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SE ESTRENO EL FILM URUGUAYO "LA ESPERA", DIRIGIDO POR ALDO GARAY Y BASADO EN UNA NOVELA DE HENRY TRUJILLO
Una relación sórdida y triangular

El director dice que la película fue hecha sin otra pretensión que la de contar una historia

GUSTAVO LABORDE

Ya ha dejado de ser una rareza, pero cada vez que se estrena una película uruguaya se genera una gran expectativa en torno a ella. Ahora es el turno de La espera, un film del director Aldo Garay, quien hasta el momento se había destacado como documentalista. El nuevo trabajo marca su debut dentro de la ficción.

El film está basado en Torquator, una novela del escritor uruguayo Henry Trujillo. Pese a que la versión cinematográfica se diferencia bastante del original literario, la película rescata el núcleo central de la novela que narra la historia de un triángulo con aristas bastantes sórdidas entre una madre postrada en una cama, la hija que la cuida y un vecino de ambas, que mantiene con ellas una relación peculiar. Hacia el final, una vuelta de tuerca provoca revelaciones inesperadas que echan nueva luz sobre estos personajes. El elenco está integrado por Elena Zuasti (la madre), Verónica Perrotta (la hija) y Walter Reyno (el vecino), a los que se suma en un papel secundario, Roberto Suárez.

Aldo Garay, reconocido por los documentales Yo, la más tremendo (la historia de un travesti) y Bichuchi (sobre la vida del boxeador Alfredo Evangelista), además de por sus trabajos en Tevé Ciudad, desconfía de las fronteras entre los géneros. "No me gusta dividir las películas como ficción o documental. La línea que separa el documental de la ficción es cada vez más confusa o directamente no existe", asegura Garay. El director incluso admite que algunas formas de trabajo propias del documental las utilizó para rodar La espera. "Hay cierta mirada documental, como el corte de una escena a otra, una forma narrativa muy propia del documental o la utilización de tomas que surgieron durante el rodaje y que no estaban previstas en el guión", comenta.

AJUSTES. Aldo Garay confiesa que siempre tuvo ganas de hacer una película de ficción, pero más que buscar una historia para llevar a la pantalla, fue la historia la que encontró al director. "Mi primer contacto con esto fue a través de un guión escrito por Coral Godoy y Sebastián Bednarik que me acercaron para que considerara dirigirlo. La verdad, la novela la leí después", cuenta Garay.

El guión original fue presentado al concurso del Fondo Nacional del Audiovisual (Fona) en el año 2000, donde fue premiado con una dotación de 70.000 dólares. A partir de ese espaldarazo, el guión fue reelaborado con las miras ya puestas en la realización del film. "Esto modificó mucho el guión original. Si hubiéramos respetado la estructura inicial, el film sería un gran flashback de un viaje y la película sería una ‘road movie’. La historia original tiene un tono policial y muy sórdido. El personaje del vecino en Torquator, la novela, es bastante más complejo del que quedó en La espera", dice Garay.

La estructura y la historia fueron cambiadas por dos razones fundamentales: una estética y otra financiera. "Personalmente no me gustan los flashback. Para hacerlos o tenés un prólogo contundente o tenés un manejo muy fino de la narración. Pero también hay una razón de presupuesto: si hacés una película con muchos exteriores, el plan de rodaje y el presupuesto tiene que ser otro", aclara el director.

El equipo creativo decidió entonces centrar la acción en la relación entre la madre, la hija y el vecino, algo que a la vez les permitía filmar básicamente en una sola locación. "En estos casos el desafío es la realización del film. De lo contrario te pasás cinco año filmando y capaz que terminás no haciendo nada", explica Garay. El rodaje entonces se hizo en 15 días y el presupuesto se limitó a los 70.000 dólares que disponían del premio Fona, a los hay que sumar otros 30.000, que fue lo que costó el pasaje de imagen de video, formato en el que fue rodada, a cine, formato en el que se exhibe en las salas. "Estos aspectos están muy relacionados con la producción y casi nunca se toman en cuenta, pero te condicionan mucho el producto final", explica Garay.

MODESTIA. Aldo Garay asegura, sin falsa modestia, que La espera "es una película chica". "Esta es una película pequeña, sin pretensiones, que si bien fue creciendo no tiene grandes aspiraciones. Además fue pensada para ser directamente emitida por televisión. Pero luego vinieron los festivales, el premio de la OFIC y entonces vino todo la ampliación para ser exhibida en cine y todo lo demás. Pero la verdad que lo que vino después superó nuestras expectativas", confiesa.

