Con el paleontólogo Daniel Perea

Por antiguos caminos

En una camioneta, volviendo de Tacuarembó por Ruta 5 hacia Montevideo, viajaba junto al paleontólogo Daniel Perea, profesor grado 4 de la Facultad de Ciencias, y dos jóvenes estudiantes, miembros de su equipo. Los paleontólogos regresaban de acondicionar las huellas de dinosaurio descubiertas a un lado de la Ruta 26, cerca de la localidad de Cuchilla del Ombú.

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Daniel Veloso

El importante hallazgo, consiste en dos series de pisadas hechas por dos saurópodos. Estos grandes dinosaurios de cabezas pequeñas, cuellos y colas largas, formaban parte de la singular fauna que poblaban un inmenso desierto en lo que era, hace 150 millones de años, el súper continente de Gondwana, del que Sudamérica formaba parte. Los fósiles de dicha fauna se encuentran en las areniscas de la Formación Tacuarembó.

Daniel Perea, nacido en 1959, es parte de la mayor generación de paleontólogos profesionales de Uruguay, que une a los primeros académicos y a los viejos aficionados recolectores de fósiles, pioneros de la paleontología uruguaya, con las nuevas generaciones de estudiantes y paleontólogos que se están formando en Facultad de Ciencias.

Mientras Perea conducía surgió la pregunta de cómo se inició su vocación. "De niño era bichero", dice sonriendo. "Me crié en el barrio Malvín pegado a Buceo, cerca de la calle Comercio, y en esa época había campitos por todos lados". Con sus amigos juntaban "hormigas, bichos peludos, cascarudos, sapos y ranas; ahí nació mi vocación por la zoología".

Luego, al entrar al liceo, quedó encantado con la materia Historia Natural, que incluía Zoología. "Siempre me destaqué en esa disciplina y desde entonces sabía que en el futuro iba a hacer algo vinculado a ella". Ya en la universidad, en 1977, escogió la Licenciatura de Biología. Ni bien ingresó le gustó la carrera pero también vio "que había muchas dificultades y problemas de presupuesto, como siempre hubo, y sobre todo en la Facultad durante la dictadura". Pronto comenzó a colaborar como ayudante honorario en el laboratorio de Paleontología. Éste funcionaba en la Facultad de Humanidades y Ciencias, en un edificio centenario en la costa de la bahía de Montevideo.

Durante los años siguientes sería contratado como ayudante grado 1 en la Facultad, como profesor de Biología en Secundaria y como profesor de Paleontología en el Instituto de Profesores "Artigas" (IPA). "Después pasé a ser grado 2 en facultad, en un momento en que los sueldos universitarios eran una miseria, pero por suerte en 1988 ingresé al régimen de dedicación total".

Con lluvia o con sol

Perea contó que en su carrera lleva hechas unas 150 campañas, "en general orientadas a la paleontología de vertebrados". Explicó que la mayoría fueron de cinco días de duración, "pero otras fueron muy largas, de un mes o más; por ejemplo, en la Antártida". También realizó campañas en Bolivia, en Patagonia y en la Amazonia.

Dentro de sus aportes al conocimiento de la fauna extinta que vivió en lo que hoy es Uruguay, se encuentra el estudio de los Xenartros. Este grupo de mamíferos incluye a los armadillos, osos hormigueros y perezosos. Perea estudia los antepasados de estas especies actuales, que vivieron en Sudamérica hasta hace unos ocho mil años. Por ejemplo investigó una variedad de "gliptodontes que aparecen en la formación Camacho, en el departamento de San José, más pequeños, que sólo se encuentran en Uruguay". Otra contribución fue el hallazgo de fósiles "de perezosos terrestres, de una familia bastante rara, de nombre Nothrotheriidae". Relató que estos fósiles fueron encontrados en las barrancas de Arazatí, en San José, "con mucho trabajo y mucho esfuerzo de colecta".

Luego Perea se interesó por el Mesozoico, el período geológico en el que vivieron los dinosaurios. En 1999 descubrió en Tacuarembó el fósil de un tiburón de agua dulce "que se encuentra también en el norte de África y en la Península Arábiga, en sedimentos que están bien datados y que permitieron hacer la correlación geocronológica con la Formación Tacuarembó" (ver El País Cultural Nº 922). Durante la siguiente década, Perea, con un equipo de jóvenes paleontólogos como Matías Soto, comenzaría "a describir los fósiles más antiguos de dinosaurios de Uruguay",

hallados también en la Formación Tacuarembó, que data del Jurásico Superior y Cretácico Inferior.

Un camino entre las dunas

Tacuarembó aún depararía más sorpresas. Relató que el hallazgo de las huellas surgió a partir de una propuesta de su colega y alumna Valeria Mesa: "quería estudiar los icnofósiles [marcas, rastros y huellas fosilizadas], de la Formación Tacuarembó, porque en Brasil, la unidad geológica que es similar tiene huellas de dinosaurios". Perea contó que comenzaron una campaña de búsqueda en Rivera, cerca de Santana do Livramento, donde se encontraron las huellas del lado brasileño. Pero la búsqueda no daba resultados. Entonces, regresando de Minas de Corrales se detuvieron a descansar a un costado de la Ruta 26. La primera que las vio fue la estudiante Lucía Samaniego, quien preguntó: "¿cómo son las huellas? ¿Qué forma tienen?" Le dijeron que eran redondas y grandes. "¿Como esas?" La sorpresa fue inmensa. No podían creerlo. "Son las primeras pisadas fosilizadas de vertebrados terrestres que se conocen en Uruguay", dijo Perea.

Explicó que los dos "trenes" de pisadas fueron hechos sobre la arena, en lo que se conoce como "interduna", donde se puede acumular agua y crecer vegetación. Contó que las pisadas son sólo de las patas traseras, más grandes que las delanteras, con las que los saurópodos sostenían su enorme peso, de varias toneladas.

Luego el equipo afrontó el desafío de proteger y conservar las huellas. Perea explicó que con la ayuda de sus colaboradores, Valeria Mesa y Pablo Toriño, y junto al apoyo del Ministerio de Transporte y Obras Públicas que contribuyó con la caminería, la colocación de los cercos y el cartel, se pudo realizar una primer muestra del sitio. "Es sencilla, pero la gente que pasa por la ruta 26, que une Melo con Paysandú, puede detenerse y ver las huellas". Agregó que es "uno de los logros que me dieron más satisfacción en la vida y lo considero un trabajo importante en mi carrera". Sin embargo su objetivo es que el sitio sea bien preservado. Por ejemplo, que sea techado y "que sea una verdadera muestra paleontológica in situ". Algunos organismos ya se han acercado, como la Intendencia Municipal de Tacuarembó, cuya Junta Departamental declaró en 2012 al sitio de interés departamental. Además esperan que sea declarado Patrimonio Histórico Nacional. También el apoyo público-privado sería de gran utilidad para hacer un pequeño museo. Reflexionó sobre la oportunidad que tiene Tacuarembó de explotar el sitio como atractivo turístico (a sólo 25 Km. de la capital departamental), como hacen algunas provincias argentinas, por ejemplo la provincia de San Juan, con el museo de Ischigualasto, en el Valle de la Luna.

Paso de los Toros ya se divisaba en el horizonte y Daniel Perea, antes de hacer un alto en el camino, quiso destacar a los pobladores de Cuchilla del Ombú: "cuidan el sitio y lo ven como propio; eso es muy importante", señaló el paleontólogo.

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