Leonel García, de la redacción de El País Digital
Hace tres lustros atrás, el actor estaba en su casa, tirado en su cama, sobrellevando las horas previas al estreno con la mayor tranquilidad posible. Los nervios estaban motivados no tanto por una eventual desconfianza en la obra, dinámica, delirante, con fuertes dosis de humor negro, destinada a un público joven que no se sentía del todo identificada con la cartelera teatral, sino por la necesidad de recuperar los quinientos dólares que costó su compra a los autores, los brasileños Miguel Magno y Ricardo de Almeida. Entonces, Fernando Gabriel Enciso Balparda, más conocido como Petru Valensky para la farándula montevideana – si es que eso existe – le dijo a una amiga que lo acompañaba en esos momentos de incertidumbre: "o esto dura una semana o es para toda la vida". El 6 de febrero de 1988 se estrenaba "¿Quién le teme a Italia Fausta?" Y para recobrar lo invertido fue necesario mucho menos de quince años.
De esto y mucho más se estaba acordando Valensky (45) el sábado 8 de febrero de 2003, el día del gran festejo por los quince años, mientras el tiempo transcurría lentamente hacia las 23:30, hora de la función. Muchas cosas le pasaron por la mente: su encuentro con el director Omar Varela - con quien no se conocía - cuando le propuso formar parte del emprendimiento; "New face de piedra", el café concert que estaba realizando en Controversia (un local que quedaba en el centro de Montevideo, en Río Branco entre 18 de Julio y Colonia) cuando llegó el ofrecimiento; su trabajo en una veterinaria; el primer elenco, junto a Jorge Elías y Estela Mieres, sustituidos a partir de la segunda temporada por Luis Charamelo y Virginia Méndez hasta hoy; los tiempos en que caminaba desde su casa al ensayo porque... o se pagaba algo para comer, o el boleto para evitar la caminata.
Durante febrero, se harán las últimas presentaciones en Montevideo en el Teatro del Anglo, luego Italia Fausta recorrerá el Interior del país.
"El festejo fue impresionante, muy emocionante", cuenta. "Yo venía de hacer ‘La bien pagá’ - donde actué casi afónico, muy angustiado – y por contrato teníamos que estar dos horas antes para probar micrófonos y todo eso. Entonces tuve una hora libre, maquillado y vestido, recordando cosas con Alvaro Borges (N. de R. asistente de dirección; junto con Varela y Valensky, los tres que están en el proyecto desde el vamos), los que se fueron, los que nacieron, anécdotas... Viendo fotos de años anteriores, críticas, viajes, vivencias y de todo lo que vivió el grupo de Italia Fausta".
¿Usted era nuevo en el teatro "grande" cuando empezó en Italia Fausta?
Sí, hasta ese momento hacía café concert y teatro para niños. Yo no tuve formación actoral, fui autodidacta. No puede hacer escuela porque... yo me quedé solo en el país y tenía que trabajar, bañaba y vacunaba perros en una veterinaria. Estuve un tiempo con Antonio Baldomir en la Asociación Cristiana de Jóvenes, pero no llegué a terminar el curso.
¿Se puede decir que es la primera obra en la que actores y público interactúan?
Carlos Perciavalle ya se metía con el público, pero como obra totalmente interactiva es la primera. Alguna gente se aterraba al principio, ¡incluso al día de hoy! El sábado vino gente de la Comedia Nacional que nunca la había visto antes, pero con ellos no me iba a meter, cuando conocés a la persona no tiene la misma gracia.
¿Cómo elige a la "víctima"?
Me basta con que no lo conozca. Además, los años me han dado cierta psicología, los tímidos son los primeros en caer. Eso sí, si me dicen que no, elijo a otra persona.
Para usted, ¿qué hicieron para permanecer quince años en cartel?
Hay una mezcla de todo: frescura, desfachatez, lenguaje natural y ganas que le ponemos a la obra. Aparte se conjugaron muchas cosas, los actores, directores y personal de la compañía somos como una familia, viajamos mucho juntos, hicimos temporadas muy largas, nos incorporamos al mundo de cada uno, de manera natural se dio un entendimiento muy estrecho. Por supuesto que hay discusiones, pero a los dos minutos está todo resuelto.
Es una obra que tiene momentos de enorme velocidad y que requiere una gran sincronización, sobre todo entre usted y Charamelo, ¿cuánto tiempo insumió de ensayo?
