Los hombres tras las perillas

Desde George Martin hasta Nigel Godrich, pasando por Santaolalla y Phil Spector, el productor artístico siempre ha sido clave en la grabación. Estos son algunos de los hombres tras los mejores discos locales.

Por: Sebastián Auyanet

Escuchamos a los artistas agradeciéndoles luego de sacar el disco, leemos que tal banda se desvive por trabajar con tal productor, o que tal otro consiguió cierto sonido de un grupo y lo lanzó a la fama... pero en realidad poca gente entiende qué es lo que hace exactamente un productor musical. "Hay un rol grande, genérico, que tiene que tiene que ver con lo organzativo y lo directivo", explica Daniel Anselmi, que arrancó hace unos cuatro años vinculado a bandas tan disímiles como La Teja Pride, Psimio y Astroboy. Hoy amplió todavía más el espectro: por sus manos y oídos pasó el sonido de Perfecto, el disco debut de Dani Umpi. Hoy trabaja con Contra Las Cuerdas y Vittorio Cacciatore, entre otros proyectos.

La trayectoria de Anselmi comenzó vinculada a proyectos relativos a la música electrónica como Amnios. A partir de ahí surgiría un interés natural por la producción que tuvo su punto de partida con Filosofías de insomnio, de La Teja Pride. "Los tejanos me habían alcanzado un par de demos en diciembre de 2002 con los que yo había quedado muy enganchado e incluso les había hecho comentarios. En marzo de 2003 me llaman de nuevo para decirme que tenían un contrato con un sello y si quería producir el disco. Ahí agarré viaje enseguida porque quería ser parte de ese disco de la forma que fuera. A pesar de que no fue un plan explícito me fui encontrando en un rol en el que me sentía cómodo. Ahí empecé a mirar el trabajo de otros, leyendo y preguntando. Hubo un par de conversaciones y mails con Juan Campodónico que fueron invalorables. Nada técnico, mas bien referido a roles, límites y repercusiones personales de este trabajo, que cuando estás arrancando son puntos difíciles de manejar.

-¿Cómo manejás tantos estilos de artistas con tu producción propia?

Es un punto complicado. Hay que aprender a manejar la inspiración, la auto censura o la sobreproducción del material propio. La verdad es que se vuelve complicado separar los procesos creativos de los productivos y uno se vuelve medio fanático de lo que hace... Cuando venís de 4 meses de trabajar en un disco es difícil apagar el filtro y dejar fluir la creatividad propia más básica. Uno se acostumbra a trabajar sobre las ideas de los demás, que es un lugar artístico muy diferente a la creación de la idea primaria. Después cuesta encontrar ese lugar en la música propia porque siempre estas un paso adelante y podés descartar ideas antes de que puedan desarrollarse y llegar a alguna parte interesante.

-¿Existe una impronta o sonido característico para cada productor?

-Depende de cada uno. Hay quienes lo tienen y otros no tanto o no tan visible (o audible). Por lo que yo veo hay un interés en la industria de remarcar el sonido de productores estrella...los Neptunes, Timbaland (Nelly Furtado), Dr. Dre (Eminem) o Danger Mouse (The Good The Bad & The Queen) por nombrar algunos muy conocidos. Pero claro, tiene que ver con los estilos musicales también... Rick Rubin, Nigel Godrich o Gustavo Santaolalla tienen su target de bandas y eso delimita sonoridades. Uno intenta expandir su sonido propio, pero de todas formas el resultado tiene que ver con muchas decisiones basadas en gustos y experiencias personales, por lo tanto esa sumatoria de condicionantes termina leyéndose como un sonido particular en mayor o menor medida. A veces los músicos buscan a un productor por su sonido característico, por ejemplo en el hip hop de primera línea mundial el productor tiene gran importancia y define mucho el sonido del disco. De cualquier manera el material de base es del músico y si hay una personalidad definida en el mismo el mejor aporte del productor es el de hacer que esa personalidad se haga evidente.

