Alto vuelo

Del Carnaval, con Agarrate Catalina, Yamandú hizo un impensado viaje sin escalas a la televisión, con Hola y adiós.

2008-06-28 00:00:00 300x300
El País

Por: Analía Filosi

Cuando nos llegó el proyecto de Hola y adiós, empezamos a pensar en personas que pudieran tener el perfil que necesitábamos, que cuando se enfrentaran a la persona entrevistada, ésta se sintiera cómoda al hablar. Debía ser alguien que, en poco tiempo, generara esa confianza instantánea que le permitiera a la persona abrirse y contar su historia. Contar su intimidad en un momento particular". Así cuenta Federico Sosa, director de la versión uruguaya de este formato televisivo holandés, cómo la productora Diezcatorce armó la lista de candidatos a la conducción. Yamandú Cardozo (30 años) fue uno de ellos y recibió con sorpresa que se lo convocara para algo que no tenía que ver con guiones, la tarea que siempre lo ha identificado. Esa sorpresa hizo que inventara una excusa para no hacer la prueba en la primera reunión, pero no hubo "agenda de mentiras", como lo recuerda en broma, para no hacerla al otro día. Un simulacro de bienvenida a un supuesto futbolista que llegaba de suiza terminó de confirmar que era el conductor buscado.

PLAN PILOTO. La grabación del piloto, un año atrás, fue la prueba para todos: para los técnicos, de una locación bastante complicada como es un aeropuerto, con muchos ruidos incontrolables; para Yamandú, de enfrentarse por primera vez a ese rol de escudriñador de historias ajenas en un contexto particularmente emotivo. "Fue la prueba final. Ellos (por Diezcatorce) sabían que yo no había hecho nada de esto y el piloto servía para ver si podía funcionar. Tuve muchos nervios, pero desde el primer momento me sentí muy cómodo con lo que me plantearon. Y eso se trasladó, casi que sin esfuerzo, al grupo de laburo, lo cual está buenísimo", recuerda Yamandú. Primer despegue exitoso porque fue la carta de presentación para que Canal 4 les diera un lugar en su grilla (sábados, 20 hs.).

PLAN DE VUELO. Las productoras del ciclo identifican las bienvenidas y despedidas y apenas le pasan los titulares del contenido a Yamandú. La idea es que éste se sorprenda e interiorice de la historia en el diálogo con sus protagonistas. "Nos presentan y me quedo en un costadito para no quemar las novedades. Cuando se prende la cámara, de alguna forma me estoy enterando junto con el espectador de la historia. Tratamos de que todos los comentarios y fotos, se den después de la entrevista. Muchas veces nos pasa de quedarnos charlando con las personas". Lo importante es preservar el clima de lo que va a ir al aire dado que son situaciones que movilizan, ya sea desde la alegría o desde la tristeza. "No es como ir a trabajar o estar haciendo las compras en el almacén. Lo que a mí me deja muy tranquilo es el cuidado que tienen las historias. Uno es muy consciente de que es un momento en que tiene entre las manos eso: la persona que se está abriendo y que te está contando una cosa en un momento súper particular. Además, tengo la tranquilidad de que puedo ir hasta dónde yo considere que debo ir. Fede está escuchando la charla, pero soy yo quien decide `ta, se termina acá`. O, si la emoción tiñe la charla, puedo sacarla hacia otro lado. Eso para mí es una tranquilidad, no tener que cumplir con nada. Si veo que la persona se quiebra por la emoción y me parece que no está bueno seguir con preguntas que la sigan llevando por ese camino, puedo sacarla o terminarla. Intentamos no perder de vista que las personas, además de ese estado emocional, tienen los nervios adicionales de los trámites. Nosotros representamos un tiempo que nadie tenía pensado perder o destinar", destaca Yamandú con la misma sencillez y calidez que transmite en pantalla. "A todos los que hacemos el programa, por distintos motivos, nos ha tocado viajar o estar lejos o tener familiares en otros países. Eso nos ha generado muchas charlas entre nosotros y hemos encontrado historias que nos han transportado a otros momentos. Yo me acuerdo de muchos momentos en el aeropuerto esperando a mis tíos, con camión, banderas, tambores, mate...", rememora Yamandú y le vienen a la mente las visitas de esos tíos exiliados en París desde los años `70. "Cada viaje a Carrasco significaba una reunión familiar, asado y cantarola. Entonces hay una cuestión de mucha cosa que uno utiliza también para no perder de vista que la gente está sacando su corazón para afuera y dándotelo a vos, en estado puro, sin destilar. Eso merece un respeto muy grande y no perderlo de vista en la entrevista. Cada una tiene un tiempo distinto". Federico agrega como anécdota el caso de un hombre que estaba despidiendo a su hermano, al que había vuelto a ver después de 30 años, y cómo le recordaba con sumo detalle aquel día en el que se vieron por última vez. "Es la historia que todos podemos llegar a tener, entonces es imposible no sentirse identificado", comenta el director del programa, provocando más recuerdos en Yamandú: "el día en que subimos a la antigua torre, que ahora está fuera de servicio, a mí me pasó de verme corriendo de niño por la terraza con todos mis primos". Con todo ese bagaje a flor de piel, ¿es posible sortear la emoción cuando se está frente a personas que dejan escapar la suya? "Voy muy abierto, con la guardia muy baja. Voy a que la historia me tiña. Y rescato algo que me ha dado tantos años de laburar en el escenario con Agarrate Catalina, que tienen que ver con la sensibilidad y lo emotivo, que es que quizás puedo estar muy emocionado, pero puedo seguir adelante con la función. En la murga me ha pasado muchísimas veces de estar llorando y poder seguir. No creo que la solución sea no emocionarme o impedir que me toque porque siento que terminaría variando el camino que debería seguir la historia". Federico apunta que le ha pasado, más de una vez, de encontrar a Yamandú tocado por una historia, situación que también se extiende a todo el equipo del programa. "Es muy gracioso lo que pasa después del diálogo, porque la cámara sigue prendida y capta nuestros comentarios", dice Yamandú. O lo que sucede con todo el equipo técnico, que se prende con la historia y la sigue hasta el último hola o el último adiós. "Por mínimo que sea, generaste un vínculo y, por un momento, es tuyo y de la persona". Vínculo que es evidente cuando se establece con el conductor y que al trasladarse a los que están detrás de cámaras hace que éstos terminen saludando a gente que se cruzan en el aeropuerto y que conocieron a través del lente de una cámara, sin darse cuenta que ellos no los conocen.

