La banda de Scorsese Stones

| Con el frenético documental Shine a light, el director vuelve a poner acento en una de sus grandes pasiones: la música.

La compañía catalana Freixenet ha logrado una posición prominente en el mercado publicitario español gracias a los spots que produce desde 1977 para la época de Navidad. Todos ellos solían ser protagonizados por grandes estrellas mundiales -la primera fue Liza Minnelli- y realizados por prestigiosos directores españoles.

Hasta que en la Navidad pasada, al cumplir 30 años de spots navideños, Freixenet decidió dar un giro y encargó su producción al cineasta Martin Scorsese. El resultado fue La clave Reserva, una película de ocho minutos que se puede ver en www.freixenet.es, en la que Scorsese realiza tres páginas y media de un guión supuestamente incompleto de Alfred Hitchcock, imitándolo.

El fragmento transcurre en el Carnegie Hall (la locación de El hombre que sabía demasiado) y gira en torno a un concierto donde la orquesta ejecuta la inolvidable partitura compuesta por Bernard Herrmann para Intriga internacional. Scorsese y su colaboradora de siempre, la montajista Thelma Schoonmaker, desarrollan un impresionante ejercicio de estilo que imita admirablemente el look, el tono y la disimulada demencia del estilo de Hitchcock.

En el breve relato es central el uso de la música de Herrmann, compositor de todas las últimas obras maestras de Hitchcock. Uno de los pocos cineastas que trabajaron con él después de la muerte del "mago del suspenso" fue precisamente Scorsese, en Taxi driver, que a la larga se convertiría en una de sus mejores partituras. Años más tarde, Scorsese rendiría tributo póstumo utilizando una versión adaptada por Elmer Bernstein de su partitura original para la remake de Cabo de miedo.

Como el infatigable admirador y estudioso del cine norteamericano que siempre ha sido, Scorsese aprendió de Hitchcock el empleo dramático de la llamada "música incidental", y lo adoptó a su propio mundo con la exactitud y la heterodoxia que forman el sello de su estilo fílmico.

De entre los cineastas contemporáneos, sería difícil hallar a otro que haya llevado tan lejos la alianza entre el cine y la música. Por eso nadie podía extrañarse de que la apertura de la última Berlinale, en febrero pasado, se realizara con un largometraje documental centrado en los Rolling Stones y dirigido por Scorsese. Rodado con 16 cámaras, Shine a light registra partes de dos conciertos en el Beacon Theatre de Nueva York, parte de la gira A bigger bang, y los entrelaza con entrevistas y momentos del backstage. Entre los segmentos memorables, la prensa internacional ha subrayado un inesperado dueto de Mick Jagger y Jack White III, la participación de Buddy Guy y la extraña complementariedad de Christina Aguilera con el bravo ritmo de los Rolling.

Un sector de la crítica se declaró defraudado por no haber visto en Shine a light "la mano del maestro". Es más o menos lo mismo que se dijo del anterior registro en largometraje de un recital histórico, El último rock , donde Scorsese documentó el retiro de The Band, el grupo que por muchos años acompañó a Bob Dylan.

En 1976, The Band reunió en el ruinoso teatro Winterland, de San Francisco, a un grupo de amigos que a la sazón era lo más selecto del rock norteamericano. La película de Scorsese muestra las inolvidables actuaciones de Bob Dylan, Van Morrison, Emmylou Harris y otras glorias de la época, incluyendo a Neil Diamond, una aparición tan sorprendente como la de Christina Aguilera en Shine a light. El gran número es, sin duda, el del rey del soul, Muddy Waters, con su Mannish boy, filmado con tres cámaras que apenas se separan de su rostro.

Lo que los reproches a ambas películas parecen olvidar es que, tratándose de música en vivo, la "mano del maestro" consiste en su perfecta invisibilidad, en la exactitud para captar el momento del músico y más tarde, en la sala de montaje, reunirlo con el sonido justo.

Scorsese tuvo un entrenamiento único y precoz en este rubro: fue uno de los montajistas de Woodstock, la versión fílmica del gigantesco recital realizado en tres días de agosto de 1969, en Sullivan County. Scorsese había egresado poco antes de la Universidad de Nueva York y se sumó con entusiasmo al grupo del cineasta Michael Wadleigh, una especie de gurú del movimiento hippie que se quedó pegado en el tema y que no volvió a dirigir más que un documental sobre Janis Joplin y otro sobre Jimi Hendrix... en Woodstock.

Treinta años más tarde, Scorsese volvió a integrarse como la modesta parte de un equipo en otro megarrecital, The concert for New York City, organizado tras los ataques del 11 de setiembre de 2001. A ese encuentro -con estrellas como Eric Clapton, The Who y Paul McCartney, entre muchos- contribuyó con un corto titulado El barrio, complementario con los que presentaron Woody Allen, Spike Lee y Kevin Smith. Los dueños fílmicos de Nueva York no podían estar ausentes.

El proyecto de filmar la despedida de The Band le fue ofrecido a Scorsese mientras terminaba de rodar New York, New York, un musical que imitaba las formas más clásicas del género de fines de los años 40 y comienzos de los 50. New York, New York costó un dineral y fue mal recibida por el público y la crítica, aunque más tarde ha sido reivindicada como una de sus obras más personales.

