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Encarando desde el Norte | Por Elbio Rodríguez Barilari
Mi amigo Obama vs. mi amiga Hillary
Una mujer, un negro, un ex prisionero de guerra y un pastor fundamentalista se disputan la presidencia de los Estados Unidos. El espectáculo resulta fascinante y sus consecuencias, inimaginables.

barilarius@yahoo.com

A Dios gracias, el mormón Mitt Romney y el evangélico Mike Huckabee se estuvieron repartiendo el voto ultra religioso.

De milagro, los Estados Unidos y el mundo se salvaran de que la Nacion Más Poderosa de la Tierra, como les gusta decir a ellos, se convierta en una teocracia.

Romney desistió después de tirar por la borda 40 palos verdes de su propio bolsillo. Ninguno de estos dos sujetos cree en Darwin y ambos proponen eliminar la Teoría de la Evolución de los planes de enseñanza.

Pero Huckabee, el que sigue en carrera, es el más peligroso, por lejos. El mormón Romney será todo lo súper reaccionario y belicoso que se quiera, pero además es súper rico. Y los millones no los hizo orando. Era un candidato pragmático y con mucho que perder.

En cambio el empecinado Huckabee no tiene absolutamente nada que perder. Su único capital político es apelar a los temores, la ignorancia y los prejuicios de los sectores más retrógrados del electorado.

Para darles una idea, el afiebrado Huckabee quiere cambiar la Constitución de los Estados Unidos para ponerla de acuerdo con la Biblia. Dice que "es más fácil cambiar la Constitución que cambiar la Palabra del Dios vivo". Si este reverendo llega a ganar la presidencia, será el comienzo oficial de la Segunda Edad Media.

El republicano que va en punta, John McCain, es un conservador moderado, civilizado. Junto con Ted Kennedy han propuesto una razonable y necesaria ley de inmigración. También ha tratado de cortar, sin mucho éxito, la corrupción reinante en las campañas políticas.

El problema de McCain es que quiere jugar en Irak e Irán la revancha de la guerra que perdió en Vietnam, Dios nos libre y nos guarde. Si gana la presidencia, hay bombas para rato.

Pero por ahora hay esperanza. El rechazo a la deplorable, destructiva gestión de George W. Bush es tan intensa, que si el Diablo no mete la cola, el próximo gobierno es para los demócratas.

La circunstancia de que el futuro mandatario sea mujer o negro es histórica, sin duda. Por las dudas, ni Hillary Clinton ni Barack Obama pierden la ocasión de mencionar a Dios y ofrecer sus plegarias en cada discurso.

Para ser completamente sinceros, nadie sabe muy bien lo que esperar de estos candidatos, salvo algo completamente diferente a lo que nos ha deparado la desastrosa presidencia del segundo Bush.

El dilema con Hillary es que los Clinton son famosos por prender el señalero para la izquierda y doblar para la derecha, y viceversa.

Obama es como Cantinflas: capaz de hablar tres horas sin decir nada.

Por esas cosas del destino y del periodismo, me ha tocado conocer y entrevistar a los dos.

Con Hillary fueron veinte minutos a solas, "one on one", cuando ya se sabía que corría para presidenta y buscaba votos latinos. Ahí fue cuando nos sacamos la foto juntos que adorna mi álbum familiar.

La Sra. Clinton tiene lo suyo. Maneja unas vibras potentes, es fácil estar de acuerdo con lo que dice. Y tira una onda tensa, digamos. Mantiene un rictus de alerta que no se lo saca ni Ben Casey. No la culpo, entre el picaflor de su marido y la prensa republicana le han dado motivos de sobra.

Es cuando Hillary se ríe, y cuando bate palmas con menos swing que el Príncipe Alberto de Mónaco, cuando menos me la creo.

Con Obama nos hemos dado más. Yo le digo Barack y el me dice Elbio. Lo conocí en un club de jazz del South Side, el inmenso barrio negro de Chicago, por el año 99, cuando disputó y perdió su primera elección.

Años más tarde estuve en la fiesta cuando se convirtió en senador federal

Vino a la redacción del semanario La Raza varias veces y lo entrevistamos por lo menos en tres ocasiones.

Es despierto, simpático, abierto… e indefinido. Si con la rotunda Hillary es fácil estar de acuerdo, con el brumoso Obama es difícil caer en desacuerdo.

Personalmente, lo hubiera votado como edil o como diputado. Nunca le vi madera presidencial. Ojalá me toque reconocer que estaba equivocado.

Mejor que Bush, seguro que va a ser. Claro, si los Clinton y su aceitada maquinaria política lo dejan.



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