Inmigrantes de sonidos

La Sala Zitarrosa fue el escenario de la presentación de Emigrantes, segundo disco de Los Casal. La música como protagonista. La familia también.

2008-08-23 00:00:00 600x445

Por: Martín Cajal

Cuando un músico viaja, absorbe de forma automática la cultura ajena. Juanjo Casal vivió un tiempo en Inglaterra e Irlanda, y tal experiencia le sirvió para la formación de Los Casal, banda integrada en su mayoría por familiares y que desde hace seis años toca música celta fusionada con distintos géneros. El sábado presentaron en la Zitarrosa su segundo trabajo Emigrantes, en versión semi-acústico, hicieron alguna que otra revisión de su álbum anterior y encararon temas inéditos. 19 canciones de raíz celta, alimentada de música escocesa, flamenco, jazz, rock, pop, arreglos hindúes, barrocos... Un armazón heterogéneo que evidenció la solidez del grupo y, sobre todo, de su propuesta; una vía compositiva ya decidida y proyectada, que parece tener una vida infatigable, sin necesidad de que introduzcan modificaciones. Porque cuando una banda halla su terreno de una forma tan contundente y precisa, puede deslizarse por ahí sin tener que evolucionar. Y eso va más allá del virtuosismo de cada miembro: pueden hacer siempre lo mismo por la simple razón de que ellos saben qué quieren y el público sabe qué va a encontrar. La pautas están marcadas, el pacto ya está cerrado. Sólo queda escuchar.

Durante poco más de una hora, Los Casal suspendieron al público por territorios de intenso sabor europeo. Apretaron el botón de "despegue" de los escuchas reunidos, el viaje comenzó y la pasividad "músico que toca"- "público que escucha" se derribó. Sin necesidad de grandes despliegues visuales ni de interacciones ocurrentes. Sólo con música, luces prudentes, y alguna danza coreográfica de mujer, que acompañó la ambientación creada por estos siete instrumentistas. Porque la propia personalidad de Los Casal cuenta con un rasgo que permite esa "actividad" entre ambas partes, que no sea un mero espectáculo de música instrumental. Ese aspecto corre por cuenta del "dinamismo" de sus composiciones, las que parecen tener vida propia: los sonidos van de un estado a otro, ascienden, descienden, vuelven a elevarse, se mantienen apacibles, reiteran la escalada... Esa impaciencia de sonidos apresó la atención del público, lo convirtió en un "partícipe" que moldeó como quiso esas texturas. Gracias a la impronta de cada miembro, las canciones mantuvieron una tónica bastante homogénea, cierta constancia que es la que avala esa suerte de "pacto": las guitarras pacíficas de Juanjo, la expresividad eléctrica de Juan Martín, vientos frenéticos y veloces, la gaita ensordecedora, un violín histérico y agudo, un bajo sobrio y macizo, baterías que por momentos tuvieron cierto gusto candombero. Hubo instancias de protagonismo para cada instrumento, varios duetos y, en general, esa ejecución en perfecta - "familiar"- coordinación. Si hubiera que resumir qué sensaciones provocaron en esa hora y pico, podrían englobarse en dos palabras: júbilo y paz. Como contemplar un amanecer gigante, con la cabeza en pausa, mientras un rumor de entusiasmo también gigante asoma de a poco.

Del extenso repertorio, se destacaron Ballinteskin Omeath, canción compuesta por Juanjo, cuyo nombre pertenece a una montaña de Irlanda donde vivió el compositor; Endorfinas, un tema "a lo Jethro Tull"; y Emigrantes, la canción que titula su segundo álbum (editado este año por el sello Sondor). Por allí estuvieron algunos de los momentos más altos de este espectáculo que supo cómo recoger la esencia de cada género y cómo enriquecerlas .

Además de las composiciones propias, la banda interpretó varias obras celtas tradicionales y versionó La Casa del Rey (de la banda holandesa de rock progresivo Focus), Madera Noruega de los Beatles y All Apologies de Nirvana. Hacia el final, Candombe Gaita, una fusión candombe-irlandesa en la que cuatro Casal se prestaron para golpear al mismo tiempo la batería, mientras una gaita arrasadora inundaba la sala. Los Casal fueron, por hora y pico, inmigrantes de sonidos, expertos de la fusión, y lograron emigrar por un momento a su público; a través de sonidos lejanos, extranjeros pero que para la banda ya parecen ser autóctonos.

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