Nosotros no tuvimos mucho tiempo de ensayo, habrá sido un mes a lo sumo. Omar Varela es un hombre que te muestra qué es lo que quiere transmitir y vos ponés el resto. A mí siempre me gustó trabajar así: observando sobre todas las cosas. Sin embargo, la obra es un 90% de libreto y un 10% de improvisación.
En quince años fueron necesarios varios retoques, ¿cómo manejan el tema de las actualizaciones?
Estamos continuamente muy informados, no solo por esta obra sino por todas las que monta la compañía. Y ahí cambian los temas, ahora pueden estar los hermanos Peirano, pero en otros momentos estuvieron las elecciones, los referéndums, Pablo Goncalvez...
¿Y no tuvo problemas por tocar temas tan delicados?
Yo siempre digo que lo que hablamos es verdad, y todo el mundo lo sabe. Ahora, hay muchas veces en que pienso "mirá de lo que me estoy riéndo".
Omar Varela dijo en televisión (más precisamente en Canal 10) que esta es una obra en la cual los hijos llevaban a sus padres, al revés de lo que pasa habitualmente.
Lo que pasa es que hubo una corriente de público joven, al que apuntábamos en un principio y creo que fue una de las bases de nuestro éxito, que luego trajo a sus padres y ellos a sus amigos. Esta obra funcionó sobre todo con el boca a boca, en esos años no había tanto marketing. Hace poco vino un muchacho con su hijo, que tendría trece o catorce años, y nos dijo "la primera vez que los vine a ver, estaba en la panza de la madre", ¡esas cosas te desarman!
Más allá del humor reinante en la obra, los personajes no son agraciados: hay una reina boba, una mujer golpeada por su marido, una limpiadora que quiere ser actriz, ¿cómo se trabaja la demencia y el delirio superficial con las historias tristes subyacentes?
Es que la vida es eso. Picos de euforia con momentos de tristeza por aspiraciones no realizadas. Son personajes muy psicológicos, muy raros y al mismo tiempo, muy comunes. Se explota un poco la faceta humorística desde su costado más negro y absurdo. Vuelvo a decir, muchas veces pienso "mirá de lo que me estoy riendo".
Usted siente atracción por esos personajes morbosos.
Me gustan los personajes rebuscados, que existen y no los queremos ver, o directamente los tapamos. Como el travesti de "El Chevrolé".
Según Valensky, este es el caso único en el país que una obra le da nombre a una compañía teatral. Confiesa que no se llegó a quebrar la noche del sábado 8: "por ahí el proceso lo hago después, todavía estoy muy contenido". Pero la emoción todavía le dura en la mirada. Habla en voz baja, sin subir el volumen de su voz, muy lejos a la avasallante y explosiva personalidad que muestra sobre las tablas. Eso sí, no rehuye a ninguna pregunta del entrevistador y se presta sin asomos de divismo a las sugerencias del fotógrafo.
En algunos momentos se lo ve feliz, orgulloso y divertido, como cuando muestra un afiche que anunciaba las tres presentaciones que hicieron en el Teatro Solís (11, 12 y 13 de diciembre de 1993, a sala completa), o cuando cuenta la vez que se cayó del escenario en medio de una actuación; pero en otros – sobre todo cuando alude a los recuerdos, "a los que se fueron" – deja traslucir una suerte de tristeza. ¿Por qué será que todas las personas que se dedican, o son asociadas, al humor dejan esa sensación? Ridi Pagliacco.
Usted comentó que el sábado pasó recordando a los que ya no están, ¿perdió mucha gente en estos quince años?
Muchísima. Perdí a mi padre, varios amigos, mi familia se fue a vivir a Asunción, Paraguay, me mudé seis veces de casa, muchos cambios... Y siempre estuvo la compañía Italia Fausta al lado de cada penuria. Y en cada momento, desde que no teníamos un mango hasta que pudimos conseguir algo más.
¿La obra le significó un gran auxilio económico?
Sí, a mí y a mi familia. Yo antes comía salteado, trabajaba en una veterinaria y me iba caminando desde mi casa en el Buceo hasta la Asociación Cristiana para ensayar. Justamente, el otro día me acordaba del fainá y la Coca Cola que me compraba. O era eso o el boleto de ómnibus. También hay muchos recuerdos lindos, la gente del ambiente artístico que siempre nos han tenido un cariño muy especial, y el trato maravilloso que tuvimos por la prensa.
¿Le daba importancia a la crítica?