Climas. "Somos un país hijo de los barcos, entonces nos encontramos muchas historias de tanos o gallegos que ahora vuelven a su terruño en avión", señala Yamandú como ejemplo de un Uruguay que siempre, por una razón u otra, ha ido tejiendo su historia con partidas y arribos que involucran largas distancias o alejamientos prolongados. "Con el equipo, somos muy permeables a lo que nos traiga la historia. Me parece que es bueno para la forma de contarlo". Esa apertura hace que todas las historias tengan su chance de demostrar que pueden ser un gran aporte al programa, nada se descarta. "Además, hay historias que en un primer momento pintan como súper interesantes, pero hay imponderables como la señora de la voz en off que, de repente, tiene muchos vuelos para anunciar y se hace todo muy entrecortado", explica Yamandú, a lo que Federico agrega con gracia "tiene un doctorado en romper climas". "También puede pasar que yo no conecté con la persona o que no es tan locuaz como en la charla previa", retoma el conductor. Incluso historias que, a priori, asoman como similares a otras, tienen su oportunidad porque pueden disparar hacia lados impensados. "La idea es destacar la singularidad de cada una porque, de última, todas tienen un denominador común gigantesco que es que se parecen porque es gente que se va o gente que viene, se terminó. En la esencia son lo mismo, lo que está bueno es la relación de las personas que despiden o de las que esperan, de las que se van o las que llegan. La idea es centrar la historia en esa relación y en su peculiaridad", enfatiza Yamandú. Eso hace que sus protagonistas, por más que en algunos casos sean casualmente personas famosas (les ha pasado con muchos futbolistas), en Hola y adiós pasen a ser simplemente alguien viviendo una despedida o un reencuentro.

DESPEGUES. Con tanto sentimiento en juego, ¿no les da ganas de saber cómo sigue cada hola o cada adiós? "Las ganas de saber qué pasa después, están, pero tratamos de no irnos de lo que está estipulado en el programa", explica Federico. Hubo una excepción: el reencuentro de cuatro hermanas de La Coruña, que volvían a verse después de 35 años. La niebla impidió el aterrizaje y el encuentro se terminó dando en la terminal de Buquebus. Las cámaras de Hola y adiós lo registraron porque consideraron que era parte del espíritu del programa. "Además tenía eso de circularidad tremenda, de la señora llegando en barco al mismo lugar exactamente al que había llegado en otro barco hacía 50 años", acota Yamandú. "La gente nos abre esa ventanita por ese ratito, `esta es mi historia, te cuento esto en este momento y tiene la validez de que te lo estoy regalando`, con esa cuestión romántica y misteriosa de que lo vemos hasta ahí y no sabemos qué pasa después", agrega. Invitaciones a asados y festejos no han faltado, pero no es el objetivo del programa.

OTRAS DISTANCIAS. Algo que es indudable es que, si bien la emoción de una separación o de un reencuentro es inevitable, el avance tecnológico de las comunicaciones ha permitido atenuar en parte ese dolor. Los mails, mensajes de texto, chats a través de Internet acortan distancias. "Lo notás en gente que tiene familia que hace años que está afuera o que ellos hace años que lo están. Un señor, por ejemplo, nos contaba que hace años tenía que tomarse dos ómnibus para ir a una centralita telefónica en Australia, a las 12 de la noche para, por la diferencia horaria, encontrar despierta a su mujer. Y tenía que ver si conseguía llamar a una vecina que tenía que ir a despertar a su señora. Yo también me acuerdo de los casetes que le llegaban a mis tíos de Yamandú parado en un banquito cantando Qué tango hay que cantar o seguir el trayecto familiar de una carta de ellos. Es increíble cómo se achicaron el mundo y las distancias. Nos decían en algunas entrevistas que eso ayuda mucho, calma, pero no soluciona".

