Cuentos de Ezequiel Martínez Estrada

Carácter cimarrón

La narrativa breve de un gran ensayista, en un solo tomo.

Ezequiel Martínez Estrada
Ezequiel Martínez Estrada
Christian Ferrer en el documental Ezequiel Martínez Estrada, profeta desdichado (2010, dir. Marcelo May) disponible en Youtube
Christian Ferrer en el documental Ezequiel Martínez Estrada, profeta desdichado (2010, dir. Marcelo May) disponible en Youtube

NACIDO EN un pueblo de la provincia de Santa Fe en 1895, y fallecido en Bahía Blanca en 1964, Ezequiel Martínez Estrada cruzó la vida intelectual argentina con dos ensayos memorables, Radiografía de la pampa y La cabeza de Goliat, que opacaron los méritos de su obra poética, el teatro y los cuentos recuperados por Ricardo Piglia en Cuentos completos, volumen que integra su Serie del Recienvenido, colección que dirige para el Fondo de Cultura Económica. Afirma Piglia que después de conseguir una posición indiscutible como ensayista, las ficciones de Martínez Estrada han sido consideradas ejercicios menores y circunstanciales de un pensador reconocido, y acaso eso explique su ubicación lateral en la narrativa, pese a ser extraordinarios. Cabe agregar que las ideas y las posiciones críticas de Martínez Estrada también fueron laterales a las consagraciones argentinas. "El misterio de su obra… —ha dicho su biógrafo Christian Ferrer— Nadie la desconoce, es intensa, sólida, ineludible en la historia de las ideas argentinas, y sin embargo poco recuperada. Ha sido leída, mucho, pero también eludida. No se sabe qué hacer con ella... Era un autor atípico, no asentable en una tradición literaria nítida o definitiva, quizá también porque nunca fue orgánico de grupos o partidos políticos. En un país tan politizado, donde siempre hay que estar tomando posición, como si fuera una obligación del hombre de letras, es inevitable que alguien que se desmarcaba terminara en tierra de nadie, y a veces bajo un cono de sospecha". El carácter cimarrón de estos cuentos acompañó su destino.

ALUSIONES PERONISTAS

La reedición sigue los criterios de la publicación realizada por Roberto Yahni en 1975, y recoge los relatos de cuatro volúmenes: Tres cuentos sin amor, Editorial Goyenarte, Buenos Aires, 1956; Marta Riquelme, Editorial Nova, Buenos Aires, 1956; Sábado de Gloria, de la misma editorial, el mismo año; y La tos y otros entretenimientos, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1957. Son textos escritos durante los años cuarenta, cuando publicaba en la revista Sur de Victoria Ocampo, y varios aluden, sin énfasis, a la burocracia del partido peronista que gobernaba en esos años. No se trata sin embargo de cuentos políticos. Martínez Estrada ha leído a Kafka y a Nietzsche, y sus relatos, que nunca concluyen con los rigores del cuento clásico, abordan escenarios rurales, urbanos y populares, con desesperanza, mordacidad, sarcasmo, y un aliento que bordea lo fantástico.

En la primera sección abundan los cuentos más relevantes. La inundación en un pueblo de provincia obliga a los vecinos a refugiarse en la iglesia y a compartir sus miserias en un extenuante hacinamiento social. "La inundación" comparte con "Juan Florio, padre e hijo, minervistas", ambientado en un inquilinato porteño durante el gobierno de Bartolomé Mitre, la minuciosa descripción de la rusticidad de la vida, sin decoros ni pretensiones morales, los obligados delirios de la pobreza. Tiene Martínez Estrada recursos muy eficaces para dilatar los tiempos y abigarrar el poder de las secuencias ominosas con la agudeza y el detalle de las pinturas de Brueghel.

"Sábado de Gloria" y "La cosecha" colocan al individuo frente a los poderes del Estado. El primero cuenta las alternativas del empleado de un ministerio que a punto de salir de vacaciones con su familia es sorprendido por un cambio de gobierno militar, y todas sus prerrogativas y obligaciones se ven de pronto, alteradas. Los laberintos burocráticos lo exponen a inesperados testigos de su pasado personal, a los reclamos de sus jefes, de su mujer, hasta extraviarlo en una alucinada paranoia. Un encierro similar padece el chacarero que por una serie de fatalidades no logra cosechar el trigo y enfrentado a sus peones no hace más que hundirse en el pantano de trámites policiales. Un paso más allá irrumpe la fantástica administración de un hospital público en el que un ingenuo acaba por convertirse en conejillo de indias de un estudiante incompetente, que debe rendir su examen de cirugía frente a un tribunal médico. Acá reina el absurdo con un sarcasmo que transita por el grotesco y la sátira con excelentes recursos ("Examen sin conciencia"). Y la mayor audacia de Martínez Estrada a la hora de narrar, su más extraño e inolvidable cuento es el relato de las horas de una viuda y sus tres hijos, apenas se entera de que su marido ha muerto en un pueblo al que partió a realizar una diligencia. Viven en una chacra asediada por la seca, los animales mueren de sed y debe reorganizar la vida sin nadie que la socorra. Cada paso que da es un temblor en el abismo de una realidad que la supera. Cae la noche mientras se acerca a la casa de un vecino y de pronto queda inmersa, a ciegas, entre el ganado. Faulkner, Saer, quizá, en algunos pasajes, han logrado fundir a la sensible materia del mundo la desesperación por su sentido que experimenta la viuda entre esas vacas. Al día siguiente los animales siguen muriendo, va al pueblo, es carnaval, y una mascarita montada a caballo las intercepta, a la viuda y a una de las hijas, en el camino de regreso. Y la máscara quiere abusar. Otra vez, hay que recurrir al gótico sur de los Estados Unidos para hallar la compleja trama de fiereza y de piedad que expresa esta secuencia. Por su concepción y ardor estético, "Viudez" es un cuento extraordinario a la narrativa rioplatense.

El resto de los relatos, más de una docena, rozan situaciones menores, de escasa hondura. Son ejercicios y entretenimientos, dispersiones sin mayor compromiso. Destaca "En tránsito", la historia de otra mujer con sus hijos, anclada en una provinciana estación de ferrocarril de la que debería partir a iniciar una vida en Mendoza, y se debate, sordamente, entre la soledad y su modesta utopía.

PRIMEROS Y ÚLTIMOS

Los cuentos completos de Martínez Estrada son 21, pero el tomo vale por los primeros de la serie. Es curioso que la diferencia sea tan gruesa. Algo debió ocurrirle para que abandonara las ambiciones iniciales. Un relato titulado "No me olvides", del último libro, da voz a un escritor que después de haber conocido un amplio reconocimiento se resiente de haber caído en el olvido. Quizá adelantó en ese texto una angustia personal. "Comprendí que ser escritor es no ser nada y que la lucha por la vida, sin piedad ni tregua, se realiza en planos asentados sobre la tierra, con fuerzas propias de la especie y no del individuo. Recapacité, desandando mi vida, y la contemplé como un error prolongado cincuenta años por un azar desfavorable". Es una amarga conclusión y en este artículo, apenas una conjetura.

CUENTOS COMPLETOS, de Ezequiel Martínez Estrada. Fondo de Cultura Económica, 2015. Buenos Aires, 527 págs. Distribuye Gussi.

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