Por: Luis Ventura
En esta devaluada sociedad donde lo material arrasa el espíritu, la educación y la buena voluntad, todo tiene que estar firmado. Y eso ocurre porque la confianza fue asesinada hace mucho tiempo por la inseguridad, el incumplimiento y la falta de compromiso de muchos integrantes de la colonia artística.
Por eso, suena raro que todavía haya gente como Gasalla que ante un ofrecimiento económico perturbador como el que le hizo Nito Artaza para que continuara formando rubro junto a él y Luciana Salazar, que Antonio haya distinguido cumplir con el compromiso verbal que había contraído el año pasado, antes del verano, en el que integrará el elenco que honrará el centenario del Teatro Maipo, habla de una esperanza.
Porque no necesitó de un papel firmado, de un contrato que le garantizara a Lino Patalano lo que habían acordado antes, todo se puede… Y si lo hizo Gasalla, que es un grande del espectáculo, por qué no lo hacen todos aquellos que se bajan de las temporadas antes, que rompen las palabras empeñadas con un apretón de manos o con una promesa, porque le ofrecen mejores condiciones contractuales, más dinero o lo que fuese, dejando colgados a empresarios, elencos, salas y productores, armando verdaderas historias de la mentira para justificar sus traiciones.
Mirá que he escuchado versos para tapar el incumplimiento: embarazos que nunca existieron, viajes inesperados, operaciones quirúrgicas que no se hicieron, enfermedades, certificados médicos, peleas forzadas con otros integrantes de los elencos, el tema siempre fue la palabra empeñada cuando se cumple.
Por eso Gasalla y Moria son tan respetados, en un medio donde lo que parece no es, si no lo tocás o lo golpeteás con el martillito de la verdad para que lo que te muestran no se rompa a la hora de las definiciones porque es hueco.
Y en este detalle quiero recordar la actitud de Moria, cuando el año pasado entra en conflicto con Artaza por un problema personal, después de 7 años de trabajar juntos, y en lugar de plantarle la temporada, cuando ni se hablaban, la Casán siguió asistiendo a las funciones hasta cumplir con su contrato, ¡y como debía ser!
Esto en el mundo del espectáculo no es tan común y cuando ocurre uno se sorprende y quiere volver a creer que para que se cumplan las cosas no debería haber abogados, managers, contadores, escribanos, que pueden estar si alguien los prefiere, pero después que las palabras de las dos partes se comprometen en un apretón de manos como si fuera el documento firmado y sellado con la mejor garantía. Chau, hasta el Sábado… Show.