Otra cosa que se rescata del avance en las comunicaciones es que la gente ha descubierto nuevas formas de relacionarse con sus seres queridos. "Se dicen cosas con sus padres que, capaz, cara a cara nunca se dijeron", señala Federico. "La distancia funciona de manera distinta en cada persona, a algunos los ha separado, a otros los fortaleció. Hay gente que puede retomar el vínculo inmediatamente y otra se tiene que reconocer", apunta Yamandú.

OTRO VUELO. Hola y adiós es la primera experiencia de Yamandú delante de cámaras. Con casi 40 días de rodaje, ya se ha fogueado lo suficiente como para saber si ha sido una excepción o si es posible aventurar una carrera televisiva. "Le tomé el gusto a laburar de esta manera, con esta gente y con este proyecto. Para mí era muy difícil porque yo en la murga tengo la mayor cantidad de variables posibles cubiertas en cuanto a decisiones. La tele me asustaba mucho porque si tenía una participación en ella, seguramente iba a tener un mínimo poder de decisión, o sea una cantidad de variables en las que no iba a poder decidir qué es lo que iba a pasar con lo que hiciera. Eso me inquietaba mucho. Cuando empecé a ver con qué honestidad y cuidado se laburaba en este caso; el criterio visual, estético y musical del programa, y una cantidad de cosas en las que de atrevido, descarado y de buenas personas que son ellos me dejaron meter cuchara, me sentí súper cómodo y tranquilo", destaca, siendo perfectamente consciente de que eso no significa que vaya a encontrar lo mismo en cada proyecto nuevo que se le presente. "Capaz que surgen cosas buenísimas, pero dependerá de cómo me sienta", dice recordando como dato fundamental que esta experiencia le llegó cuando él no estaba buscando entrar a la televisión, así que no estaba urgido de embarcarse en lo que fuera. "Yo estaba muy bien con mi laburo, así que esto me sedujo por sí mismo. Si no hubiera estado bueno, lo hubiera rechazado". No es menor la buena relación que estableció con todo el equipo de trabajo, haciendo que un libro que llevó en los primeros días de rodaje para los momentos muertos, terminara a los cinco días fuera de su mochila porque no lo abría. También importaba conocer la reacción de los destinatarios del programa, siendo su termómetro la Feria de Tristán Narvaja a la que acostumbra concurrir. Los comentarios que le han hecho hasta el momento indican que "la gente recibió muy bien el programa". El rostro de Yamandú refleja que está contento con lo que hace, pero eso no lo vuelve imprudente. "Habrá que ver qué pasa, por lo pronto ya superé verme en la pantalla sin maquillaje murguero o ver el camión con la gigantografía del programa recorriendo Montevideo". La televisión ya le dio el hola y, por lo visto, está lejos de decirle adiós.

AC

Yamandú Cardozo es el Director Responsable de la murga Agarrate Catalina, que viene de sumar un nuevo Primer Premio en el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (ya lo ganó en 2005 y 2006). También sube al escenario a interpretar los libretos que él mismo escribe junto a su hermano Tabaré y Carlos Tanco, con la colaboración de su otro hermano Martín y Rafael Cotelo.

Agarrate Catalina nació en 2001, para el Encuentro Murga Joven, y en 2003 pasó al concurso de Carnaval, convirtiéndose en la primera murga joven que clasificó a la Liguilla del concurso. "He construido mi vida en torno a eso", dice quien, entre otras cosas, organiza las giras de Agarrate Catalina. "Por suerte es una murga que trabaja todo el año", destaca. Por ejemplo, en agosto y setiembre retornan a la Argentina, donde ya estuvieron este año con presentaciones en "La Trastienda", en Buenos Aires, además de actuaciones en el interior argentino. "Mientras tanto, estamos tocando en el interior uruguayo", cuenta y agrega que a fines de agosto volverán a actuar en Montevideo, donde ya hicieron con éxito cuatro presentaciones en la Sala MovieCenter, a la que podrían volver. Por lo pronto, es seguro que a fines de agosto actuarán en el Teatro Plaza. "Nos gusta mucho tocar en Montevideo, disfrutamos pila", comenta. Además, existe la posibilidad de que emprendan una nueva gira por Europa. La misma se concretaría en octubre, respondiendo a la invitación del Festival de Música de París, del que ya fueron parte en 2006. "Vamos a ver si podemos conjugar todo, no es fácil mover un grupo de veintipico de personas, un mes, a Europa", concluye en el traje de Director Responsable.

Agarrate Catalina

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar