POR GONZALO SOBRAL
OPINIÓN
La edición número 80 de los premios Oscar, a celebrarse el próximo domingo 24, seguramente sea más recordada por la huelga de guionistas que estuvo a punto de aguar la fiesta, que por una lista de nominados (y posiblemente premiados) donde nada resalta.
Estamos lejos de la renovación de los 80, cuando el cine independiente comenzó a captar la atención de los votantes de la Academia. No aparecen claras las fuerzas internas de algunas minorías (afroamericanas, hispanas, etc) que desde los 90 han impuesto la presencia de sus miembros, ni las películas de gran presupuesto que demuestran que Hollywood lucha por seguir siendo una máquina de sueños, ni un cine de gran calidad llegado de otros países angloparlantes.
Este será un Oscar tibio, que oscilará entre la mediana calidad de los Coen y su Sin lugar para los débiles, la demostración de la buena conciencia de los votantes al nominar a Michael Clayton, la presencia romántica de Expiación, deseo y pecado demostrando la vigencia del cine romántico de época o el gran espectáculo sobre el sueño americano que propone Petróleo sangriento.
Por esos rumbos van la mayoría de las nominaciones. Sería un poco temeroso decir que por esos rumbos va Hollywood.