Curioso William ospina

El calor que nunca llegó

Libro mezcla de ensayo y novela sobre un verano de 1816 que faltó, y que provocó turbulencias climáticas y literarias inolvidables

El eterno femenino de una imaginativa pintora
William Ospina

Es un dato real: hace doscientos años, el verano no llegó en buena parte del planeta, haciendo de 1816 un año crítico, signado por inundaciones en China, epidemias de cólera en India, frío glacial en Nueva Inglaterra, etc. El escritor colombiano William Ospina (n.1954) parte de esa información para elaborar un curioso libro, mezcla de ensayo y novela. Comienza explicando ese desarreglo climático en relación a la erupción del volcán Tambora en Indonesia, y esa es solo la primera de las relaciones que El año del verano que nunca llegó establece. Porque la importancia de ese invierno a deshora –para Ospina y para los amantes de la literatura- tiene que ver con que fue en algunos de esos días oscuros que los poetas Percival Shelley y Lord Byron, Mary Wollstonecraft (más conocida como Mary Shelley), su hermana Clara y el médico John William Polidori, entre otros, se reunieron en un lugar paradisíaco de Suiza llamado Villa Diodati. Eran jóvenes e impetuosos y entre ellos se tejieron amores cruzados, pero para la posteridad ese encuentro fue sobre todo una competencia literaria para escribir historias de horror. Allí se engendraron dos títulos memorables: Frankenstein (1818) de Mary Shelley, y El Vampiro (1919) de Polidori.

Lentamente, con un lenguaje atractivo, enamorado de sus personajes y tomando partido por alguno de ellos, Ospina va desenredando la madeja emocional y biográfica que los reunió, contándolo en primera persona y a la manera de una crónica. Él es el escritor que viaja por los lugares que ellos habitaron, a la vez que asiste a sus propios trabajos y congresos de literatura y en cada lugar que pisa parece encontrar una coincidencia o cifra de su búsqueda.

Curiosamente el relato conecta hasta con la Guerra de las Malvinas, con la familia Kirchner y con los inicios embrionarios del software. Poco se habla de los productos literarios y mucho de las vidas tormentosas de esos escritores y de las tempranas y trágicas muertes de Shelley, Byron y Polidori. En ese sentido el libro de Ospina está más cerca de los trabajos ágiles y anecdóticos de un Vila-Matas que de los análisis más sesudos de un Julian Barnes o un Claudio Magris. Igual que muchos personajes de Vila-Matas, el narrador de El año del verano que nunca llegó vive en una galaxia literaria, es decir, traduce todo a literatura, respira el “mal” de las letras. El resultado es seductor casi siempre, aun cuando riza el rizo de las conexiones demasiadas veces. Deja la sensación de que el laberinto literario es infinito y está regido por un efecto mariposa y una cadena de causalidades tan singulares como la que lleva de la erupción de un volcán a la ausencia de un verano.

EL AÑO DEL VERANO QUE NUNCA LLEGÓ, de William Ospina. Literatura Random House, 2015. Buenos Aires, 295 págs. Distribuye Penguin Random House.

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