Los Angeles | EFE. El rotundo triunfo de audiencia de "Joe Millionaire", un "reality show" centrado en un supuesto millonario que elige novia por eliminación de concursantes, ha demostrado que la televisión basura es una mina de oro.
Alrededor de 40 millones de espectadores siguieron las tribulaciones de Evan Marriott, un apuesto obrero que se hacía pasar por millonario, cuando pidió la mano de su elegida, Zora Andrich, quien dijo que sí incluso después de saber que, de dinero, nada.
Se trata de la audiencia más alta registrada en la televisión estadounidense al margen de las retransmisiones deportivas o de la ceremonia de los Oscar, que con todas sus estrellas y oropeles "sólo" alcanzó el pasado marzo los 41,8 millones de espectadores. Sin embargo, este éxito no ha sido una casualidad, sino la prueba de que la llamada "televisión basura" es la que domina el mercado.
Tan sólo series como "Seinfield" o "Twin Peaks" han sido capaces de acumular la misma audiencia en masa que ahora provocan programas como "Joe Millionaire" o "American Idol" y eso fue hace más de una década.
Como afirma la revista "Time", por muy vilipendiados que sean estos programas, faltos de ética y que se nutren del deseo de fama de sus protagonistas, su existencia se ha convertido "en lo mejor que le ha ocurrido a la televisión en años".
"Es una ironía que la llamada muerte de la cultura estadounidense sea el fenómeno más popular de esta época", subrayó la actriz Laura Linney, graduada de arte dramático en la famosa escuela Julliard y candidata al Oscar por "You Can Count on Me". No obstante, añadió aquello de "pero, pese a todas las críticas, yo también vi ´Joe Millionaire´".
A pesar de las innumerables críticas que ha recibido este tipo de programación, su continuado éxito parece asegurar su supervivencia.
De hecho los productores de la cadena Fox, que emitió "Joe Millionaire", ya están pensando en una segunda parte dado su éxito.
Además, junto a la buena marcha de "Los Osbournes" (sobre la vida de la excéntrica familia del cantante de rock duro Ozzy Osbourne), "High School Reunion" (que reúne a antiguos compañeros de estudios), "Survivor" (grupo sobreviviendo una situación extrema) o "American Idol" (desconocidos en busca de la fama), nuevas propuestas se quieren unir al éxito.
Entre ellas están 2American Candidate", buscando al candidato popular para las elecciones presidenciales del 2004, o 2Around the World in 80 Dates" (soltero americano busca novia alrededor del mundo), además de la posible adaptación de "The Beverly Hillbillies" ( Los nuevos ricos ) pero con gente de verdad.
Una fiebre por el reality TV que, en opinión de la crítica, a largo plazo significará la muerte de este medio, dado que las cadenas, acostumbradas al bajo coste de estos programas y sus pingües resultados, no querrán invertir en otros géneros.
Es una posibilidad, aunque por el momento lejana, dada la atracción que genera esta televisión basura cuya única premisa, la de mostrar situaciones reales en lugar de las edulcoradas y manidas series, es falsa dado que todos los concursos requieren una preparación y una puesta en escena que elimina su realismo. Tampoco queda claro a estas alturas a qué se debe este éxito, aunque son muchas las teorías elaboradas sobre el tema.
Por un lado, están los que defienden que es el producto perfecto para las nuevas generaciones que crecieron viendo "The Real World" en MTV, programa que seguía las vidas de una pandilla de jóvenes que vivían juntos en una misma casa.
También están los que recuerdan que este apetito por las debilidades de la humanidad no es nuevo, como demuestran todos los programas en los que una cámara indiscreta ha captado las bromas más pesadas para divertimento de los espectadores.
Como resume Linney, está clara la dudosa integridad de estos programas, pero "es el escape más frívolo y apropiado desde el 11 de setiembre y en medio de los tiempos que corren".