Periodista y escritor, César Di Candia acaba de publicar, por Alfaguara, su último libro: "Concierto para doble discurso y orquesta". Según el autor, se trata de la primera novela escrita satirizando la política nacional, "que sigue siendo un tema que parece que no se puede tocar".
La lucha entre dos intereses opuestos, el de un político por ocultar su verdadero pensamiento y decir lo que más le conviene, y la un periodista por hacer oídos sordos a las banalidades y poder conseguir "el" titular para la próxima edición, ambos utilizando elementos reñidos con la ética, es el hilo conector de la historia. Al ser ambos corruptos, más que enfrentados, están unidos por un invisible cordón umbilical.
Referente de la mayoría de quienes trabajan en los medios, César Di Candia es uno de los periodistas más reconocidos de Uruguay. Como escritor, y solo por nombrar obras suyas de los últimos años, es el autor de "Los años del odio" (1993), "La generación encorsetada" (1994), "El país del deja, deja" (1996), "Resucitar no es gran cosa" (2000) y "Grandes entrevistas uruguayas" (2000). Ha incursionado con éxito en géneros tan diversos como el teatro, la novela y la crónica de época.
Di Candia, el escritor, cuenta "Concierto..." a veces en primera persona y con diferentes personajes, y a veces como un narrador externo, las historias, a veces independientes y a veces relacionadas, de dos expertos en el doble discurso. Por un lado el senador Ramón de Noronha, un político de esos "que votan proyectos de leyes sin siquiera tomarse el trabajo de leerlos, o entre los que se pasan maquinando estrategias destructivas contra sus opositores", manipulador y orgulloso heredero de un linaje que tuvo necesidad de ser modificado; y por el otro, un periodista cuyo nombre no aparece nunca, y al que los años en la redacción de un diario han terminado por "secarle el estilo, luego las ganas de arreglar la sociedad dando golpes de ciego" y finalmente, el alma.
En las 170 páginas del libro, se cuentan por medio de la voz narrativa del periodista, de la esposa del senador y por un observador externo, las venturas y desventuras, los sueños, las amarguras y las miserias de los dos principales personajes y de otros actores – como el "Tío Ramón", y la abuela del diputado Constantini, cuyo oficio era "reparadora de virgos", ambos basados en la realidad – conformando una historia que salta permanentemente, para adelante y atrás, en el tiempo y en que el humor negro oficia de amo y señor.
Esos continuos cambios, de voz narrativa y de ubicación en el tiempo y el espacio, no marean al lector sino que mantienen en vilo su interés. Aunque tal vez, algunos de los capítulos o subcapítulos parezcan cortados abruptamente, o algunos personajes tengan más párrafos que su importancia en la diégesis amerita.
"Concierto para doble discurso y orquesta" necesitó aproximadamente un año y medio para ser terminado. En las horas en que Di Candia le dedicaba entre sus habituales entrevistas y notas con mucho componente de investigación. Inicialmente fue un cuento basado en una historia familiar: "El Tío Ramón".
"Ese era un cuento familiar, de un antepasado mío que realmente existió en la época de Latorre, Ramón Techera. Era un hombre con muchísimo dinero y cien mil cuadras de campo. Había tenido hijos con casi todas las mujeres que trabajaban para él, y cualquiera que se ‘metiera’ con ellas, sufría el castigo", cuenta Di Candia.
El cuento familiar, que supone todo un capítulo en "Concierto...", muestra a un campo manejado por códigos ya perimidos, como el derecho de pernada con que los patrones solían imponer otra muestra de autoridad. Y el "castigo" al que hace referencia Di Candia, era la flagelación – o la muerte, como es en este caso – de todo aquel que ponía mano – o algo más – en algún integrante femenino de su servidumbre. Igual que si fuera ganado. En el libro, el Tío Ramón pasa a ser antepasado del senador de Noronha.
"Esta es la primera novela en Uruguay que satiriza la política, que siempre pareció ser una vaca sagrada intocable", asegura Di Candia. "No fue necesaria nada de investigación sino pura imaginación; además, para escribir sobre cómo se manejaban – y se manejan – los caudillos políticos me basta con haber ido a campaña (N. de R. Nació en Florida en 1929, pero se considera rochense de alma)".
La imaginación también tiene su cuota medida de realidad: "por más ficción que haya, todo lo que se escribe incluye material biográfico. En este libro hay – aparte de lo que me han contado – muchas cosas que he vivido. Aunque, por supuesto, en algunos casos las exagero".
Para sintetizar su pensamiento sobre el senador Ramón de Noronha, Di Candia afirma que "es la síntesis de muchos políticos, actuales y del pasado; no representa a ninguno y al mismo tiempo es todos ellos juntos. Especimenes como éste hubo y hay a montones".
El periodista y Di Candia
Si bien es una de las primeras cosas que le puede venir a la mente al lector, Di Candia no se identifica con el anónimo periodista de "Concierto...". "Es fácil pensar eso, pero este reportero utiliza métodos que yo no, es corrupto y yo no lo soy. Es uno de esos que busca logros inmediatos, que escribe para el día siguiente y que trata a los entrevistados como si fueran enemigos". Como aclaración, en las primeras páginas se puede leer: "para los periodistas que cumplen con su trabajo, para los políticos que hacen lo propio con el suyo, ellos no forman parte de este libro".
No deja de resultar tranquilizador que un cronista tan reconocido como Di Candia no se haya inspirado en su propia vida para escribir algunas de las frases con las que su "colega", repasa su accionar el texto: "Todavía algún amigo que viene a verme, de esos que siguen creyendo que los periodistas se encargan de poner las ollas a hervir e ignoran que en realidad son los que se queman con ellas..." o "... Nunca he tenido claro si haber sido periodista fue algo que llenó de méritos mi vida o configuró un oprobio por el que mis semejantes deberían condenarme a un olvido atenuado por la piedad". Esto hubiera sido una salvaje confesión de parte.
"No, en realidad no creo que la gente me odie demasiado", dice Di Candia. "Pero el periodista que no revuelve el avispero y se dedica a ‘tirar centros’ para que otro cabecée, pasa desapercibido al final".