La humildad es una palabra pocas veces implementada para describir a las estrellas de cine y televisión. Sin embargo, aun a pesar del éxito de la serie de televisión Lost y de su estatus como protagonista en la "laberíntica y retorcida" película de suspenso Justo en la mira, la noción resulta insuficiente cuando uno se encuentra con Matthew Fox.
Este alto, afable y educado cuarentón, padre de dos chicos, tan apuesto como un soldado norteamericano de la vieja escuela, se siente por lo general más cómodo viendo a un grupo de rock en vivo o compartiendo una cerveza que bajo los reflectores de Hollywood. La insinuación de algunos tatuajes auténticamente "rockeros" debajo de los antebrazos (de un lado, un arreglo con calaveras; del otro, algunas llamas) confirman que se trata de un hombre cuya vida está repleta de aventuras.
"Solía sentirme incómodo cuando tenía que expresarme frente a una audiencia, tímido y cohibido", explica riendo. "Ciertos actores lo hacen porque adoran bañarse en la luz del reflector, pero para otros, ésta es la única forma de expresión auténtica: yo pertenezco definitivamente a esta última categoría".
Los comienzos de Fox presentan una suerte de desafío a su carrera actual. En un primer momento estudió Informática en la Universidad de Columbia, pero más tarde, tras asistir a una proyección de la película Wall Street, de Oliver Stone, decidió sumergirse en el mundo de la Economía. "Deseaba, por encima de todo, ser como `Bud`, pero con los logros de Gordon Gekko".
Pero el mundo corporativo nubló los sueños de Fox, hasta que más tarde eligió la profesión más riesgosa de todas: la actuación.
"Si mis padres hubiesen pagado cien mil dólares por mi educación en la Universidad de Columbia, dejarlo todo hubiese sido mucho más duro para mí. Los chicos que se encuentran en una situación similar me dan mucha pena. Mis padres no contaban con los recursos necesarios, así que mi acceso fue gracias a otros medios (el fútbol americano). Así, pasé cuatro años estudiando Economía, intentando titularme, cuando, de pronto, tuve una revelación, una suerte de epifanía, justo al final de mi estadía allí y pensé que un trabajo en Wall Street no haría sino sumergirme en la más completa infelicidad".
La "revelación" ocurrió durante su primera entrevista con el monstruoso grupo de accionistas conocido como Prudential-Bache. Luego de que su padre realizara unas cuantas maniobras, Fox se vio absorbido por el vórtice de la industria del dinero, aunque sus zapatos baratos con toda probabilidad le salvaron la vida. "Pedí prestado un traje que me quedaba chico por dos pulgadas, así como unos zapatos de oferta. Me encontraba en la ruina", recuerda Fox con tono desafiante. "Me encontré con cuatro o cinco tipos en sus veintes: rebosaban energía. Tras la entrevista, permanecimos unos momentos de pie, formando un círculo y todos ellos me decían (con voz afectada), `Sí, debes sumarte al equipo, nos irá muy bien`, etcétera. Entonces, uno de ellos miró fijamente a los demás y (jamás lo olvidaré) declaró: `Muy bien, pero tendremos que encargarnos de tus zapatos... ¡jajaja!`. Todos ellos llevaban el mismo estilo: Oxford empresarial... y yo tenía mis zapatos de rebaja y unos pantalones prestados que me quedaban chicos. En ese preciso instante me dije: `De ninguna manera`. Si pudiese agitar una varita mágica a fin de reconfigurar el sistema educativo, los chicos saldrían de la preparatoria y se tomarían unos seis años libres; podrían trabajar, viajar, holgazanear, y sólo más tarde se enrolarían en la universidad", comenta. "Nadie debería saber lo que quiere hacer o lo que quiere ser a los dieciocho".
Algunos trabajos insignificantes como modelo y unos cuantos comerciales lograron que Fox decidiera estudiar actuación en Nueva York. "Catálogos genéricos de los Almacenes JC Penny, en los que posaba con una sudadera y un balón de fútbol a cambio de doscientos dólares", recuerda el actor. "Al final leí el libro de David Mamet, On Directing Film. En realidad, el autor sólo aborda la actuación a lo largo de dos páginas, pero Mamet siempre me ha agradado a causa de su habilidad para simplificar situaciones verdaderamente complejas", explica con emoción. "Funcionó para mí. Más tarde, di con la compañía de teatro que había fundado con William H. Macy. Me presenté a una audición y fui seleccionado. Fue entonces cuando todo comenzó a cobrar sentido".
Durante esa época, Fox estudió detenidamente las técnicas de otros actores. Gary Oldman, de hecho, ocupaba uno de los lugares preeminentes en su lista de paradigmas. "Es uno de mis favoritos", aunque también incluye en esta categoría al legendario e icónico maestro de la "escuela del no-hacer": Steve McQueen. "McQueen era un actor de lo más interesante. Hizo muy pocas cosas, pero eso se debió precisamente a su comprensión del poder de `lo mínimo`. Pero en un plano superior, a él no le atemorizaba resultar desagradable". Fox hace una pausa y enfoca la mirada: "Me doy cuenta de que es muy peligroso para cualquier artista o músico ceder ante las exigencias del público. Eso no es más que búsqueda de aceptación. Las cosas mejoran cuando decides arrojarte, cuando persigues la verdad de un personaje corriendo el riesgo de tornarte despreciable y/o débil...".
