Superhéroe a la uruguaya

Esta inteligente parodia se ha ganado un lugar más bien inesperado en medio de la bobería generalizada de los estrenos hollywoodenses del año.

Hancock se escapa a la regla. En el reino del Hombre Araña y Batman, un héroe negro, pobre, acomplejado y perezoso como él, no parecía tener ninguna chance.

En realidad, todos los superhéroes que conocemos son carne de diván. Presentan todo tipo de complejos y necesitan terapia urgente.

Ni hablemos del corso a contramano que tiene el Hombre Araña.

La doble personalidad de Superman-Clark Kent o Batman-Bruno Díaz, no se vive sin pagar un precio.

Superman nunca pudo convertir sus franeleos con Luisa Lane en algo en serio.

Batman, además de andar por ahí de noche disfrazado de murciélago, con orejitas incluidas, presenta su situación no resuelta con Robin, rayana en la pedofilia.

Ninguno de ellos logra asumir el tema de la paternidad y la familia. Ni siquiera la pareja.

Y encima andan todos, incluyendo a Aquaman, Flash, Linterna Verde y toda la barra, en mallita de licra y con los calzoncillos por afuera. Y Flecha Verde con la plumita.

Hancock se supone que es el primer superhéroe negro. Pero no es cierto.

Como muy bien saben los lectores de Sábado Show, el primer superhéroe negro fue el uruguayo Peteco, que anda volando por ahí vestido de escobillero y acompañado de su supercan, Coquito. Juntos combaten a su archienemigo, el terrible aduanero Magoya.

Más allá de ese problema de derechos, que tendrán que resolver nuestros abogados, Hancock esta muy bien.

Este superhéroe no tiene ni idea de por qué tiene sus superpoderes. Los vive más bien como una carga.

Es haragán. Anda de bajón, curte una pálida total, no tiene ningunas ganas de salvar al mundo.

Cuando se mete a intentar alguna hazaña, mete la pata hasta el fondo, porque no mide las consecuencias.

Una gracia muy común de Superman es detener un tren en marcha con la suavidad de un colchón Divino, cuando Hancock para un tren para salvar a un señor, no solamente destroza la locomotora, como es lógico dadas las leyes de la física, sino que provoca un descarrilamiento colosal de los vagones, como también es lógico.

Ya sabemos que es normal que un superhéroe tenga a la prensa en contra, como el Hombre Araña.

Hancock también tiene en contra a la opinión pública.

Es el perfecto superhéroe a la uruguaya. Vos quién te creés que sos si naciste acá a la vuelta. Vos quién te creés que sos… ¿Superman?

¿Éste? ¡Qué va a tener superpoderes! El que tiene superpoderes es el hermano, ese sí que tiene superpoderes.

Por la misma razón, y a pesar de todos los esfuerzos cholulos en marcha, es que nunca vamos tener una farándula a la porteña. Zeus nos libre y nos guarde.

De todas formas, un superhéroe uruguayo estaría bajo contrato con Paco Casal y jugando en Italia. Hasta que se le fueran los superpoderes y viniera a retirarse en Peñarol.

La pálida en la que vive Hancock está pintada con velocidad y humor. Luego viene su transformación en superhéroe de historieta, incluyendo las ropitas apretadas que cuadren con la imaginación popular.

Coincido con el comentario publicado por Analía Filosi en cuanto a que la película afloja en la segunda parte, luego de la metamorfosis.

Y es natural. Una vez que bajaste al superhéroe del caballo, como hacen en la primera parte, es difícil volver a subirlo.

Además esta vez Will Smith se acuerda de que es actor y se olvida de las caritas de lindo. Charlize Theron esta tan efectiva como siempre.

La película se ve muy bien y uno sale de cine con la idea de que ni lo subestimaron, ni le insultaron el intelecto, ni lo estafaron, ni se burlaron de uno, como pasa con el 99% de lo que últimamente sale de Hollywood.

John Williams es uno de los más exitosos compositores de música para películas.

El año pasado le preguntaron cuál era la diferencia entre hacer música para cine y música para conciertos.

Con sincero cinismo, Williams respondió: "Cuando hago música para Hollywood es como hacer música para niños".

En el mundo del mínimo común denominador, Hollywood nos trata a todos como si fuéramos párvulos.

La mayor hazaña de Hancock es darnos un recreo del jardín de infantes.

barilarius@yahoo.com

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