los mitos sobre cervantes

Contra bronces y mármoles

Se gastaron cientos de miles de euros para seguir fortaleciendo el mito en torno a Cervantes, pero poco se hace para acercar al hombre y a su época, afirma Lucía Megías.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Placa en el Convento de las Trinitarias

DE FORMA curiosa esta primera parte de la biografía dedicada al joven Cervantes cierra con una noticia sobre su muerte. El tema es la polémica en torno a la búsqueda y el supuesto hallazgo del lugar donde yacen los huesos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias, en el corazón del Barrio de las Letras, Madrid.El lugar de enterramiento fue comunicado de forma oficial en marzo de 2015, aunque se cuestiona el dictamen.

"Me interesa acabar con esta historia" escribe en el epílogo Lucía Megías, "para mostrar la necesidad que tenemos todavía de rescatar al hombre que fue Miguel de Cervantes frente a la montaña de sombras que supone el mito Miguel de Cervantes".

Si el primero "está lleno de matices, de lugares oscuros, de una supervivencia que lo convierte en un luchador, el mito se ha llenado de bronces, de mármoles, de lugares comunes y de falsedades que se repiten como puños. En estos meses de circo mediático, de largos artículos en la prensa y de debates encendidos en los medios de comunicación, los 'cervantistas' de un día han aflorado como las setas en otoño. Hablar ex cátedra desde el mito es muy fácil. Solo hay que saber ensamblar algunos tópicos y hacerlo con la seguridad de saber que al día siguiente tendrás los micrófonos, los platós de televisión y los titulares de prensa a tu disposición. Pero hablar desde el hombre, desde el conocimiento, desde el acercamiento a una época que aún hoy sigue admirando a propios y extraños, como son los Siglos de Oro, eso es otro cantar, el específico de la ciencia, que es necesario reivindicar. Lo único que tiene sentido".

Se han gastado "más de 200.000 euros" en la búsqueda de los huesos. "¿Y con qué finalidad se ha realizado esta enorme inversión? ¿Para poner una nueva placa en el interior de la iglesia en sustitución de una imagen de San Antonio de Padua, donde al poder municipal (alcaldesa de Madrid) y académico (director de la RAE) se le añadieron el militar y el religioso, para conmemorar a Cervantes con unos versos de Persiles y Sigismunda? ¿Para seguir alimentando un mito que es ya universal, que mira por encima del hombro estas y otras iniciativas realizadas al margen de cualquier conocimiento, viviendo de las rentas de las lecturas mal recordadas en el colegio con el que muchos de los políticos se creen con la autoridad de lo que no saben (que es casi todo)?" El ser humano Cervantes, "el que se construyó, palmo a palmo, día a día, en una de las épocas más fascinantes de nuestra historia" no está en estos homenajes.

La biografía de Lucía Megías finaliza justo cuando Cervantes vuelve a Madrid para quedarse, para construirse como persona, tener familia, crecer como escritor y como funcionario. En términos vitales, Madrid es la ciudad de Cervantes. En este sentido, "¿qué mejor homenaje que rescatar no tanto el lugar exacto donde fueron enterrados sus huesos después de haber sido trasladados en el siglo XVII, como los lugares exactos donde vivió, donde construyó su vida, donde escribió y vio la cara de los primeros lectores de sus obras, esas que se imprimieron en las prensas de Madrid?"

Madrid es "la única de las ciudades que no tiene casa, no tiene espacio donde se lo recuerde". Hay casas en Alcalá, Valladolid, una cueva en Argel, pero "Madrid dejó morir su recuerdo, su cordón umbilical con Miguel de Cervantes cuando a principios del siglo XIX no hizo nada para preservar la casa que lo vio morir. Corría el año 1833 cuando Mesonero Romanos publica un artículo en la Revista Española, justo el día 23 de abril, denunciando las prisas con que se estaba derribando una casa en el centro de Madrid, concretamente la casa número 20 de la manzana 228 (de la calle León) que hace esquina y vuelve a la de Francos. Y estando allí Romanos pensativo, se le acerca Roberto Welford, joven inglés de ilustre nacimiento que le pregunta si aquella casa es la suya. No, no es mía, (...) en esa casa que desaparece ante nuestra vista vivió y murió pobremente Miguel de Cervantes Saavedra. —¡La casa de Cervantes! ¡Es posible!— exclamó con resolución. —¿Y quién se atreve a profanar la morada del escritor alegre, del regocijo de las musas?— El interés, míster, el interés sin duda".

La especulación inmobiliaria acabó con esa casa en abril de 1833. El rey Fernando VII intentó detenerla, pero su propietario Luis Franco se salió con la suya.

Para Lucía Megías, el autor del Quijote "se construyó desde el infortunio y la ambición. Yo sé quien soy... pero sobre todo yo sé quien quiero ser" dirá el escritor. Por esa razón, el Cervantes "de carne y hueso merece nuestra atención y nuestro respeto".

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