Country-rock | (warner)
Antes de formar Tom Petty and the Heartbreakers y Travelling Wilburys, Petty integró una banda llamada Mudcrutch, allá por los setentas. A mediados de esa década se separaron y sin dejar disco. Después de más de treinta años, Tom los reunió, volvieron a tocar y para sellar su primer álbum, grabado en tan solo dos semanas. Lo que este disco de nombre homónimo hace es ratificar varias cosas. En primer lugar, la sintonía creativa de sus miembros, quienes después de tanto tiempo logran apandillarse y sacar un debut portentoso de canciones nuevas, y algunas versiones de temas estadounidenses clásicos como Shady Grove, June Apple o Six Days No he Road. También confirma el talento de Petty, opacado por titanes como Dylan, Neil Young o los Byrds, pero que en ocasiones (y en este álbum en varias) roza su nivel, y con una marca sonora reconocible, propia. Por último, y sobre todo, el disco muestra la fuente inagotable del pasado: cómo los sonidos primitivos tienen posibilidades musicales inacabables, sin necesidad de la imitación…Si hay una pandilla de veteranos que saben dirigirlos a través de lo propio. Porque Mudcrutch debuta con un rock-pop y country bien tradicional pero con estilo. De este modo, componen un trabajo conformado de guitarras frenéticas, voces veteranas y afectuosas, rasgueos en clave balada, teclados y punteos bien de salón del oeste. Petty y compañía hacen que el rock, el country y el pop interactúen, que se nutran y acompañen, logrando de este modo un camión de sonidos rudos, ásperos y vitales. Un camión sonoro para escuchar durante un viaje por carretera, donde el polvo, el motor y los paisajes rurales son parte del escenario de esta "banda sonora rutera", hecha a medida para un recorrido agreste y despreocupado.
La banda se mantiene fiel hacia lo que fueron, hacia cómo sería efectivamente un álbum de ellos, sin importar la distancia del tiempo. Cinco veteranos que se juntaron, resucitaron la esencia de antaño, la trajeron a la actualidad con respeto y así registraron de forma definitiva el paso de Mudcrutch por la historia de la música. La motivación de sacar por fin un álbum y la comprensión entre ellos debe haber sido grande para que en tan solo diez días den a luz una obra con picos (Scare Easy, Crystal River, Oh Maria), rumbo definido y sin bajadas.
Hideaway
The weepies (NETWERK)
The Weepies es una banda con Deb Talan y Steve Tannen al frente. Su música va por el pop-folk juvenil pero sin los elementos negativos y en apariencia predecibles de esa combinación, al menos no en todo el disco. Con poco, estos jóvenes animan, tranquilizan, provocan melancolía, ternura...Pero en canciones específicas tienen el problema de caer en lo llano y dulzón; cuando no, los estadounidenses logran emocionar y adherir con la tranquilidad folk, las melodías juveniles y las voces infantiles de sus integrantes. Hideaway es el cuarto álbum de la banda, el cual encaja para una escucha matutina, salteando algunos tracks demasiados lisos, alejados del nivel medio del disco. Wish I Could Forget y Old Coyote, temones.
Nothing but the best
Frank Sinatra (warner)
Una colección de "grandes éxitos" debe guardar algún plus que en sí mismo sea atractivo como para motivar su compra; y más en un artista que tuvo más recopilatorios que discos oficiales. Frank Sinatra: Nothing But The Best se publica por el décimo aniversario de su muerte, y posee tres imanes. Por un lado, una selección remasterizada de 22 canciones de este cantante que popularizó el jazz y ocupó un sitio indiscutido en la historia de la música, por esa voz profunda y vibrante, por ese sonido urbano, nostálgico, festivo. A su vez, una versión inédita de Body and Soul; y la inclusión de un DVD que registra un concierto de "La Voz" en el Royal Festival Hall. Para descubrir o redescubrir.
Narrow stairs
Death cab for cutie (atlantic)
Sexto álbum de este grupo norteamericano de indie-rock y pop, conformado de viajes breves de guitarra, la voz limpia y jovial de Ben Gibbard, el pulso del tecladista, generador de sonidos simultáneos y múltiples, crescendos que provocan pura vitamina... Una canción gigante dividida en varios temas: esa es la impresión tras escuchar lo último de Death Cab For Cutie, que sobresale por la claridad de la propuesta, como si la banda ya hubiese resuelto su búsqueda artística. De ahí que Narrow Stairs parezca un álbum conceptual, porque hay un hilo irrompible desde el tema uno al once: un sonido perfilado, y ya encaminado para próximos trabajos.