ALESSANDRA STANLEY I NEW YORK TIMES
Cuando una cadena televisiva como CBS no envía por adelantado videos para reseñar la muy anticipada "sitcom" (comedia de situación) Mi gran vida griega, eso no implica necesariamente algo malo. Pero, no obstante, es como cuando el doctor llama al paciente para discutir los resultados de los análisis personalmente: es imposible no sentir una pizca de miedo.
El primer episodio de la comedia televisiva basada en la película Mi gran casamiento griego no estuvo nada mal, pero hubo suficientes ausencias para preocupar a aquellos que amaron al film. Hasta el momento, Mi gran vida griega tiene todos los chistes previsibles y risas grabadas de una "sitcom" común y corriente, pero no exhibe la sombría perspicacia (o mirada penetrante) y el ingenio que hizo de la película la producción independiente más exitosa de todos los tiempos.
Las "sitcoms" basadas en películas no tienen destacados antecedentes. Por cada M.A.S.H., hay una docena de productos que se cancelan luego de una temporada, como Ferris Bueller (1990, NBC) y los dos intentos de trasladar Casablanca a la pantalla chica (1955 y 1983 respectivamente).
PROXIMIDADES. Tal vez paradójicamente, uno de los problemas de este emprendimiento es que la película en sí ya era una gran "sitcom": un afectuoso pero nítido retrato de una familia greco-estadounidense autoritaria. El film ofrecía todos los simples placeres del entretenimiento televisivo, como también una historia de Cenicienta con una vuelta de tuerca anti-Hollywood: la heroína tenía treinta años y era genuinamente poco atractiva. Incluso después de enamorarse de su príncipe concheto, su presencia en la pantalla no tenía nada que ver con Julia Roberts o Jennifer Lopez.
Una vez que la historia se adaptó para la pantalla chica y la Cenicienta se casa, la serie se adentra en los conocidos terrenos de la comedia familiar con amantes unidos por lazos políticos, vista en series como Todos aman a Raymond (esto no es un fórmula que garantice el éxito fácil, como lo prueba la nueva serie de Dennis Farina, cancelada recientemente). Mi gran vida griega, que ubica la historia del film inmediatamente luego de la boda, está pensada para emitirse después de Todos aman a Raymond para aprovecharse del éxito de ésta.
Ayuda el hecho de que prácticamente todos los protagonistas de la película retomen sus papeles en la serie de televisión, a excepción del novio de la protagonista John Corbett, quien ya cuenta con una serie propia (llamada Lucky). En su lugar está Steven Eckholdt, un experimentado actor de "sitcoms" (la abuela senil que profiere insultos a los turcos fue excluida del episodio debut. Tampoco sobrevivieron las referencias a los poderes curativos del líquido para limpiar ventanas Windex).
Así como en la película, lo mejor de la serie es la heroína, interpretada por la actriz y guionista Nia Vardalos. Su obra de teatro unipersonal impulsó a Rita Wilson —actriz y productora y esposa de Tom Hanks— a desarrollar una película sobre la pieza dramática. Wilson también desarrolló la idea para una "sitcom" y se la vendió a CBS.
Vardalos es una actriz original, que no se parece en nada a la mayoría de estrellas femeninas de cine y televisión. En esta serie, sin embargo, suena como cualquiera de la media docena de personajes de "sitcoms", incluida la asistente interpretada por Sara Rue en Less than perfect, quien basa su performance en un homegenizado sarcasmo.
Hay posibilidades de que la serie mejore si los guionistas se afianzan. Con un estilo ágil y mucha expresividad facial, Vardalos le da vida al humor idiosincrático que los guionistas dejan afuera del libreto. Para el show televisivo, Vardalos y los productores decidieron hacer un saneamiento y eliminar las aristas más oscuras de la película: "En el proceso de adaptación, quisimos que la serie tuviera un tono más acorde a los tiempos que corren, apuntando a que sea más accesible", dijo Vardalos en una entrevista.
"Accesible" es una palabra preocupante. Demasiado a menudo, es el equivalente televisivo de un camembert pasteurizado: comerlo no implica ningún riesgo, pero tampoco es demasiado rico. El patriarca Gus Portokalos, interpretado por Michael Constantine, sacaba su gracia del mundo claustrofóbico y húmedo que dirigía con mano de tirano tambaleante. Ahora, en un ambiente más actual, el control que los padres pueden ejercer sobre sus hijos es menos creíble. Y ya que los recién casados aparentan haber cumplido treinta años hace rato, la presión de los padres por nietos no parece para nada absurda.
Los guionistas confían demasiado en la familiaridad de los espectadores con la película. Cuando el padre le disputa a su yerno la afirmación que las ruinas de Stonehenge son más antiguas que el Partenón, aquel se limita a gritar que "los griegos construyeron las ruinas de Stonehenge". Eso es solo gracioso si uno vio la película y se acuerda que Gus Portokalos se esforzaba constantemente por conectar cualquier síntoma de la civilización, incluida la palabra "kimono" a la era de Pericles.
Las "sitcoms" son una especie en peligro de extinción, desplazadas por la popularidad de reality shows, más baratos de producir y menos arriesgados. Mi gran vida griega merece la oportunidad de superar las dificultades iniciales y encontrar su propia voz. Como lo demostró Todos aman a Raymond, un buen elenco es crucial, pero es el libreto que hace que una fórmula repetida se perciba como fresca.
Hanks y su esposa detrás del acuerdo
Puede parecer un acto casi mágico pero no lo es. En medio del proceso de producción y lanzamiento de Mi gran casamiento griego, sus productores (la pareja compuesta por Rita Wilson y Tom Hanks) hicieron un acuerdo con la cadena televisiva CBS para convertir la película en una comedia seriada. Eso ocurrió a mediados del 2001. Ahora, con el título My Big Fat Greek Life (Mi gran vida griega) fue emitido el primer capítulo el pasado domingo en Estados Unidos.
La fidelidad entre película y seriado es total, con las variaciones argumentales del caso, ya que la historia en televisión arranca con el matrimonio de la película volviendo de su Luna de Miel. A ellas se sumaron los cambios de nombre oportunistas (el personaje del film que se llamaba Toula, ahora es Nia) y los obligados por la indisponibilidad laboral de quien fuera la pareja de la actriz en el film: el actor John Corbett estaba comprometido con la serie Lucky, por lo que fue sustituído por Steven Eckholdt, un amigo de Vardalos que además está casado con una griega. Lainie Kazan y Michael Constantine vuelven a ser los papeles de padres. Pero hay participaciones especiales, como la del cantante Joey Fatone, de N’Sync, como uno de los primos de Nia.
Hay que recordar que el film que costara cinco millones de dólares y recaudó doscientos cuarenta millones sólo en Estados Unidos, compite por los Oscar en la categoría mejor libreto original. La serie de tevé continuará saliendo al aire los domingos en Estados Unidos.