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Modern guilt beck
CD Recomendado | Martín Cajal

electro-pop | (Interscope)

Beck es, ante todo, un genio de las mezclas: del empleo de estilos, instrumentos y máquinas. Se divierte atando lo diverso y lo convierte en algo entero. En un juguete pop que sacude cuerpo y bocha. En discos como Midnite Vultures, Güero o The Information, el californiano revolvía los ingredientes electrónicos, órganos y guitarritas de un modo híper -juguetón y florecían melodías y coritos memorables. Modern Guilt, decimoctavo disco del compositor, se trata de un trabajo que prosigue con esos revueltos llenos de detalles sonoros coloridos que divierten y sirven para moverse. Su voz desfachatada y firme se halla más flotante, al igual que algunos coros que suspenden todo ese revoltijo heterogéneo. La exploración juguetona persiste con una cuota en cierto modo oscura, o más desfallecida y menos animante, pero que igual conserva la marca del artista, su piñata sonora. Este "chef musical" mezcla con el mismo ingenio pero lo vuelca para el lado de la psicodelia sombría. Y el nivel que consigue es más o menos el mismo que en álbumes anteriores. Como data, participa en el tema Walls la cantautora estadounidense Cat Power, quien colabora en los coros, y la producción está a cargo de Danger Mouse. Disponible por ahora en Internet, Modern Guilt dura poco más de treinta minutos, se escucha sin paradas y deja la misma sensación que un álbum (bueno) de extensión normal. Por la cantidad de matices que Beck siempre deja impresos, que provocan una distracción y cuelgue genial hacia esos soniditos electrónicos movedizos e infalibles. Asimismo, aparecen despliegues bateros - como en la etérea y excelente Chemtrails-, bajos rabiosos, delirios guitarreros sin voluptuosidades, y melodías y coros seductores. Pasa que Modern Guilt es, ante todo, un álbum de pop; la muestra precisa de cómo sería el ideal de ese género en el siglo XXI. Un trabajo que alcanza un punto alto dentro de lo que podría denominarse "pop electrónico" de los últimos años. En los sesentas, al pop se lo envolvía de arreglos orquestales, había quienes deslumbraban con ese aprovechamiento (The Beatles, Love, etc), había quienes no. Ahora mechar (o saturar) con arreglos electrónicos parece norma. Beck lo hace de forma categórica y magnética. Y en treinta y tres minutitos.

Never never love

Pop levi (counter records)

Glamoroso y divertido. Así se mueve Never Never Love, segundo álbum solista de Pop Levi, artista inglés que colaboró para bandas como Ladytron y Super Numeri. Va un paso más de pegadizo: trae una explosión pop de elementos electrónicos y acordes toscos "a lo Marc Bolan", que arman un engrudo melódico encantador, en el sentido más abarcador de la palabra: agradable e hipnótico. Para bailar, tararear sin parar o para escucharlo en la rambla sin prisa ni rumbo. A través de una batida simple y rotunda, Pop Levi aprovecha las posibilidades de la electrónica como Beck, como si fuera un niño- jugando- al tiempo que rasguea su guitarra de un modo caprichoso. Cercano a Los Campesinos y Mika, el artista inglés viene con un álbum para refrescarse un rato.

La vida... es un ratico

Juanes (universal)

Juanes saca su cuarto álbum de estudio, La vida…es un ratico, en el que mezcla algunos intentos rock con ritmos latinos como la guasca y el vallenato, y no renuncia a la base pop (comercial) de sus anteriores discos. El colombiano introduce algunos trabajos de guitarra acertados, pero el producto se cae por la liviandad de sus letras, en constante roce con los lugares comunes y una expresión que de tan evidente se vuelve simplista, sin efecto. Además, Juanes rompe su potencial para la composición de hits "románticos". Porque satura el formato canción, lo ampolla con una repetición excesiva de estribillos y melodías. Produce Gustavo Santaolalla.

Set the mood

David Jordan (universal)

Pop con R & B contemporáneo y alguna mecha folk es lo que reúne este joven inglés, David Jordan, en su primer álbum Set The Mood. El debut entra fuerte por más que las influencias presentes sean más que elocuentes. Quizá no arme un camino propio pero sí logra trazar una senda atractiva y nada insulsa. Porque exhibe aprendizaje y pasión hacia esos artistas que toma, y por momentos roza su nivel. Prince, Marvin Gaye, Michael Jackson y Lenny Kravitz es el rejunte del que Jordan parece partir para la composición. No hay marca distintiva pero tampoco se trata de una mera copia: David Jordan continúa con los rayos que dejaron esos titanes del pop.

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