Por otra parte, el actor de Justo en la mira reconoce que la música es el "combustible de su alma" y que le permite evocar toda clase de imágenes mentales. "Me hubiera encantado estudiar con seriedad algún instrumento musical durante mi juventud porque amo la música", asegura.
"Para algunos de mis personajes no puedo utilizar nada (se refiere a la música) en específico. Es algo que tiene que ver más bien con fases, con estados de ánimos. Actualmente me encuentro inmerso en un período en el que no escucho más que a cantautores, gente como Wilco o Spoon... música propulsada por un piano. Pero de pronto me gusta lo pesado, lo denso. Punk realmente intenso como The Hot Snakes, o algo más rudo y violento, como Tool. Es un asunto sumamente nebuloso para mí".
Cuando le comento que Mickey Rourke encontró la inspiración para interpretar a "Marv" en Sin City, tras escuchar repetidas veces la versión de Johnny Cash del tema Hurt, el actor no puede contener la emoción: "¡Una canción espléndida!... ¡Demonios! Esa versión es tan frágil y vulnerable. Dios mío, qué fuente de inspiración. Tiene mucho sentido".
Fox admite que suele deliberar mucho antes de elegir sus papeles, sobre todo ahora que la pantalla gigante ha comenzado a reclamar constantemente sus servicios. Pronto podrá ser visto junto a Emile Hirsch y Christina Ricci en Speed Racer (Meteoro), una película de acción de los Hermanos Wachowski. Aunque su trabajo más reciente puede apreciarse en Justo en la mira, del director Pete Travis. Los diferentes puntos de vista de esta película representan las múltiples capas que recubren los motivos del asesinato de un Presidente de los Estados Unidos (interpretado por William Hurt), y esto a través de los ojos de varios personajes. Todo un reto, sin duda.
"Para que yo acceda a involucrarme en la producción de una película y acepte convertirme en un trozo del pastel -digo `pastel` porque hay tantos ingredientes en juego- el proyecto debe atraparme de una cierta manera", explica Fox. "Me comprometí porque todo parecía estar en su lugar. De nuevo, el elemento más importante es el director. El cine continúa siendo un medio para directores. Puedes contar con guiones maravillosos, con elencos de primera línea... y aun así fracasar. Sin embargo, puedes tener en tus manos un guión mediocre e insuficiente, pero si cuentas con un director visionario y apasionado, el proyecto podrá elevarse por encima de tus expectativas. En el caso de Justo en la mira, yo había conocido a Travis dos años antes de comenzar el rodaje, y su trabajo previo me fascinaba. Nos caímos muy bien e inmediatamente supe que con él estaría en buenas manos. Un guión inteligente, pero el reto consistió en que la recurrencia de las escenas de acción no se convirtiera en algo tedioso. Un guión de lectura complicada, pero asimismo muy bien ejecutado".
"Cuando concluyó la selección del resto del elenco: William Hurt, Forest Whitaker, Dennis Quaid, Sigourney Weaver... pensé: `¡Santo cielo! Estamos a punto de emprender un viaje de gigantescas proporciones`".
Matthew Fox continúa, sin duda, en pleno vuelo. Y con la excepción de George Clooney y quizá de Aaron Eckhart y Viggo Mortensen, su encanto a la antigua y su caballerosidad constituyen una bocanada de honestidad y aire fresco en un negocio generalmente atestado por aquellos que no hacen sino desear "la luz de los reflectores".
MF
MATTHEW FOX
Matthew Fox. El actor está subiendo a pasos fuertes y rápidos. Se dio a conocer a través de la serie Party of five, ganadora del Globo de Oro en 1996, pero el trampolín al éxito lo logró con Lost, donde interpreta desde 2004 a Jack Shepard, el médico y líder de los sobrevivientes isleños.
En cine, recién este año se encuentra en un momento próspero. Participó en películas menores como My boyfriend`s Back ( Buck Van Patten, 1993) y El regreso de la máscara (James Jones, 1999). El director Pete Travis lo catapultó definitivamente con la reciente Justo en la mira, película de suspenso y acción centrada en el atentado del Presidente de los Estados Unidos en la plaza Mayor de Salamanca. La tarea será reconstruir el crimen. Fox es uno de los guardaespaldas. El elenco lo integran nombres conocidos: Dennis Quaid, Sigourney Weaver, el español Eduardo Noriega, Forest Whitaker, William Hurt, entre otros.
Para 2008, también se lo verá en Speed Racer, adaptación de la serie de animación japonesa Meteoro, dirigida por los hermanos Wachowsky.