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Un panorama musical no se hace solo con números 9 adelantados que se queden a la pesca en el área de las sorpresas musicales.
Los "nueves" adelantados, los puntas, como se dice ahora, son necesarios, para explorar y marcar nuevos rumbos. Un Mateo, un Fernando Cabrera, un Masliah, por ejemplo. Pero no son excluyentes.
De la misma manera, los backs y los goleros de la tradición, son imprescindibles para saber de donde venimos, para proteger la "chacra", el área propia.
Por eso que es que cantores "testigo" del folclore, de la murga, del tango, y los puros tambores del candombe, siempre van a tener un lugar.
Después están los mediocampistas.
Rada, que fue un delantero en las épocas del Quinto y del Tótem, se ha convertido en nuestro máximo mediocampista.
Roos, que hasta hizo un elepé llamado Mediocampo, es un típico mediocampista.
Mediocampistas como Jorge Nasser van de un área a otra, acarrean los genes de la tradición hasta el área del progreso, y viceversa, acercan el virus de lo nuevo hasta el corazón del área telúrica.
Estos todoterrenos musicales resultan completamente necesarios. En general, son los que conquistan un público extenso y mantienen el fenómeno de la música popular en un nivel masivo.
A veces, las funciones con el tiempo cambian. Como cambió Rada, de delantero a número 5, Jorge Drexler con el tiempo se ha ido convirtiendo más en volante que en delantero. Un 10 que baja a buscarla.
Mientras escucho el CD Por Milonga y miro el video correspondiente, que recoge el histórico toque de Jorge Nasser en el Plaza, mas me convenzo de esta vocación suya por abarcar un amplio territorio.
Cuando uno comienza una carrera musical, el público es ancho y ajeno. Está en uno, decidir a que segmento del publico uno le va a apuntar.
Tanto si hago música electroacústica, como si hago música sinfónica, o canto a Schubert, debo saber, desde el pique, que no voy a ser Los Olimareños. Y hay que atenerse.
Nasser, desde un disco candombero muy bueno que grabó cuando volvió de Buenos Aires, a comienzos de los 80, se ofreció al gran público.
Inmediatamente vino la etapa de Niquel, una formidable banda de rock uruguaya. Una de las pocas, muy pocas, que llegó a sonar como para ser presentable a nivel internacional. Y que llego a ser respetada a ese nivel.
Mi amigo Alex Lora, líder del mitológico grupo rockero mexicano El Tri, que acaba de estar en Chicago, se expresa en términos de elogio superlativo hacia la trayectoria de Nasser y Níquel.
Cuando le hice escuchar el nuevo material milonguero de Jorge, el ídolo chilango dijo: "Seguro, mano, hacia ahí vamos, hacia una fusión cada vez más fuerte del rock y de lo nuestro".
Jorge, que hizo rock a gran nivel y que ha respirado la esencia del blues, también se ha nutrido de la raíz folclorica.
Hay músicas que uno hace a los 15 años, y hay música que uno hace después de los 40. Es bueno darse cuenta cuando llega el momento de cambiar.
Ese embrión milonguero, el de Zitarrosa, el de Ruben Lena y Los Olimareños, fue cundiendo en Jorge hasta que estuvo maduro para explotar.
Y cuando lo hizo, Jorge se rodeó de la gente adecuada, como el guitarrista Toto Méndez, que venía de tocar durante años con el mismísimo Zitarrosa.
Si vamos a milonguear, vamos a milonguear en serio, dijo Jorge.
En el CD y el video del Plaza está resumida la esencia de Nasser. Se anima con mitos como A Don José,
Pal que se va, Milonga para una niña, invita a Dino a recitar juntos Milonga de Pelo Largo. Y respeta la historia propia con versiones milongueadas, que suenan completamente naturales, del Candombe de la Aduana, No tengo timón o Amo este lugar.
En esta reinvención de si mismo, los fans de Niquel han crecido junto con el. Por otro, Jorge nutre musicalmente a un público variado, que disfruta, sin inhibiciones, desde el rock a la milonga, pasando por el blues y el candombe. Como uno.
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