PASOLINI, POETA DE COSAS

"Ningún artista es libre"

La misma pregunta, reiterada: ¿cuál es el lugar del arte actual en una sociedad que se volvió única, casi sin alternativas?

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Pier Paolo Pasolini

PASOLINI no renuncia a la poesía: "Como poeta seré poeta de cosas". Pero recalca: "No haré esto con alegría/ Siempre anhelaré aquella poesía/ que es acción en sí misma, en su desapego de las cosas/, en su música que no expresa nada/ más que su propia árida y sublime pasión por sí misma". "Poeta de cosas" parece ser una mediación entre la poesía que se dice a sí misma —la sin cosas— y su afirmación de lo real, eso que se vuelve símil de una larga cadena semántica: vida-antiburguesía-asco-miseria-droga-suicidio-compromiso hoy más que nunca —y lo dice en 1966-67. Para Pasolini, un heredero de Baudelaire, lo real es antipoético mientras que la vida, donde lo real transcurre sin mostrarse como tal, es la inclusión completa, el todo sí. La poesía es restricción y lo real desborde, aparecer contundente y acabador. Para Pasolini la acción real es una interferencia, una especie de acontecimiento que marca. Por eso el desdoblamiento es necesario: ser poeta pero suplantarse en activista, más: en actor de la acción, en actuacionista. Eso permite identificar al enemigo: el mundo burgués. La poesía en su restricción no tiene enemigos o no los reconoce —o sí, pero no a los que la poesía no les interesa como enemiga. Esa poesía de "alma bella" para citar un concepto hegeliano, prefiere desentenderse de lo que la rodea. Todavía en América Latina y en México el poeta como ser aparte navega con buena bandera. Y esto es insólito, porque México tiene una historia de desgarramientos que muy pocos países latinoamericanos tienen. O quizás por eso mismo. Pasolini se opone violentamente a esta concepción de la vida que señala la poesía como apartamiento. Algo queda muy claro en él: la toma de partido por la poesía considerada como un modo de decirse a sí misma comprende una posición frente a la vida. Y eso, en la división vital que hace Pasolini, es insostenible. Por eso su giro activo. Y la vida no burguesa que sería la vida natural es un transcurso de una cierta armonía manchada por lo que él llama mundo burgués. Contra ese mundo la belleza de la vida. Y como belleza de la vida se remite siempre a la naturaleza y al paisaje y a lo humano bello (montes, ríos, colinas, montañas, árboles, cuerpos jóvenes) y a los detalles minúsculos y coloridos, con una minuciosidad de poeta norteamericano que cree, como en el fondo cree Pasolini, que palabra y cosa son lo mismo, y que tienen, por lo tanto, correspondencia en la acción sobre el mundo. La belleza de la vida se opone al mundo burgués donde "ningún artista, en ningún país, es libre".

DISPARANDO A LOS RELOJES.

"Vuelve el compromiso", anuncia Pasolini en el 66-67, "y ahora más que nunca". El concepto de acción en Pasolini trae a colación lo que Badiou llama "pasión de lo real" que tiene dos características, además de varias causales: A) la destructiva. B) la sustractiva. Los factores son varios: la revolución industrial y el arrasador despunte de la técnica, como si el escenario del mundo se volviera hiperrealista, chirriante, ensordecedor y enceguecedor, y el individuo terminara allá abajo, huyendo de los espectros, los simulacros y las mercancías. No hay imagen más conmovedora y completa de una acción política que la que cita Benjamin de los comuneros de París de 1871 disparando a los relojes para parar el tiempo. Le llegó la hora al tiempo, parece que pensaban los comuneros. Es que si no se para con lo anterior, ¿cómo inventar algo que sea radicalmente diferente? Ahí en las calles de París y no en Les fleurs du mal, nacía lo verdaderamente nuevo —eso lo podía haber dicho Pasolini. Salvo que Pasolini no era un apasionado de lo nuevo sino de lo bello. Lo más parecido a una correspondencia en arte a ese acto comunero —cosa que dudo que exista— es para mí una especie de arte-facto —o sea, un arte del hecho, un arte de acción: Rueda de bicicleta sobre taburete, el ready-made de Marcel Duchamp. "El arte —dice Duchamp— está sobrevalorado." La pasión de lo real —cuyo origen histórico es el pensamiento no traducido en acción en el siglo XIX, como si el pensamiento fuera un vaciamiento de materia— es el motor del siglo XX en cuanto desenmascaramiento. Para Badiou el distanciamiento brechtiano es el dispositivo fundamental del arte del siglo XX porque señala la brecha entre la actuación —toda actuación— y lo real. Y es por eso que el arte del siglo XX es reflexivo: porque necesitó pensar las máscaras, las distancias, las mentiras, las ideologías —y evidenciarlos como tales. El problema de hoy es cuál usar de las dos, la negativa o la sustractiva, en un dictamen que ya se definió por la violencia en todos los ámbitos bajo la lógica de dominio del Capital y la guerra. Para algunos, la poesía como lenguaje de sí mismo que sólo se dice a sí mismo es, como lugar de apartamiento ensimismado que termina en una mística, lo no violento, lo no consumible —Pasolini lo cree—. Pero el problema de ese concepto de apartamiento de la poesía no es la poesía sino el apartamiento.