-Algunos productores hablan de ciertos "trucos" que se les ocurren durante el proceso. Usar otros micrófonos, grabar un sonido de ambiente que también se escuche... ¿Qué tanto espacio te deja el músico uruguayo para probar cosas?

-Ahí juega mucho la relación, con algunas personas podés probar y con otras no tanto. Ojo, que a veces te piden demasiada experimentación y uno los tiene que bajar a tierra. En los primeros meses uno puede experimentar... Pero luego tenés que delimitar tu paleta de herramientas. No puede ser "hippielandia" todo el período, por eso es una de las partes más complicadas porque el músico se suele emocionar. Me pasó así con bandas como El Fuerte Punto Baz que les tenía que esconder las máquinas (risas). Pensá que sólo probando con un programa podés estar seis horas... Lo mismo si trabajás con una paleta de efectos o loops. Cuando trabajamos con La Teja Pride en el segundo disco yo estaba probando con muchísimos micrófonos... Ahora este tercero es distinto, buscamos otra sonoridad, ser más sucios y distorsionados. La gracia es ir cambiando, al menos eso es parte de mi cuelgue personal. No puedo repetir el proceso ni las herramientas todo el tiempo con la misma banda porque me aburro.

Siempre interacción. "Me acuerdo que una vez leí que George Martin, el productor de los Beatles, decía que un productor musical es como el director de cine y el productor juntos. La actividad de producir se puede encarar de muchas formas, pero el propósito real es que el proceso de grabación llegue a buen puerto", explica Juan Campodónico, principal referente de esta actividad en nuestro país al haber trabajado con artistas como Jorge Drexler, El Cuarteto de Nos, No Te Va Gustar, Sórdromo y La Vela Puerca. Para Juan, que empezó a interesarse por, "tener el control total" sobre la grabación ya en las primeras épocas del Peyote Asesino, los perfiles de un productor pueden ser distintos, aunque la metáfora del "director técnico" no le parece demasiado acertada. "Yo creo que por ahí los artistas tienen un tipo de sensibilidad que no tiene un grupo de futbolistas, entonces el relacionamiento por ahí es un poco diferente. En un sentido amplio por ahí sí. Un productor puede tener un estilo más a lo Quincy Jones (Michael Jackson, Frank Sinatra) que hace todo, desde escribir la letra hasta grabar, o tener un perfil más de colaborador, ser uno más de la banda".

-No por nada la gente de El Cuarteto de Nos te puso "el quinto cuarteto"...

-Sí, pero ¿sabés qué? Muchas veces no queda del todo claro el trabajo del productor. Mucha gente dijo en su momento "Uh, cómo Campodónico le cambió el sonido al Cuarteto", pero un productor no cambia nada si los músicos no están en el mismo camino y con las mismas inquietudes. Lo que uno hace es un peloteo de ideas con el músico. Se trata de ver qué es lo que quiere hacer con su sonido y de tirarle piques o ideas. Cuando empezamos a laburar estuvimos todos de acuerdo con que el sonido "Otra navidad en las trincheras" estaba buenísimo pero había que cambiar. Pero no es que uno llega con una idea, se pone a mover cosas y listo... Ahí tenés el nuevo sonido del Cuarteto. Si la idea no es la misma la cosa se cae.

-¿Con La Vela Puerca pasó lo mismo? Ahí el cambio es todavía más evidente...

