POESÍA de tamara tenenbaum

Ser de ésas

Nacida en Buenos Aires, van algunas piezas de su primer poemario, Reconocimiento de terreno

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tamara Tenenbaum

El poema.

Hay cosas que
para hacerlas
poemas
solo hay que contarlas.
Mi papá se murió
el día
que fue a la AMIA
a hacer el trámite
para enterrar a su papá
(mi abuelo)
en el cementerio
de La Tablada
Listo.

Aspiraciones goi.

Hace un par de años
que soy rubia.
Una tarde decidí
que era momento
de ser
lo que siempre había querido
y nunca había admitido
querer.
Hace un par de meses
además,
tengo plata.
Solo me falta
jugar al hockey
tener un crucifijo
de oro chiquitito
y ser la madrina
de alguien.

Lo de las frutas y el sexo.

Todas las actividades de la cocina
​que se parecen a sacar carozos
​(desespinar pescados
pelar papas
​sacarle mugre a la lechuga)
me recuerdan a esas cosas que se hacen
para que el sexo sea más limpio.
Depilarse los bordes de la entrepierna
sacarse la toallita en el baño
justo antes de que te saquen la bombacha.
El baño de la prostituta, ¿no le dicen así
a lavarse las axilas
y ahí abajo, nada más?
Yo prefiero
comer las verduras
con gusto a tierra. Mi novio se queja
y duda
de las ensaladas que hago.
En el colegio nos enseñaban
que como no es kosher comer sangre
a la lechuga hay que lavarla
con lavandina. Para estar seguras
de que no queda
ningún bicho. Te queda limpia, la lechuga.
Volví a casa y le dije a mi mamá:
estará limpia
pero huele a veneno.

Fotos con esquinas redondeadas.

Miro las fotos de mi mamá. Tenía casi mi edad
solo 2 o 3 años más
el primer verano que se animó
a salir de vacaciones
con nosotras
ella sola.
Estamos en San Luis
en unos bungalows.
Todo es verde oscuro. Hay otros chicos:
me acuerdo de algunos. Jugábamos
cuando se hacía de noche. Una se llamaba
Trinidad
y usaba un vestido blanco.
Los demás chicos decían
que parecía la Llorona.
Yo también lo decía
pero no sabía quién era
la Llorona.

Lo que más me gustó de San Luis
es que todo era muy goi
y muy alegre
que en esa época
me parecían
dos cosas iguales.

Está flaquísima, mamá.
Toda chupada
y con el pelo cortito.
Se nota que no comía,
se nota que no dormía
pero en las fotos sonríe.

Yo no sonreía
yo miraba para abajo.
Porque a los 8 años
no tener papá
no es ni triste
ni trágico
pero te da mucha vergüenza
porque se lo tenés que explicar
a todo el mundo.

Ser de ésas.

Remeras, shortcitos
que se ablandaron
o se mancharon
y ahora solo sirven
para estar en casa.
Ya no tengo camisones.
Toda la ropa que uso 
para dormir
es ropa que alguna vez
usé para salir a la calle.
Él llega tarde
casi todas las noches
y yo no quiero
ser una chica
que espera
a su hombre
en su cama
en camisón.

El pasado.

De todas las personas
que tienen un pasado
mis preferidas son las chicas
vestidas de ortodoxas
​con la pollera y la peluca
​y las medias color
hueso
​que cuando se agachan
a atarle los cordones
a un Samuelito de tres años
o una Deborita de seis
dejan ver un tatuaje
de un dragón o de un delfín
en la base
de la espalda.

NOTA: El término goi, pueblo o etnia en hebreo, luego pasó a designar a un no judío en sentido peyorativo. El término kosher designa los alimentos aptos según las leyes del judaísmo.

La autora.

Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) afirma en la contratapa de su primer poemario Reconocimiento de terreno (Pánico el Pánico, 2017), del que se tomaron los poemas adjuntos, que "se hizo señorita en 2002 y licenciada en Filosofía en 2016". Es editora de libros en Rosa Iceberg y colaboradora permanente del suplemento Ideas del diario La Nación de Buenos Aires.

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