Aunque en rigor todavía no terminó la temporada para el teatro Solís, quienes asumieron la conducción de ese santuario de la escena sintieron la necesidad de pasar raya y hacer un breve balance de lo ocurrido desde su reapertura el 24 de agosto pasado. Las cifras impresionan: en cuatro meses más de 107.000 personas visitaron el Solís, de las cuales más de 50.000 lo hicieron para ver espectáculos. Como se sabe, el teatro abrió sus puertas no solamente para la presentación de obras teatrales y recitales: allí también se realizan exposiciones, mesas redondas, presentaciones de libros, visitas guiadas.
La venta de entradas hizo ingresar $ 5.200.000 a la taquilla (cálculo hecho al 13 de diciembre). No es menos llamativo el hecho de que 1953 artistas participaran en los treinta y tres espectáculos que fueron ofrecidos.
Gerardo Grieco, principal responsable del Solís, fue el encargado de anunciar estas cifras en un acto que contó con la participación de un centenar de invitados y en el cual fueron homenajeadas las empresas patrocinantes y auspiciantes de la sala. La reunión sirvió además para que quienes suelen instalarse en las butacas como espectadores, por una vez ocuparan el escenario y tuvieran una perspectiva distinta del recinto.
Tras las palabras de Grieco, hizo su intervención el intendente montevideano Mariano Arana. Sin dejar de reconocer la importancia de los números, Arana instaló de inmediato la polémica al preguntarse si esa era la forma en que la cultura debía justificarse o ser justificada. En su perspectiva, reducir a números la importancia que el sector tiene en el desarrollo social es una especie de servilismo mercantil. Después recordó que fue con otros parámetros que primero fue recuperado el viejo Teatro Apolo, convertido ahora en el Florencio Sánchez del Cerro, y luego se negoció el ex Cine Rex —tras una iniciativa del director municipal de Cultura Gonzalo Carámbula— para convertirlo en la actual Sala Zitarrosa. Finalmente recordó que el Solís se ubica también en la política de democratizar el acceso a la cultura. La intervención del intendente de alguna manera pareció estimulada además por las polémicas periodísticas acerca de rentabilidades y eficacias de las salas teatrales montevideanas.
Más allá de las opiniones, las cifras manejadas por Grieco son ilustrativas del entusiasmo que la reapertura del Solís desató entre uruguayos y turistas y de la potencialidad que tiene como centro generador de cultura.