OPINIÓN
POR GONZALO SOBRAL
Por suerte los hermanos Coen nacieron en Minessota y pueden demostrar sus credenciales de pertenecer a la América profunda que retratan en Sin lugar para los débiles. Por suerte la ex-stripper reconvertida en guionista Diablo Cody ejerció el baile del caño en el medio oeste norteamericano y de esas experiencias salieron algunos personajes de La joven vida de Juno.
Porque los otros premios principales de la edición número 80 de los premios Oscar hablan de una industria norteamericana cada vez más dependiente de los talentos (y los mercados) fuera de los Estados Unidos.
Marion Cotillard, la francesa protagonista de La vie en rosa, seguro atesore el premio como uno de los logros mayores de su carrera, pero difícilmente se mude para Hollywood. En todo caso viajará para filmar algún proyecto cuando los dólares la llamen. El irlandés Day-Lewis, ganador por Petróleo sangriento, cada vez filma menos y si lo hace le huye a los parámetros de la industria. Tanto la británica Swinton (ganadora por Michael Clayton) como el español Bardem (ganador por Sin lugar...) se toman un avión cada vez que los llaman, pero están lejos de instalarse en Hollywood.
Los Ángeles se ha convertido un hotel con camas necesitadas de talento.