Vidas y suicidios de Silvia Suller

Por Luis Ventura

Pocas personas deben conocer a Silvia Süller tanto como la conozco yo. Y con mucha pena debo decir que un nuevo suicidio televisivo le hipoteca los últimos gramos de credibilidad que algunos le guardaban. Su nueva patraña imaginada con escaso vuelo le significaron un cachet de apenas 450 dólares, a los que se aferra para poder atender sus apremios económicos mínimos, sin reparar todo el daño colateral y familiar que sigue causando.

Este nuevo intento de suicidio televisado fue vendido dos veces a distintas programaciones que le permitieron comercializar la exclusividad a dos acuerdos de 200 uno y 250 dólares el otro. Eso le permitió cobrar las migajas de este nuevo cuentito. Por un lado, Silvia le entregó la exclusividad al canal de Cable 26 y ante la aparición del Canal Abierto 9, la revendió estafando al primero, como lo hizo en tantas otras oportunidades. Süller apareció internada en una clínica, con sus hijos participando de esa nueva fantochada. No faltaron sus hermanos completando la comparsa de traslados y altas médicas hasta que Silvia salió con sus muñecas vendadas, insinuando que horas antes había tratado de suicidarse cortándose las venas. ¡Heridas que nadie vio ni veremos!

Ahora habla de internarse en un psiquiátrico y Süller redobla su apuesta mediática, después de pasar por mil y una vidas y muchos más suicidios televisados. ¡Pensar que estaba perfilada como la gran sucesora de Moria Casán en los años 90! Una de las mejores monologuistas por su discurso y credibilidad en la gran pulseada mediática contra Soldán y la Doctorcita Rímolo…

Pero aquel brillo, aquella popularidad se fue diluyendo en la misma medida que renegó de su madre, habló mal de sus hermanos e hijos, de sus parejas y los empresarios que la contrataron. También mintió cuando dijo estar embarazada para renunciar a una temporada de teatro que cobró completa y no cumplió. Después abortó, semanas después denunció un atentado y un incendio en su casa, dijo haber tenido sexo con varios equipos de fútbol, chantajeó abogados, enamoró a jueces que debían condenarla, coaccionó a periodistas que descubrieron sus mamarrachos… Hasta llegar a esta pobre y triste mujer, que debe inventar suicidios, dramas y tragedias para poder pagar el alquiler y los servicios de una casita que está muy lejos de aquellas mansiones que supo tener en épocas de gloria y despilfarro. ¡Pobre Süller! Qué buena compañera y qué buena mujer que fue en otro tiempo y qué lejos está este personaje que sigue hundiéndose en sus propias mentiras que cada vez cuesta más ponerlas en escena y vestirlas de creíbles. Chau, hasta el Sábado… Show.

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