. Carlos Quijano, que en Marcha del 20 de enero de 1961 ("más antiimperialista que nunca") publicó una "Salutación a Kennedy", y siguió con esperanza su gestión.
Dice Schlesinger: "JFK fue un presidente feliz." Su humor brotaba naturalmente, era transgresor, iconoclasta, "en privado resultaba cien veces más divertido que en público y no vacilaba en burlarse de sí mismo". Se recuerda que en la Fiesta de los Premios Nobel, en una parte de su discurso señaló: "En esta sala nunca hubo tanta inteligencia reunida desde que Jefferson comía aquí, en soledad".
Asesinato y posteridad.
JFK fue asesinado durante una gira por la hostil ciudad de Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Se culpó a un hombre, Lee Harvey Oswald, que tras gritar que era un "chivo expiatorio" murió asesinado por un gángster local, Jack Ruby, que fallecería de cáncer meses después. Una Comisión presidida por el juez republicano Earl Warren declaró que Oswald había sido el único asesino, lo cual ha sido refutado en decenas de libros que culpan a una asociación de grandes intereses enfrentados a JFK, quien planeaba terminar la Guerra de Vietnam, fuente de suculentos negocios. En EE.UU., donde el impacto fue demoledor, se vacila entre la "versión oficial" y "la teoría de la conspiración". En la década del 70 el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos de la Cámara de Representantes desacreditó el informe de la Comisión Warren, aceptó la existencia de más de un francotirador, y la probable existencia de una conspiración.
Quien no dudó fue el Dr. Carlos Quijano, que el 26 de noviembre de 1963 publicó en Marcha un editorial donde escribió: "Kennedy fue la víctima de un gran complot, de una siniestra y sorda y extendida conjuración. (…) ¿Pudo el hecho ser la obra aislada de un criminal o de un insano? Y aunque lo fuera, ¿no se concatena con una dilatada, tenaz, tácita o expresa conspiración?". Agregó: "En el que acaso fue su último discurso, Kennedy invocó a Robert Frost: `Nada es cierto a no ser que un hombre u hombres lo apoyen, vivan por él, se desgasten por él, mueran por él`. Si, como debemos creerlo,(JFK) vivió, se desgastó y murió por la paz entre los hombres y la igualdad de los hombres, cuanto hizo, errores y limitaciones a un lado, nunca más cierto." El magnicidio inauguró una era siniestra: el 4 de abril de 1968 fue asesinado el activista por los Derechos Civiles Martin Luther King y el 6 de junio de 1968 el senador Robert Bobby Kennedy fue muerto en vísperas de ser consagrado candidato demócrata a la Casa Blanca. La trágica saga de los Kennedy ha dado lugar a numerosísimos libros y films, entre los que se destacan JFK (Oliver Stone, 1991), Trece días (Roger Donaldson, 2000) Bobby(Emilio Estévez, 2006), y Ethel (Rory Kennedy, 2009).
Se ha dicho muchas veces que el asesinato de JFK marcó el fin de "la edad de la inocencia". En aquellos años nadie podía imaginar que se asesinara a cielo abierto a un presidente de los Estados Unidos. Pero hubo otro quiebre más profundo. Valorando aquellos hombres -Eisenhower, los Kennedy, Luther King, De Gaulle, Adenauer, Juan XXIII, Mao Tsé-tung, Kruschev- el observador puede evocar las palabras que cierran Il Gattopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Y todo será distinto, pero peor. Fuimos leopardos, leones; los que nos sustituyan serán chacales, hienas, alimañas".
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