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EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA ALBERGA UNA INTERESANTE INSTALACION ARTISTICA DE MARCO MAGGI
Un creador reflexivo y sutil

El plástico uruguayo invita a recorrer un espacio en el que el tiempo y la vorágine post moderna parece detenerse

ALICIA HABER

Marco Maggi (1957, uruguayo residente en el estado de Nueva York), apuesta a la cercanía, estimula la intimidad y se preocupa de generar contrastes entre lo visto y lo invisible. Lo conmueven los objetos insignificantes unidos por una sintaxis espacial y minuciosa. Le importa generar un recorrido que mantiene el interés en la lectura de los dibujos más invisibles a primera vista. Le interesa el proceso y los materiales y no crear mensajes unívocos y explícitos. Maggi opta por lo menos grandilocuente y subraya el valor de lo que parece insignificante. Define a sus obras como "archivos imperceptibles".

Todas ellas están creadas por materiales muy prosaicos y muy accesibles, sin valor intrínseco ni necesariamente conocidos por ser soportes artísticos. Maggi utiliza hojas comunes de fotocopias, azulejos de cerámica, marcos de diapositivas, manzanas, papel de cocina, arcilla, aluminio y papeles diferentes. Sobre esos soportes opera con dibujo y grabado a punta seca o con cortes de trincheta y las características más evidentes de esas operaciones son la maestría manual y la pericia manejada en escala microscópica guiadas por un cerebro inteligente y agudo. En su producción importa el detalle mínimo y el acto conceptual.

Maggi tesauriza lo minúsculo, lo infinitesimal y lo diminutos. Delicado, íntimo, creador de una taquigrafía especial, obsesivo con los detalles, Maggi es un creador muy singular. Y aún cuando hace una una enorme instalación en el suelo como sucede ahora en el nuevo Centro Cultural de España, ésta es casi imperceptible por su blancura y porque los trazos creados en algunas zonas prácticamente no se ven dado que son mínimos gestos sobre el papel.

Crea tramas que se pueden leer aunque no están destinadas a dar una información precisa al espectador. Quiere reducir la trasmisión de información ya que su obra es de alguna manera una respuesta contestataria a toda la cantidad enorme de estímulos que inundan al ser humano de hoy. Se enfrenta y contradice la polución visual, y auditiva del mundo actual y responde a la cantidad de signos incomprensibles que nos rodean. Es contestatario frente a la indigestión producida por de tanta televisión, tantos noticieros de 24 horas al día, tanta electrónica, tantas computadoras, tantos celulares y tantos mecanismos de aparatos que la mayoría utiliza pero no entiende. El sostiene que todos somos nuevos analfabetos y que por ello tenemos que tomarle simpatía a lo insignificante y a la intimidad.

DIBUJOS. En el caso de los dibujos sobre aluminio enmarcados como diapositivas, el espectador encuentra algo que lo descoloca y además nuevamente tiene que acercarse mucho para ver de que se trata.

Parece un alfabeto Braille, una extraña escritura o signos indescifrables más para ser tocados que leídos. Los dibujos sugieren centros superpoblados, densos, zonas abiertas, áreas que se escapan a todo control, avenidas y calles laterales, centros y periferias, urbe y suburbios. Podría ser la vista de una ciudad, pero si se observa bien, es más enigmático, es un tipo de mapa, pero no se sabe que representa. Circuitos de computación es una respuesta posible. Antiguos centros rituales de civilizaciones perdidas podría ser otra. Hay quienes creen ver diagramas meticulosos de cerebros cibernéticos mientras otros optan por estructuras atómicas o partículas del mundo de la física. Las obras pueden ser leídas también como autorretratos de su sistema nervioso, como fantasías despertadas por sistemas de circuitos integrados, o biología de ciencia ficción. Maggi muestra una cartografía que sugiere múltiples lecturas que se bifurcan.

En algunos momentos es evidente que Maggi está, entre otras cosas, inspirado en los circuitos integrados y en las conexiones electrónicas, en los módulos de microchip, en los minúsculos complejos de componentes que se produce con un material como la silicona, en la tecnología de la interconexión, en la que subsistemas están ligados por conductores y conectores.

