POR LUIS VENTURA
En el mundo de los números no hay cifras que coticen los sentimientos. Como tampoco una valorización matemática de las sensaciones y las vivencias que pueden pasar por el alma de una persona. Por eso valoro la actitud de Mariana de Melo de haber brindado sus primeras fotos después del dramático accidente automovilístico que sufrió a los periodistas que siempre la tuvieron en cuenta. Y lo hizo desde un lugar austero, simple, sin rodeos y desinteresadamente. ¡Gratis! De corazón.
¡Nada de negocios! Cuando los mercaderes de las notas comercializadas, pagadas y con precio establecido en el orillo, le ofrecían cifras importantes para que se prestara a brindar sus primeras imágenes posteriores al drama y en situación del milagro que finalmente fue su "regreso" a la vida cuando los médicos que la atendieron y operaron la daban con pocas chances de sobrevivir a ese momento.
Ahí está Mariana de Melo ya en su casa, en su hogar y con la familia, ganándole a la adversidad, al drama y a la consecuencia de un accidente durísimo, infernal. Pero siempre con dignidad. Quizás caminando delante de la ciencia y los doctores que aseguran que ella no debe hacer lo que hace. Le aconsejan no caminar, no levantarse de la cama, ni estar afuera de la silla de ruedas, y ella quiere viajar a Carlos Paz para ver al elenco que iba integrar sin que haya podido estrenar con su gente.
Por eso, Mariana de Melo sigue siendo foco de atención, el público consume todo lo que tiene que ver con su historia, la humildad de su cuna, la pobreza de su familia, pero la dignidad de una chica, que podría haberle puesto un precio a su desgracia y no lo hizo por respetar lo que le decía su corazón. El mismo corazón que la mantuvo viva, el mismo corazón que la empujó a volver a pararse y el mismo corazón que la lleva a soñar con su regreso a los grandes desfiles y a las tapas de revistas.
Es cierto que éste debe ser el camino más largo, pero también es cierto que es el sendero que le permitirá ir por la vida y su profesión mirando a la cara y sin tener que estar rindiéndole cuentas a nadie. Esta es la Mariana del pueblo y de sus convicciones, y no hay dinero ni números que puedan pagarle esta elección de vida que le permitirá dormir muy tranquila cuando apoye la cabeza en la almohada. Chau, hasta el Sábado… Show.