ARTE ACTUAL Y CAPITAL.

Las vanguardias artísticas fueron heroicas al hacer coincidir —por un momento— la autonomía del arte y la reflexión del arte sobre el arte. Pero esa tensión sólo puede resolverse teóricamente en la disolución del arte en la praxis social —para citar a Peter Bürger. Pero esa disolución es una destrucción del arte en aras de la transformación de la realidad. ¿Y si la transformación de la sociedad no se da, como ocurrió? Entonces nos quedamos con un gran repertorio de formas, con un arte que se obliga a pensarse todo el tiempo y con una sociedad que no sólo no se transformó sino que se volvió única, con alternativas muy relativas. Pasamos del amor a lo nuevo a la infidelidad con la conservación. Y en el mismo seno de lo que se llamaba izquierda o revolución o puesta en crisis. Yo no sé cuál es el lugar que tiene el arte actual para el capital. El lugar del no-lugar es ya casi una coincidencia antropológica. ¿Quién tiene lugar en el capitalismo actual? "Ningún artista, en ningún país, es libre", reitera Pasolini. Vale para hoy. Las vanguardias habían elegido un arte activo intersocial, participativo —aunque con contradicciones verdaderamente insalvables como el desprecio por el receptor, o la imposición de una noción de lo real, de la verdad de lo real, en vez de abrir brechas para descubrirlo— que iba a terminar teóricamente con la disolución del arte en la praxis social. No terminó. En el distanciamiento había una didáctica: se le informaba al receptor el lugar de la obra y su lugar ante la obra. La cuestión de la identidad es truncada ante la obra desenmascarada. Para Brecht es el efecto de la acción ese desenmascaramiento. Si uno ve la poesía —ese apartamiento, ese decirse a sí mismo— como enmascaramiento, la acción es lo contrario. La acción también representa a lo real para que pueda aparecer. Y la acción es también una actuación o mejor una actación. Para Pasolini la poesía no actúa porque está en sí misma. Y ese es su poder. Pero los poetas que hoy —no en 1966— creen que la poesía es redentora o liberadora porque está salida —"El lugar del poeta es el afuera" como dice Blanchot en referencia a Hölderlin pero lo decía cuando había afuera, eso que Rimbaud vio en su propia vida como posibilidad y decisión— de algún modo hacen el trabajo que necesita el capital: no necesitan ser excluidos y mucho menos eliminados —le ahorran trabajo al capital— porque en apariencia no quieren ser incluidos. Esto una y otra vez demuestra que no es cierto. Los poetas están adentro como cualquier otro hijo de vecino. Los afueras están bloqueados. Todo está abierto. Todo está cerrado. Por eso la mediación de Pasolini es honesta: "como poeta seré un poeta de cosas" es una escisión, un estar no sólo sonándose al oído mismo sino haciendo ruido afuera, descolocando cosas, desplazando las localizaciones y el consumo de lo mismo, una diferencia asumida entre poesía y acción pero en el mismo cuerpo.

(Pier Paolo Pasolini fue cineasta, narrador, dramaturgo y poeta italiano nacido en Bolonia, Italia, en 1922, y asesinado en Ostia, Italia, en 1975, en circunstancias nunca aclaradas. Es autor de una extensa y celebrada obra que no caduca).

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