Maggi subvierte un elemento comunicador del arte, la diapositiva, la transforma en algo vacío o ciego. O la deja vacía en el suelo con sus marcos o le incluye grabados en metal cambiando su propósito clásico. Esto no se puede proyectar. Hay que acercarse y verlo, es real, no virtual, no es una imagen sobre una pared es una obra de arte tocable.

alusion. En una de sus obras Maggi usa una técnica de punta seca para cortar dos manzanas. Crea una grafía de escala milimétrica, genera cicatrices superficiales, incisiones mínimas y marcas muy suaves (mínimo y leve, dos ejes que aluden a micro/soft). Luego los frutos se secan y van cambiando hasta quedar como fósiles con pieles añejas y originales formas. Se achican y tienen interesantes pliegues y arrugas.

Es una propuesta que alude a dos realidades, la natural y la técnica, a través de la manzana que es un fruto emblema de una de las grandes compañías de computación (MacIntosh) y de las manzanas reales del tipo Mcintosh (una especie típica de una zona de los Estados Unidos).

En sus obras el juego de palabras es permanente así como lo es la paradoja, sistema básico de su arte conceptual. Maggi aparece, sobre todo, como un ser reflexivo, una personalidad que piensa, analiza y tiene una postura sobre lo que le pasa a la civilización contemporánea y ofrece soluciones desde el ámbito artístico y lingüístico.

La muestra de Marco Maggi se puede visitar en el Centro Cultural de España (Rincón 629), de lunes a vieres de 11 a 19 hs. y los sábados de 11 a 17 hs. El espléndido espacio de Casa Mojana, que acaba de reinagurarse recientemente, inicia su ciclo de exposiciones con esta muestra de Marco Maggi. Acercarse hasta el lugar ofrece una doble satisfacción: ver la obra de un artista que no suele exponer en Montevideo, y recorrer un espacio que en sí mismo resulta magnético.

Marco Maggi cree que "la paciencia es la ciencia de la paz"

Se hace un culto de lo instantáneo. El artista, sugiere que el arte que se detenga y nos detenga un poco, que nos obligue a enlentecer el paso, nos comprometa a una actitud más intimista, reflexiva y contemplativa.

Su propia manera de crear es una respuesta. Dibuja obsesivamente durante horas y horas sin apuro, con intensidad, sin apostar a la velocidad ni la eficacia instantánea

Maggi quiere superar la distancia y la velocidad de hoy. Cree que la "paciencia es la ciencia de la paz". Su obra requiere y genera calma, sosiego, serenidad, lentitud, tranquilidad. Con sus postulaciones visuales, Maggi dice stop a la marginalización de los sentidos, apela a la victoria del reduccionismo, cree que la delicadeza es una actividad subversiva.

Si los espectadores que visitan la muestra "Construcciones y Demoliciones", dibujos en español, que se lleva a cabo en el Centro Cultural de España, están apurados tendrán que volver otro día con más paciencia, si carecen de esta virtud esta exposición no es para ellos. Porque este no es fast art, este es slow art .

Todo esto lo comprueba el visitante en el Centro Cultura de España. La sala principal, por ejemplo, está invadida por hojas comunes blancas. Hay que tener la tenacidad de acercarse, agacharse y permanecer agachado, para ver las mínimas intervenciones realizadas en los papeles que además están en el suelo. El espectador camina en una inesperada alfombra muy suave y mullida de papeles. No encuentra empero una superficie igual y pareja, camina entre nubes blancas y descubre obstáculos mínimos

El tránsito es fundamental. Hay que caminar despacio pues se puede tropezar con elevaciones de papel o con resmas oblicuas. Este es un ámbito para sentirse grande y lento.

La hoja de arriba de cada resma presenta un dibujo de papel sobre papel, el artista marca la primera hoja con incisiones y genera pliegues que se elevan produciendo discontinuidades que solo son visibles si los espectadores se agachan. Estas obras pueden ser entendidas como microesculturas que están en el borde entre la bidimensionalidad y la tridimensionalidad. El artista genera un umbral entre el arte y la nada, entre la creación y la ceguera.



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