Con todo, la proposición de The Band le pareció en ese momento un golpe de magia: se le ofrecía, dijo más tarde, la oportunidad de filmar la música de su propia generación justo cuando estaba terminando de poner en imágenes la música de la generación de sus padres. Esta idea es central para comprender el modo en que Scorsese concibe y aplica la música a sus películas. Ella sirve para completar la identidad, el entorno y el mood de sus personajes; traduce sus palpitaciones más profundas y les da un contexto que es a la vez emocional e histórico.

Las bandas sonoras rockeras de Alguien golpea en mi puerta y Calles peligrosas reproducen el clima cultural de comienzos de los 70; el sonido a lo Gershwin de El toro salvaje se apega al mundo boxeril de los 40 y 50; en Buenos muchachos se oye lo que los mafiosos de los 50 y 60 habrían escuchado, y lo mismo ocurre con los bandoleros de los 70 en Los infiltrados.

Scorsese ha contado que cuando buscaba el material musical para Casino, ambientada en Las Vegas, sólo se le ocurría volver a utilizar a Dean Martin, al que ya había empleado en Buenos muchachos. Pero entonces su asesor musical, Robbie Robertson -el ex líder de The Band- le dijo, sin vacilar: "¡Las Vegas es Louie Prima!". Y en efecto, el ritmo frenético del "rey del swing" se toma el espíritu de la película con Angelina y Zooma, ejecutados en un medley vertiginoso. (Por supuesto, también están Dean Martin con You`re nobody till somebody loves you, y Muddy Waters con Hoochie Coochie man, y los Rolling Stones con Gimme shelter, el incomparable What a diference a day makes de Dinah Washington y el escalofriante The thrill is gone de B.B. King: una película que siendo una antología de la mafia, es también una antología de música popular).

Precisamente en Casino se encuentra una de las pocas excepciones a la estricta disciplina sico-cultural de Scorsese en el uso de la música: la incorporación de La pasión según San Mateo, de Bach, en la secuencia de créditos del comienzo. Fuera de esa excepción, casi no se halla en sus películas violación alguna al marco temporal de sus relatos. Cuando ha situado a sus personajes en épocas pretéritas -La edad de la inocencia, La última tentación de Cristo- o en culturas distintas -Kundun-, ha buscado que la música respete tales contextos.

Scorsese es consciente de que sus películas reflejan inevitablemente su propia vida; pero Scorsese no permitiría en ningún caso que esa experiencia oscureciera la de sus personajes. La autobiografía es siempre menos interesante que la biografía de muchos otros. John Ford, Howard Hawks, Jean Renoir, Alfred Hitchcock, Roberto Rossellini están en el trasfondo de esa visión del arte.

Scorsese sucumbió a la droga después de sus dos grandes musicales, New York, New York y El último rock. Pasó dos años en un grado de demolición física y emocional del que pareció que nunca saldría. Cuando regresó, en 1980, lo hizo con una obra maestra, El toro salvaje, que combinaba en una película de boxeo su pasión por la música popular con la obsesión por los Evangelios.

Unos años después consolidaría la fuerte decisión de protagonizar la cultura audiovisual de su tiempo aceptando filmar un videoclip para Michael Jackson, el muy notable Bad.

En los años siguientes no ha abandonado ese propósito. En el 2005 dirigió un documental de largometraje acerca de la carrera de Bob Dylan, con el título No direction home. Aunque su proyecto más macizo fue el que emprendió hace dos años, al organizar, como productor ejecutivo, una monumental serie de siete películas con la historia del blues. Se reservó para sí la dirección de la primera (Feel like going home) y convocó para las seis restantes a un grupo notable de cineastas: Charles Burnett, Mark Levin, Richard Pearce, Mike Figgis, Clint Eastwood y Wim Wenders.

La música incidental ("de cine") le debe a Scorsese no sólo su vigorización en el cine contemporáneo, sino también el justo rescate de grandes creadores, como lo ha vuelto a hacer con Herrmann en el spot de Freixenet. Pero lo que es más notable es que también la música popular le debe, además del inmenso trabajo patrimonial envuelto en sus documentales, la reubicación histórica y cultural que completa su sentido. No hay otro cineasta en el mundo del que se pueda decir algo parecido.

Ascanio Cavallo. El Mercurio. GDA

MS

LARGOMETRAJES

2007: Shine a light (Documental)

2006: Los infiltrados

2005: No Direction Home: Bob Dylan (Doc)

2004: El aviador

2002: Pandillas de Nueva York

1999: Vidas al límite

1997: Kundun

1995: Casino

1993: La edad de la inocencia

1991: Cabo de miedo

1990: Buenos muchachos

1989: Historias de Nueva York: "Apuntes del natural"

1988: La última tentación de Cristo

1986: El color del dinero

1985: Después de hora

1983: El rey de la comedia

1980: El toro salvaje

1978: El último rock

1977: New York, New York

1976: Taxi driver

1974: Alicia ya no vive aquí

1973: Calles peligrosas

1972: Pasajeros profesionales

1970: Street Scenes (Documental)

1967: Alguien golpea a mi puerta

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