Rescate de Herbert C. Lewis

Caballero en el mar

La Nouvelle es de 1937 y la escribió un periodista y guionista llamado Herbert Clyde Lewis

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Carlos María Domínguez

LA NOUVELLE es de 1937 y la escribió un periodista y guionista de cine llamado Herbert Clyde Lewis (1909-1950), nacido en Nueva York, muerto de un ataque al corazón a los 40 años. El caballero que cayó al mar fue incluida por el gobierno norteamericano en la literatura que enviaba a sus soldados durante la segunda guerra, pero nada puede deducirse del hecho, salvo el buen gusto de la elección. Como Lewis murió joven, con tres novelas publicadas (aún sin traducir), esta pieza literaria se perdió en el mar de las ediciones y fue recuperada en Buenos Aires por la editorial La Bestia Equilátera. Lleva dos ediciones y merece tener más.

Cuenta la historia de un agente de Bolsa de Nueva York, casado y con dos hijos, que emprende un viaje a Honolulu con la idea de que su vida tiene poco sentido y necesita un impasse, conocer otras experiencias y regresar a su familia y a su trabajo con una nueva actitud. Henry Preston no es un hombre de acción ni mucho menos; es un caballero de hábitos regulares, sin mucho carácter y lo bastante lúcido para comprender que sus limitaciones rozan la mediocridad, pero siente una real curiosidad por las cosas que le han sido negadas.

Una conversación oída al pasar lo decide a regresar en un carguero que lleva pasajeros a Panamá, alterna muy amablemente con los otros viajeros y durante un amanecer, llevado por la atracción de ver subir el sol, resbala en una mancha de grasa de la cubierta y cae al mar. Es un mar calmo de corrientes templadas, sin tiburones, y Henry Preston sabe nadar, de modo que el imprevisto lo conduce por una serena desesperación bajo el cálculo de que apenas noten su ausencia en el barco, emprenderán el regreso y lo rescatarán. Su vida tiene un orden, ha cumplido con lo que su familia esperaba de él, y espera ser recompensado.

Desde la primera página Lewis hace avanzar el relato con un tono de distanciada ironía, en la que no falta el humor negro ni el respeto por el ridículo, acaso porque el ridículo también puede derivar en situaciones graves. Es preciso en los detalles y las intenciones, y en la suma de pequeños hechos fortuitos que dan forma a la fatalidad. El mar, dijo W. H. Auden, "es ese estado de vaguedad y desorden bárbaros del cual emergió la civilización y en el cual, a menos que haya una salvación merced a los esfuerzos de los dioses y los hombres, siempre existe la posibilidad de volver a hundirse". Con espíritu afín, y a medida que se prolongan las horas del náufrago en el agua, Lewis desarrolla tres intrigas simultáneas: el destino de Henry Preston en el océano, por momentos entretenido en imaginar el relato que hará a la familia, seguramente también a la prensa, cuando sea salvado; el pasado de su vida en Nueva York, que aflora poco a poco, a medida que Preston cruza por distintas etapas de necesidad y ponderación de sus posibilidades de sobrevivir; y el lento descubrimiento, entre los tripulantes y viajeros, de que falta un pasajero en el barco.

Cuando promedia la novela el lector sabe que está delante de un juguete literario, construido no para imitar la realidad, sino para hacerla rodar en una segunda naturaleza, precisa, sin duda artificiosa, y plena de sentido. Su destreza mayor: no apartarse de lo verosímil y concentrar la historia en cada uno de los detalles. No es frecuente, pero algunos libros tienen la virtud de seducir por el encanto de su autonomía y de su limitación, y de recordar que el arte se sirve de la vida como el titiritero de un muñeco de madera para hacer hablar a María Estuardo. Es interesante que comparezca María Estuardo, y mucho más que sea de madera. Es esta singularidad literaria la que jerarquiza la breve novela de Herbert C. Lewis, y su capacidad de cruzar de lo ridículo a lo tremendo con la precisión de un relojero. Lo hace con un ritmo sostenido y prodigioso.

EL CABALLERO QUE CAYÓ AL MAR, de H. C. Lewis. La Bestia Equilátera, 2012. Buenos Aires, 155 págs.



EL HOMBRE SIN SUERTE

HERBERT CLYDE Lewis nació el 15 de agosto de 1909 en el barrio de Brooklyn, Nueva York, en una familia de inmigrantes rusos. A los 21 años viajó a China y trabajó como reportero para el Shanghai Evening Post y durante 1931 y 1932 para China Press. De regreso a Nueva York se casó con Gita Jacobson, con la que tuvo dos hijos, y pasó a desempeñarse en el New York Journal, pero poco después renunció con la idea de dedicarse por entero a escribir novelas y cuentos, sin otra fortuna que vender varios relatos a la revista Esquire y terminar su novela El hombre que cayó al mar, publicada en 1937 por Viking Press.

La escasa repercusión de la novela lo llevó a postergar sus sueños literarios y probar suerte como guionista en Hollywood. Escribió los guiones de Fisherman`s Wharf (Muelle de pescadores, 1939, dir. Bernard Vorhaus) y Escape to Paradise (Paraíso inesperado, 1939, dir. Erle C Kenton) para la Metro-Goldwyn-Mayer, regresó a Nueva York para probar suerte en el mundo de la publicidad, y al cabo de trabajar para la agencia J. Walter Thompson se incorporó al equipo periodístico del New York Herald Tribune, de donde emigró en 1942 otra vez a Hollywood, luego de que la 20th Century Fox comprara los derechos cinematográficos de su historia "Two-Faced Quilligan" (Don Juan Quilligan, 1945, dir. Frank Tuttle). Otros films basados en sus guiones fueron Lady Luck (Suerte de mujer, 1946, dir. Edwin Marin) y Free for All (La fórmula del amor, 1949, dir. Charles Barton), pero su mayor éxito lo consiguió con la historia de "The Fifth Avenue Story", que Frank Capra vendió a Roy del Ruth y se estrenó en 1947 como It Happened on Fifth Avenue (Sucedió en la 5a. Avenida) La película compitió en los premios de la Academia a la mejor historia, pero perdió el galardón frente a Valentine Davies por Miracle on 34th Street (De ilusión también se vive, dir. George Seaton). En 1948 Lewis sufrió una crisis nerviosa que lo apartó de Hollywood y dos años después, el 17 de octubre de 1950, murió de un ataque al corazón mientras se desempeñaba como colaborador de la revista Time.

Su historia fue la de un hombre sin suerte. Puede que las perpetuas vacilaciones a la hora de buscar los medios para ganarse la vida le hayan restado brillo a su indiscutible talento. Además de su primera novela, El caballero que cayó al mar -difundida actualmente en varios idiomas a partir de su rescate en Buenos Aires-, publicó Spring Offensive, un alegato anti bélico sobre los padecimientos de un soldado norteamericano atrapado en medio de la ofensiva alemana sobre la línea Maginot, y Season`s Greetings, historia que se introduce en la soledad de los habitantes de una pensión del Greenwich Village durante una noche de Navidad. Silver Dark, la historia de amor entre dos personajes con deformaciones físicas, fue publicada por Pyramid Books nueve años después de la muerte del autor.

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