Yo le doy importancia a que me valoren el trabajo, que me reconozcan el sacrificio. Pero conmigo siempre se han portado muy bien desde el ’88. Por ahí, algunas críticas eran algo rebuscadas, porque no entendían si se trataba de café concert o teatro...
¿Y usted que piensa que es?
En realidad, es algo que los brasileños llaman "besteirol". Yo diría que es café concert hecho en teatro.
Hoy Petru Valensky es una figura harto conocida en el ambiente uruguayo. No solo por su trayectoria teatral, sino por su participación en radio, cine ("El Chevrolé" de Leonardo Ricagni) y televisión (De igual a igual y Decalegrón acá, y también en el extranjero), además de la realización de eventos privados casi todas las noches. Actualmente, está junto a Marcelo Galli en "Dos por noche", en el nuevo canal de cable VTV, y está filmando "Pettigo", película dirigida por Silvia Antúnez.
Pero hace quince años, cuando era prácticamente desconocido, Valensky sorprendía por su electricidad y desfachatez en el escenario, y por asumir naturalmente su homosexualidad, un tema que aún hoy provoca carraspeos e incomodidad en muchos ambientes.
¿Alguna vez tuvo problemas por vestirse de mujer?
Sí, al principio cuando era poco conocido. A veces tenía que ir corriendo de una sala a otra vestido de mujer y más de uno se sorprendía. Yo no lo hago porque me guste sino porque es mi trabajo, tengo eventos todas las noches. Con el tiempo, el pueblo uruguayo se acostumbró.
¿Somos pacatos por demás?
Yo creo que sí, somos estructurados, armados, hasta te diría amargados. Tenemos una careta para cada situación y a veces actuamos con ella puesta, a pesar que no nos demos cuenta.
Está hablando en plural, ¿se incluye?
No, jamás. Por eso lucho contra eso. Yo soy el mismo en todos lados. Los años que me toque vivir lo voy a hacer con dignidad.
¿Nunca se sintió discriminado por su sexualidad?
Nunca, jamás. Me ayudó el hecho que siempre me mostré tal cual. Eso sí, nunca hice una bandera de mi sexualidad sino que lo tomé con mucha naturalidad. Mi familia me ayudó, era muy liberal.
Su familia está en Asunción, ¿los ve seguido?
Cada tanto, no puedo viajar mucho hacia Asunción por razones laborales. Pero a veces vienen, o si no, hago una escala ahí cuando vuelo a Estados Unidos.
¿Por qué motivos viaja?
Por trabajo, por mis unipersonales, especiales para televisión, como los que hacía en Asunción junto a Perla Fernández (conductora televisiva paraguaya ya fallecida) todos los fines de año. También estuve junto a Nicolás Repetto, Reina Reech, grabé comerciales en Estados Unidos. Ahora tengo una propuesta para el ciclo "Sexto sentido", que se hace en el teatro Teresa Carreño de Caracas y lo emite HBO, en una de esas sale adelante.
Entonces puede comparar otros públicos con el nuestro.
Sí, pero no puedo opinar porque acá ya me conoce todo el mundo. En otros lados, que no saben quien soy, se sorprenden y fascinan.
"O dura una semana o es para toda la vida", dijo un casi desconocido Fernando Gabriel Enciso Balparda tirado en una cama antes del estreno de la obra que le dio nombre a una compañía. Quince años después, presenta las últimas funciones en el Teatro del Anglo antes de ir de gira por el Interior del país. Es claro al afirmar que esta celebración es muy lejos de considerarse un punto final.
Pero nada es para siempre: como final profesional, el ya muy reconocido Petru Valensky ha fijado sus cincuenta años, que coincidirá con los veinte años de "¿Quién le teme a Italia Fausta?" "No soy de ponerme metas, a no ser en mi vida privada. Siempre pienso que el gran espectáculo de mi vida, el gran momento, está por llegar. Eso es lo que me permite seguir haciendo cosas".
¿Y cuales serían sus metas personales?
Retirarme a los cincuenta años, dentro de cinco, irme a vivir a Santa Ana y disfrutar lo que me quede por vivir. Ya he logrado todo lo que me he propuesto.
¿Y su gran momento que dijo? ¿No creé que le seguirá picando el "bicho" del escenario?
No, ya conocí e hice todo lo que quise. Desde niño soñé vivir donde vivo, de la manera que vivo, con la gente que vivo y haciendo lo que hago. Tal vez porque no soy un tipo ambicioso, nunca añoré mucha plata ni lujos, con lo que tengo me basta. Reconozco que es una filosofía de vida muy especial.
Ridi Pagliacco.