El director llega incluso al extremo —o a la sinceridad— de asegurar que su película no va a ser del gusto de todos. "La gente que la vio me ha dicho que le gustó. Nadie hasta ahora me ha dicho que no, que no le gustó. Me parece raro eso, porque estoy convencido de que es una de esas películas que dividen aguas: o te gusta o no te gusta. Y ojo, me parece bárbaro que alguien no le guste. Está todo bien con que no sea del agrado de todos", dice .

Pese a la cautela de Garay, el film ha recibido varios apoyos en Uruguay y en el exterior. Fue seleccionada por el prestigiosísimo Festival de Cine de San Sebastián, además de ganar el premio Jacques Demmy del Festival de Nantes, el Premio de la Crítica el Festival Internacional de Miami, donde también obtuvo el premio Mejor Película Iberoamericana.

Desde el viernes 9 de mayo el público montevideano podrá ver el film en las salas de Grupocine Ejido y Grupocine Punta Carretas.

Un ambiente opresivo y muy montevideano

La espera transcurre básicamente dentro de casa de vecindad, muy típicas del viejo Montevideo. La producción escogió un edificio llamado Galería Ferro Pittaluga, que se encuentra en la calle Burgues, a pocos metros de Buelvar Artigas. "El edificio tiene una estructura casi carcelaria, con dos patios interiores y con una gran cantidad de rejas", explica Diego Varela, el director de fotografía de la película. Esta escenografía "natural" le viene como anillo al dedo al director, puesto que le permite generar desde la imagen misma el ambiente asfixiante en el que se mueven los personajes de la historia.

Garay cuenta que si bien hubo un trabajo de arte importante, la producción utilizó el apartamento de una vecina que vive en ese edificio, casi sin modificarlo. "La casa que filmamos es un apartamento real, no uno recreado para el film. Es de una señora que vive allí y a la que le alquilamos un apartamento, en el mismo edificio, para que se mudara durante un mes mientras nosotros rodábamos en su casa. Hicimos muy pocas modificaciones. Sobre todo para solucionar algún tema de luz y esas cosas, pero la cama en que está acostada la enferma que interpreta Elena Zuasti, efectivamente está puesta en ese lugar y muchas de las cosas que se ven son de ese apartamento real", explica Garay.

Para el director los vecinos que habitan en el edificio, que incluso aparecen en la película, podrían haber sido utilizados para plantear sub historias, ya que viven en una atmósfera muy similar a la que se mueven los personajes de la ficción. "Es un retrato de la clase media baja que hay en Montevideo, que no han sido muy tomados por el cine", dice Garay.

Para Garay, una de los aspectos más rescatables de su película es que todos trabajaron con el mismo objetivo. "Todos tuvimos el mismo fin, esta no es una película en la que el director de arte busca lucirse, en la que el director de fotografía hace ‘su’ película y el director narra de cinco formas distintas para demostrar que sabe hacerlo. No, esto fue una labor de un equipo que trabajó buscando una coherencia interna", señaló Garay. "El film está narrado en forma secuencial, lo que ayuda al clima moroso, contenido, que buscamos retratar. Nos tomamos un tiempo para narrar, para expresar bien el tipo de atmósfera que queríamos retratar", explica Garay.

"Ya no es una película mía"

El novelista Henry Trujillo todavía no vio el film terminado, aunque en su momento leyó el guión original. "De la película lo único que vi fue la sinopsis", dice Trujillo. "Por lo que sé, la historia fue muy modificada y adaptada a la película. El guión original se parecía bastante, pero creo que la versión final es muy diferente. Me parece muy bien que lo hayan cambiado, eso es muy válido, porque en el proceso creativo de una películas es natural que haya muchas modificaciones".

El autor de Torquator dice que tiene muchas expectativas por ver La espera y comentó que cuando le plantearon llevar su novela al cine dijo que "sí, encantado". En cuanto a la sinopsis, que hasta ahora fue lo único que pudo ver, dijo que notó que "recoge el ambiente opresivo" en el que hace actuar a sus personajes literarios.

"Espero poderla ver lo antes posible. Pero la voy a ver no como una película basada en una historia mía, sino como una película cualquiera, como algo que no me pertenece. Ya estoy advertido que es muy diferente a lo que yo escribí", comentó el autor.

Henry Trujillo, para muchos el más valioso narrador de su generación (nació en Mercedes, en 1965) escribió además El vigilante, el libro de cuentos Gato que aparece en la noche y La persecución.



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