Para siempre los Estones

Nunca los llamamos por su nombre y apellido, los Rolling Stones. La cambada les decía los Rolin. Pero los de la barra roquera los llamábamos los Estones, a secas.

Fue tal el bajón que me agarré viendo la nueva de Batman que apenas terminada la película me metí en la sala de al lado a ver la de los Rolling Stones: Shine a Light.

Y no me fallaron. Los abuelos del rock no me fallaron.

Aclaremos, lo que me bajoneó de Batman es que parece que está escrita por Dick Cheney, el siniestro vicepresidente de los Estados Unidos. Esa cosa de meterle miedo a la gente y propagandear el modelo de un poder secreto y sin control, sin ley y sin garantías, que sería el que nos va a proteger. Con torturas incluidas.

Se equivocaron los que afirmaban que el escritor inglés George Orwell era el mayor visionario del siglo XX, que anticipó el estado súper-totalitario, etc.

El escritor más visionario fue Ian Fleming, el autor de James Bond. Él anticipó un mundo en donde terroristas sin patria, como Osama Bin Laden, capaces de cualquier cosa, se enfrentan con servicios secretos de países capaces de cualquier cosa. Onda Dick Cheney.

Una especie de guerra privada, que les da poder a los dos, y deja al resto del mundo en Babia.

Eso es exactamente la ideología que promueve este nuevo episodio de Batman. Por eso me dio el bajón y por eso me metí de cabeza a ver a los Stones.

Aclaremos, nunca los llamamos los Rolling Stones, pronúnciese Stouns.

La cambada les decía los Rolin, con una sola ele y sin ge al final.

Pero los de la barra roquera les decíamos los Estones, a secas.

Y así quedaron, los Estones para siempre.

Martin Scorsese ya había demostrado que sabe hacer películas sobre y con música.

New York, New York es una película buenísima sobre el ambiente del jazz en los 40.

Luego, con The Last Waltz, que no me acuerdo cómo la titularon en español (N de R: El último rock), le rindió un tributo sobrio y quizás inesperado al grupo The Band.

Los muchachos de Robbie Robertson se ganaron el respeto del mundo acompañando a Bob Dylan y con un par de discos notables.

Interesaba ver que hacía Scorsese cuando pasaba del Cadillac a la Ferrari. The Band nunca tuvo el cartel de los Estones.

Robertson no tiene el carisma de Jagger. Pero hay un parecido: ambas son bandas honestas, de músicos que sin ser tremendos virtuosos, juntos hacen un rock fantástico. Hacen MÚSICA.

Hay un momento en la película en que eso queda muy claro. Le preguntan al mafra de Ronnie Wood quién es mejor guitarrista, si él o Keith Richards. Por supuesto Ronnie dice: "Yo soy el mejor guitarrista y Keith lo sabe".

Entonces van y le preguntan a Keith Richards. Y él contesta: "Somos los dos bastantes horribles, pero juntos sonamos mejor que otros diez guitarristas juntos".

Justo en el clavo. Pepe Guerra y Braulio López no tenían las mejores voces ni eran los mejores guitarristas del mundo. Pero juntos fueron Los Olimareños.

Hay guitarristas con más dedos que Bernardo Aguerre y Carlos Da Silveira. Pero acompañando a Darnauchans ellos eran los mejores del mundo. ¿Me explico?

Algo bueno de las películas sobre música de Scorsese es que el director y la cámara casi ni se notan. Esta película tiene un poco de narcisismo al principio, donde Scorsese es un personaje mas al lado de Jagger, Richards y el taciturno Charlie Watts. Pero se pasa rápido.

Está bueno ver la desesperación de Scorsese porque Mick Jagger, que hace personalmente la lista de temas para cada concierto, no se la da a nadie, ni a gancho, hasta el momento de empezar.

Y hay que ver la lista. Nada de computadora ni nada. En un papelito, con birome, como nosotros en los tiempos de Planeta Blues, tocando en Taj Mahal o en Alemdalenda.

Hay unas pocas inserciones de material de archivo. La más alucinante es cuando le preguntan a Mick Jagger, que tenía 25 años, si se ve haciendo lo mismo a los 60.

Y el Jagger va y contesta, sin dudar: "¡Sí, fácilmente!". Sabremos cumplir, dijeron los Estones. Sesenta y pico, y siguen en la trinchera.

El que piense, sí, pero son los Estones, y así cualquiera, se equivoca de medio a medio. Ser músico es un oficio duro, duro con el físico, con la salud y con la mente. Especialmente el rock, con las exhaustivas giras y los miles de decibeles. Lo de los Estones no es milagro. Pero casi.

Ah, Bajo Fondo estuvo en Chicago. Parece que anduvieron muy bien. No pude ir porque estaba dando clase en la Universidad. Que me perdonen Luciano y los otros tsicos. A ver si consigo fotos y las mando.

barilarius@yahoo.com

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