Leonel García, de la redacción de El País Digital
Catorce escenas en total forman "La novena casa", escrita por Dino Armas sobre una idea de Sergio Pereira – que a su vez es el director -, obra que se estrenó el pasado viernes 9 de mayo en el Espacio Cultural Residentes de Artigas. Pero el público solo puede ver ocho y cada actor tiene, a lo sumo, tres, por más que se reiteren en muchos casos. Y son tres las diferentes perspectivas en la cual se puede apreciar el conjunto de la puesta en escena. ¿Difícil de entender? Sin duda. ¿Difícil de explicar? También. Pero de eso se trata una de las propuestas más interesantes de la nueva temporada teatral en Montevideo.
El espectador es conducido hasta el piso superior mientras el canto gregoriano que envuelve el ambiente propone un clima entre místico y lúgubre. Luego es ubicado en uno de los tres diferentes escenarios posibles: un dormitorio, un living o un baño. Esta situación será determinante para saber qué perspectiva de la obra le ha tocado en suerte.
El clima siniestro y sombrío, así como la cercanía con los actores, que nunca salen de escena y están a escasos pasos del público, son uno de los elementos que la acercan a "El errante de Nod", obra de Mariana Percovich que se presentó el año pasado en el Edificio del Jockey Club. Las relaciones no fueron casuales y no solamente se limitan a la utilización de espacios no tradicionales para el teatro.
De manera simultánea, comienza la obra en los tres escenarios, en la que una familia expone sus miedos, sus miserias, sus – cada vez más débiles - esperanzas y sus – cada vez más olvidados – recuerdos. En esta primera parte, los personajes muestran su cara menos agraciada. El matrimonio de Laura (Adriana Dos Reis) y Santiago (Ernesto Liotti), en el dormitorio, donde el amor – si es que alguna vez hubo – deja su lugar a la resignación, la desconfianza y el miedo; la incomunicación de otra pareja, Amalia (Mary Soler) y Avelino (Jorge Villamarzo), padres de Santiago, en el living; y la crueldad adolescente de Inés (Irene Carrier), hija de Laura y Santiago, en el único lugar donde puede explayarse a voluntad, en el baño. Saltando de un lugar a otro, el silencioso y enigmático Pablo (Pablo Sintes en su primer trabajo profesional, tal vez por eso la actuación más floja, dentro de un buen promedio), único ajeno a la familia, siempre con una Biblia en la mano, tan dueño de la casa como desconocido su origen.
El público rota de escenario para poder ver cada una de las acciones que, como es lógico, se repiten tres veces y tienen los tiempos sincronizados. "Esta primera parte es una visión de la casa desde arriba", dice el director Sergio Pereira. Entonces, el espectador que empezó a ver la obra en el dormitorio, finaliza en el baño de donde no se moverá más. Lo mismo pasa al que primero estuvo en el living, que termina en el dormitorio. Y a quien ubicaron primero en el baño, la concluye en el living.
En la segunda parte, el público no se mueve más y son los actores quienes llevan a sus personajes a los espectadores. Si al principio, ninguno de ellos merece la simpatía del público, aquí – en escenas trabajadas para ser representadas indistintamente en el baño, el dormitorio o el living – muestran otra cara y se puede apreciar como, de alguna manera, justifican su modo de ser o la forma de llevar su vida. "Cada uno vive como puede, como lo dejan o como elige", dice Avelino.
Hasta acá, el público ha visto seis escenas, los actores han realizado – sin tomar en cuenta la ubicación – solamente dos, y en realidad ha habido doce.
Para la última parte, las dos escenas finales donde el enigmático Pablo empieza a hacer su "trabajo", se corren las cortinas que separaban los diferentes ambientes para que el público tenga una única visión. Si bien no hay más de una interpretación posible, la ubicación de los espectadores influye en la perspectiva que se tenga del – previsible - final. Por eso, lo de tres obras diferentes.
"A la conclusión la hicimos previsible", señala el director, "porque la obra habla más de lo que pasa en el final, en donde pusimos énfasis al impacto visual". Y efectivamente, impacta. Y en el desarrollo, atrapa con su mezcla de terror, drama, suspenso, historia negra y en menor medida, comedia.
El Centro de Residentes de Artigas se encuentra en San José 885 esquina Convención. "La novena casa" va viernes y sábados a las 21 horas, y los domingos a las 19. Las entradas cuestan $U 100 y se venden en el mismo local.
Creatividad y necesidad
En octubre del año pasado, el grupo Espejos, de donde proceden todos los actores de "La novena casa" menos los invitados Sintes y Dos Reis, le trajo al director Sergio Pereira un texto de Dino Armas, que fue la semilla de esta obra, con la intención que se hiciera cargo. Si bien mostró interés en los personajes, no llegó a entusiasmarse del todo. Hasta tal punto que llegó a estar casi convencido de no hacerla.
