A los 47 años falleció el actor uruguayo Carlos Priegue, como consecuencia de un infarto. Carlín, sobrenombre por el que era conocido, tenía una larga trayectoria, al estar dedicado como intérprete y como docente de foniatría en varios grupos teatrales. Su calidad interpretativa fue tempranamente reconocida, despertando elogios al ser dirigido por Héctor Manuel Vidal en El lazarillo de Tormes, hacia comienzos de los años ’80. Poco tiempo después, Carlín ingresó a El País, donde trabajó en corrección.
Pero el teatro pudo más y se dedicó a él. No demoró demasiado en encontrar una pieza que lo puso en la consideración de un numeroso público, aunque no fue en Uruguay sino en Buenos Aires, adonde saltó para trabajar junto a Carlos Perciavalle y a Tato Bores en La jaula de las locas, con dirección de Mario Morgan. En aquel momento, no pocos críticos porteños descubrieron a Carlín, ubicando su trabajo a la par de las dos figuras consagradas que tenía la obra. Más cercano en el tiempo, hay que recordarlo en Sinvergüenzas, una comedia que no podía evitar la comparación con la película Todo o nada y que ahora estaba siendo programada para Punta del Este. El domingo pasado, muchos de sus colegas lo despidieron en el Cementerio del Norte, sin poder disimular la mezcla de sorpresa y dolor que su muerte produjo.