-Antes de trabajar con ellos recibí el demo con unas intenciones que se terminaron plasmando en el disco. Ellos estaban escribiendo unas cosas que no encajan para nada en el concepto "ska-latin rock" que hacían al principio. Pero eran ellos los que lo tenían claro antes que yo. Ahí está el tema de que el productor lidia con los egos también, porque ciertos músicos pasan a ocupar otro lugar dentro del sonido de la banda y tienen que aceptarlo. En este caso no hubo problemas con la banda, todo lo contrario. Integramos todos los vientos a un muro de sonido con otros instrumentos en vez de llevarlos tan al frente como hacían al principio. La clave era variar y eso era lo que ellos querían en un principio. Lo que demostraron con este disco es que quieren ser un artista de larga duración y no quedarse con el hit radial del ska y las trompetas por todo lo alto. Hoy La Vela es eso que hacían antes y también todo esto otro que hicieron con El impulso. Pero insisto: el trabajo del productor es más que nada integrarse al grupo y ver qué es lo que quiere hacer el músico a la vez que aportar objetividad. Uno es el que mira de afuera, como el tipo que va a escuchar el disco y no sabe nada de música. Eso puede ayudar a bajar a tierra algunas cosas que el artista no ve. Son meses de convivencia en los que te integrás durante un tiempo muy prolongado, vas sugiriendo cosas, acercás música que puede servir para que tengan más referencias, comés mucho asado, como me pasó a mí con La Vela... (risas)

-¿Al productor le termina quedando "chica" la banda propia?

-Yo te puedo decir lo que me pasó a mí, que básicamente fue que me encantaba tocar la guitarra a los 21 años pero ya me sentía incómodo siendo apenas una pieza. Quería ver y controlar todo el proceso junto. En el Peyote grababa cosas en casa, las llevaba y las pasábamos en una PC mientras Santullo traía las letras... A él ya le llevaba discos: el de House of Pain, el de los Beastie Boys... como para que viera por dónde iba el palo de lo que estábamos haciendo. Cuando vino Gustavo (Santaolalla) y se quedó dos meses trabajando con nosotros y luego fuimos a Los Angeles, terminé de darme cuenta que eso era lo que yo tenía que hacer. Después llegaron dos discos que produje pero que nunca salieron (los de la banda de punk Navajada y Pólvora en Chimangos) y el primer disco que produje y se editó fue Frontera, de Drexler.

-¿Te parece que algunos productores están contribuyendo a que el sonido se estandarice?

-Yo creo que el tiempo de los Emilio Estefan ya pasó. Hoy por ahí a un sello le interesa determinado perfil de músico y te lo va a querer vender como sea y para eso quizá contrate a un productor que busque un cierto sonido, pero con el fenómeno de Internet... ¿Cuánta gente va a comprar esos discos? Mucho menos que antes. Los sellos se están dando cuenta de que tienen que apuntar a todos los flancos con todas las bandas y géneros. Los discos demasiado parecidos ya no funcionan como antes.

Lo mejor con lo que se tiene. Nicolás Costa, conocido dentro del ambiente como Loopez y también impulsor del compilado de música electrónica local Panorama, también se ha vinculado a la producción a través de su banda, con otros artistas (Max Capote) y en diversas colaboraciones a través del sello Contrapedal (el nuevo material de Psimio). "Mi primeras experiencias como productor fueron con bandas de las cuales formaba parte como músico y a la hora de grabar siempre me interesaba intervenir en el proceso con el fin de lograr el mejor sonido posible y también dedicándole tiempo extra a trabajar detalles y arreglos en general. Siempre estaba buscando la manera de poder grabar e intentar sonar lo mejor posible con lo que hubiera disponible".

-¿Dónde se ve el crecimiento de un productor?

-Sin duda que cada trabajo realizado, sumado a una gran cantidad de música escuchada van generando cierta experiencia. Creo que en definitiva en el resultado de los trabajos se ve el crecimiento o la calidad de un productor. Creo que es muy importante tener en cuenta los medios disponibles y el rendimiento que según cada artista logra el productor para evaluar la calidad de su trabajo. En nuestro país hay algunos productores que logran resultados muy buenos casi sin presupuesto y eso creo que es lo mas resaltable. Los medios para producir están mucho más democratizados que en otras épocas, eso es cierto, pero de todas formas acá hay que buscar distintos estudios y tratar de encontrar el mejor equipo para sonar de determinada forma.

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