La codiciada

En Buenos Aires Analía Filosi

Hago teatro desde que soy chiquita-chiquita. En tele empecé en la tira Media falta, donde hacía de una chica introvertida, golpeada por el padre alcohólico, de una clase social bastante baja", cuenta Vanessa González sobre sus comienzos en la actuación. De la introvertida de aquella tira de Pol-ka que no se vio en Uruguay, poco hay. La chica llega a la productora saltando, saludando a todo el que se le cruce y repartiendo energía. Es más parecida a Morena, su personaje en Son de Fierro. Pero antes de encontrarse con el protagónico juvenil de la actual tira de Canal 13, se fogueó en algunos capítulos de Amo de casa, Alma pirata y Mujeres asesinas. Su lucimiento en este último unitario llevó a que la eligieran para que su amor fuera disputado por Juan (Mariano Martínez) y Lucho (Felipe Colombo).

Es claro que el corazón de Morena siempre perteneció a Juan, debiendo enfrentar al único personaje malo propiamente dicho de Son de Fierro: Rita (Eleonora Wexler). "Es reloco, porque Morena es una víctima poco común. No es la típica heroína de llanto, es una adolescente que va al frente, que lucha, que no se queda con lo que le dicen. Por ese lado me parece mucho más llevadero. No es siempre verla llorar y sufrir, llorar y sufrir. Ella sigue adelante con su vida, trata de luchar por lo que quiere. De alguna manera u otra se acerca a Juan", destaca con entusiasmo. Además, enamorarse de Juan no sólo le puso un enemigo fuerte en el camino, sino que como actriz implicó interactuar con un personaje que es ciego. "En la obra que hice con discapacitados, había chicos ciegos", dice haciendo referencia al infantil El País de Perebrumón, que representó este año con dirección de Lito Cruz. "Está eso de que el otro no sabe lo que estás haciendo, la cara que estás poniendo, y eso para el enamoramiento de Morena le viene bárbaro porque ella juega con eso de `total no me ve, ¿qué sabe lo que estoy haciendo?`".

Parece lógico que Morena termine con Juan, pero Son de Fierro ya ha demostrado que puede tomar rumbos poco previsibles. Ni Vanessa se anima a aventurar el final, "por supuesto que me gustaría que terminaran juntos. No sé cómo, hay que ver", dice. Por lo pronto disfruta del amor que su personaje genera en el público, "siento que es querido, lo cual me hace sentir orgullosa. Quiere decir que yo lo debo querer mucho para que a la gente le agrade. Antes de que la gente quiera al personaje, lo tiene que querer uno y, para quererlo, le tiene que poner todas las ganas para que crezca".

Vanessa demuestra estar muy contenta con su presente televisivo, pero es cuando habla de teatro cuando realmente se le iluminan los ojos. "Me gusta actuar de por sí, sea tele, teatro o cine, que no probé y me encantaría. Lo que me pasa con el teatro es que es una pasión. Me encanta el contacto con el público, el aquí y ahora, ese momento único de la relación público-actor", expresa quien no se imagina haciendo otra cosa. Sin quererlo, también se encontró cantando, sacando discos, presentando shows… "En realidad, tiene que ver con el personaje de Morena. No es que yo quiera ser cantante o hacer algo paralelo, todo lo contrario, tengo claro que quiero ser actriz".

Sea respuesta inmediata del público, como en el teatro, o en diferido, como en televisión, siente que está cumpliendo su sueño. "Hago lo que me gusta, hay que estar agradecido por eso. Hay que esforzarse día a día para dar lo mejor, no decepcionar a la gente y estar en todo", sostiene antes de salir corriendo para su próxima escena. No hay tiempo que perder.

El teatro es su pasión

Vanessa González tiene 20 años. Es hija única de padres separados (ambos en pareja). Vive con su padre porque tiene casa en Capital Federal y le queda más cerca para trabajar.

Tomó clases de actuación con Lito Cruz (hace cinco años que trabaja con él: tres años como alumna y dos como parte de sus proyectos) y con Raúl Serrano (un año). En Banfield, donde nació, hizo cursos en teatros independientes. Actualmente concurre a clases particulares de tango. "Me encanta", subraya.

Este año lo repartió entre Son de Fierro y la obra de teatro infantil El País de Perebrumón, dirigida por Lito Cruz, con chicos discapacitados. "Fue un proyecto bastante complejo, llevó su tiempo ensayarlo para que estuviera bien logrado. Lo que queremos mostrar es que todos, así tengamos diferentes capacidades, porque todos tenemos alguna discapacidad, igualmente podemos actuar, cantar y bailar de la misma manera, a la perfección".

Para el año que viene prepara la obra de teatro Anti Cristas, para adultos, de la autora europea Amelie Norton. "Trata la vulnerabilidad de los adolescentes mirada desde distintos puntos de vista", adelanta.

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