La censura que tuvo que sufrió la muestra artística de León Ferrari por parte de grupos ultrareligiosos, promovida por la organización "Cristo Sacerdote" atentó directamente contra la libertad de expresión. El hecho generó acaloradas repercusiones en la prensa y la opinión pública argentina (y regional), que llevaron a que en Buenos Aires se realizaron movilizaciones de apoyo hacia el artista y la reapertura de la muestra.
En el mundo judicial fue donde se batalló la lucha por mantener abierta, o no, la exposición de un artista que según el diario The New York Times es "uno de los cinco artistas plásticos vivos más provocadores e influyentes". Esto ha llevado a que este porteño de 84 años sea idolatrado por algunos y acusado de hereje por otros.
Las polémicas obras mezclan estuatillas religiosas con artículos comunes como sartenes de cocina, cafeteras y otros como tableros de ajedrez. También un Cristo crucificado sobre una réplica de un bombardero estadounidense domina desde el techo simulando una caída en picada. Esta tal vez sea la obra que generó el mayor rechazo entre quienes quisieron censurar de forma definitiva a Ferrari.
Las protestas que se originaron – incluyendo enfrentamientos con militantes ultracatólicos – motivaron a que la jueza en lo contencioso administrativo Elena Liberatori ordenara la suspensión provisoria de la muestra. "Se han lesionados sentimientos religiosos de la enorme mayoría de los habitantes de esta ciudad", justificó Liberatori a los medios de prensa de ese pais.
La respuesta del mundo cultural porteño y del gobierno no se hizo esperar. El jefe de gobierno Aníbal Ibarra informó que el Ejecutivo apelaría la clausura preventiva y aseguró que "no se le puede pedir al Estado que controle las obras que exhiben sus artistas".
Un poco más de una semana después, la Cámara de lo Contencioso Administrativo aceptó la apelación, afirmando que "la actividad cultural de la Ciudad (Buenos Aires) en nada afecta el derecho de cada persona a escoger sus creencias, religiosas, estéticas o de cualquier otro tipo. A nadie se lo obliga a aceptar una creencia, idea u opinión".
Aunque la medida, favorable para Ferrari, exigió a los organizadores que colocaran un cartel en la entrada que informara que las obras presentadas podrían afectar los sentimientos religiosos de las personas".