"El año pasado hice ‘El errante de Nod’ (N.de R. Su personaje era "El Autor") y fue una experiencia riquísima. Me fascinó el hecho de estar cerca de la gente, de llevarla, de estar ahí cerca. Es mucho más lindo llegarle al público en un ambiente que no es típico del teatro, porque en una sala se forman muchas expectativas que se a veces se terminan cuando uno se sienta en la butaca. Yo soy un convencido que hay que sorprender al espectador, moverle el piso, mostrarle cosas distintas. Se generan nuevas expectativas en un espacio no convencional", dice.
"El errante de Nod", historia basada en el mito del primer vampiro que estuvo nominada al Florencio como mejor obra el año pasado, se desarrollaba en el majestuoso edificio del Jockey Club. Los espectadores, hasta 70 por función, llegaban al piso 12 en ascensor y descendías por escalera junto a los personajes. Esa, y la obra de autores como el catalán Sergio Belbel (autor de "La Sangre", también en cartelera en año pasado en el Teatro Mincho Bar, y ganadora de un Florencio a Mejor Espectáculo por el voto del público), que utilizaba escenas secuenciales y repeticiones, influyeron a Pereira al punto que quiso aportar nuevas ideas al texto original de Armas, que suponía una puesta en escena mucho más lineal y se desarrollaba en un living.
A través de la actriz Mary Soler, el grupo Espejos y el director consiguieron el Centro de Residentes de Artigas para ensayar. Finalmente, quedó también como sala. "Le pedí a Dino las tres primeras escenas iniciales simultáneas, ya que me parecía mucho más interesante lo que ocurría fuera del living que dentro de él. Luego se comprometió, en el pasado verano, a terminar las tres escenas siguientes advirtiéndole que no las ubicara en ningún lugar". Lo que hizo Pereira fue, además de trabajar con los actores – "me gustan los monólogos y un naturalismo ‘teatralizado’"-, tejer los nexos y los puentes entre las diferentes situaciones.
Sergio Pereira resalta que con "La novena casa" se limitó a lo que es su tarea, dirigir. Lo cual fue una condición para aceptar. "A mí me pasó varias veces hacer de ‘hombre orquesta’ y los días previos al estreno, estás más preocupado por el vestuario o algo que te falta, y no por lo estrictamente artístico. Es muy complicada la falta de recursos". Eso también es, a su criterio, una característica del teatro en Uruguay. Sobre todo del independiente.
Y eso tiene más que ver, a su criterio, con la gran cantidad de obras en locales alternativos – como el Jockey Club, el sótano del Mincho Bar, la Quinta de Santos o el Museo Blanes – que con una intención artística.
"Hay que tener en cuenta la realidad técnica y económica del país. A nivel de salas, Montevideo está igual o peor que hace veinte años. Ya no está el Solís, ¿cuál es el mejor escenario, entonces? ¿Cuál te permite un movimiento escénico importante? ¿Cuál tiene movilidad? Es horrible decirlo, porque ¡me encantaría decir que la utilización de escenarios no tradicionales es pura y exclusivamente por razones artísticas! Pero el hecho de que los independientes no puedan alquilar una sala tiene mucho que ver".
Para el director, "La novena casa" es, debido a sus características, "un ejercicio actoral impresionante". Los protagonistas viven todo el proceso de la situación, terminan muy cansados... y de vuelta a empezar. Siempre con el público al lado de ellos. En esta obra no existe el "mutis por el foro".
Dada la trama, en la que se hizo un estudio previo de la psiquis humana, en el programa se advierte "este espectáculo puede herir la sensibilidad del espectador". Efectivamente, hay escenas de gran fuerza, donde no falta la violencia física, psicológica y de gran tensión sexual. "No se atraviesan límites muy extremos", aclara, "pero a gente con muchos prejuicios puede caerle grossa. Creo que el público uruguayo no piensa sobre eso de manera homogénea, hay quienes están aferrados al teatro clásico y otros que solo quieren que le hagan reír. Se trata más bien de una prevención, no sé hasta qué punto estamos listos como audiencia para emociones fuertes".
En tono de broma, se puede decir que "La novena casa" es una obra ideal para ser un éxito de taquilla, ya que para tener una visión global hay que verla tres veces y sentarse desde el principio frente a un escenario distinto. "De cada lugar se ve algo diferente, pero desde todos lados se entiende lo que está sucediendo. De todas maneras, ¡me encanta que la gente se ‘coma la cabeza’ pensando qué fue lo que vio y lo que no!"