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MURIO CHRISTOPHER REEVE DESPUES DE NUEVE AÑOS DE LUCHA CONTRA LA PARALISIS
El heroe dentro y fuera del cine
Tras su apariencia de galán romántico había también un comediante de cierta fineza

Guillermo Zapiola

Va a ser recordado sobre todo por haber interpretado a Superman en cuatro películas, y por el excepcional coraje mostrado a lo largo de sus últimos nueve años, en los que debió luchar contra la parálisis provocada por una rotura de columna a consecuencia de una caída de caballo. Sin embargo hay unas cuantas razones adicionales para ocuparse de Christopher Reeve, quien falleció el pasado domingo a consecuencia de un paro cardíaco en un hospital cercano a su casa en la localidad norteamericana de Pound Ridge. Tenía 52 años, y había desarrollado la semana pasada una infección sistémica grave debida a una úlcera por presión, una complicación común de las personas con parálisis.

Reeve quedó paralizado del cuello hacia abajo después de un accidente a caballo en 1995, durante una competencia ecuestre en Culpeper, Virginia. Tras meses de terapia para poder respirar por períodos largos sin una máquina, desarrolló un abundante trabajo de "lobby" ante el Congreso norteamericano para obtener una mejor protección de seguros contra las lesiones provocadas por accidentes. También fue un enérgico activista a favor de la investigación sobre células troncales, y presionó para obtener financiamiento para ayudar a otros en su misma situación.

TRAYECTORIA. Nacido en Nueva York el 25 de setiembre de 1952, hijo de padres divorciados (la periodista Barbara Johnson y el profesor y escritor Franklin Reeve), Christopher estudió actuación en la Universidad de Cornell y en Julliard, y debutó en Broadway junto a la legendaria Katharine Hepburn en A Matter of Gravity en 1976. Dos años después, luego de otros papeles en teatro y algunas comedias en televisión, se convirtió en una estrella de la pantalla grande al interpretar a Superman en el espectacular film dirigido por Richard Donner sobre ese personaje de historieta.

En aquel momento, Reeve pudo sostener: "El papel me llegó porque tengo la apariencia. Es 90% apariencia. Si no me pareciera al tipo de la historieta, no estaría aquí. El otro 10% es talento para actuar". Volvió a encarnar al Hombre de Acero en tres secuelas, la última de las cuales también libretó: allí se permitió deslizar algunas convicciones democráticas y pacifistas que en algún momento lo llevaron a manifestarse, por ejemplo, contra la dictadura chilena del general Pinochet.

Alto y buen mozo, tenía ese típico aire de galán que induce a los críticos a subestimar capacidades actorales. No fue solamente agradable héroe de acción o un protagonista romántico (desde el film "de culto" Pide al tiempo que vuelva, 1981, de Jeannot Szwarc hasta Amarás a un extraño, 1984, de James Ivory o la Anna Karenina de Simon Langton, con Jacqueline Bisset, 1985), sino también un comediante dotado con un considerable sentido del absurdo, la sorpresa y la noción de tiempo para administrar gestos, movimientos y un frecuente brillo burlón en el fondo de una mirada inteligente: rever por ejemplo su labor en Silencio, se enreda (Noises off, 1992), la comedia de Bogdanovich, en la que lucía como una suerte de Cary Grant de los años noventa.

Es cierto que se dispersó a menudo en labores menores (Monseñor, 1982, de Frank Perry; Interferencias, 1988, de Ted Kotcheff). Poco antes del accidente había actuado en el film terrorífico de John Carpenter El pueblo de los malditos (1994). Tras el accidente continuó con su carrera artística como director, e incluso actuó una versión para televisión del clásico de suspenso La ventana indiscreta (cuyo protagonista es, como se recordará, un fotógrafo paralítico) que le valió el premio Screen Actors Guild. Con respecto a su labor en ese film llegó a decir: "Me preocupaba que al sólo actuar con mi voz y mi cara, no podría comunicar la historia con la suficiente efectividad. Pero comprendí que si me concentraba realmente, y sólo dejaba que los pensamientos llegaran a mi cabeza, el público los leería en mi rostro".

militancia. Fue por cierto mucho más visible como activista a favor de los discapacitados. A través de organizaciones de beneficencia que fundó y dirigió, Reeve apoyó la investigación de tratamientos y curas para lesiones en la columna vertebral y otros problemas del sistema nervioso central. Con todo, la actuación tironeó de él hasta el final. En enero de este año, Reeve había recibido del gobierno chileno la Orden Bernardo O’Higgins como reconocimiento a la defensa que hizo de los actores perseguidos por el régimen militar. En setiembre del año anterior recibió también el Premio Lasker 2003 al Servicio Público, conocido como el Nobel americano. Recientemente se lo había visto como "estrella invitada" en algunos capítulos de la serie televisiva Smallville, una relectura del tema de Superman en la que interpretó a un científico convertido en una suerte de "imagen paterna sustituta" del joven Clark Kent.



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