La muerte a los 55 años de Johnny Ramone, el peculiar guitarrista de los Ramones, deja huérfana a la música punk y silencia un ritmo urbano y optimista. Johnny Ramone, cuyo verdadero nombre era John Cummings, murió el miércoles en su casa de Los Angeles víctima de un cáncer de próstata contra el que luchó durante los últimos cinco años de su vida.
Para su último adiós, y en un homenaje a su amistad y a su talento, se dieron cita nombres musicales como Eddie Vedder, Rob Zombie y Lisa Marie Presley, y del cine como Vincent Gallo y Talia Shire.
Se fue muy en el candelero, gracias a la celebración de un concierto en su honor y en favor de la investigación contra el cáncer celebrado el domingo en Los Angeles, donde intervinieron bandas como "X", "Red Hot Chili Peppers" y Henry Rollins.
El acto quiso perpetuar el espíritu de rebeldía que este grupo infundió en el mundo del rock en la escena musical de la década de los 70. Se trata de un grupo legendario de los que el único superviviente es ahora el batería Tommy Ramone, tras la muerte estos años de los otros miembros del cuarteto: Dee Dee y Joey.
Canciones como I Wanna Be Sedated, Judy Is a Punk o Beat the Brat han pasado a ser la mejor muestra de la música punk. También lo es la imagen que dieron de rockeros anti-sociales, con sus cortes de pelo de casco y sus pantalones vaqueros hechos jirones cubiertos por una chaqueta de cuero varias tallas más pequeña de lo necesario.
Es un perfecto reflejo de la música que interpretaban, salida de sus orígenes como obrero de la construcción en el caso de Johnny y unida a la más pura energía optimista del rock.