Ryan Adams : Easy tiger

Hay discos que son capaces de lograr convencer a quien escucha de ponerse a estudiar guitarra sin que tengan que ser un derroche de virtuosismo y variaciones de escalas. Easy Tiger es uno de esos, sin duda, a la vez que un disco exquisitamente ciclotímico y hasta contradictorio, propio de un cantautor introspectivo pero que no suena para nada narcisista. Y es que estos 37 minutos de música no suenan a canciones urgentes (hubo una época en que Adams no hacía más que drogarse y trabajar, alcanzando la cota de tres discos por año) pero es un librillo de historias y diatribas de un tipo que, cuando no lidia con las cuestiones del corazón, tiene que hacerlo consigo mismo y con sus propios demonios (el caso del tema Halloween head).

Adams era un tipo que no tomaba ni una cerveza cuando hacía sus primeras armas en la música. Un día, sobre un escenario, los nervios le empezaron a ganar el cuerpo, hasta que vio una botella de bourbon al costado de los parlantes. Bebió un trago. Su siguiente proyecto (el que comenzaría a darle notoriedad) se llamó Whiskeytown (Pueblo de whisky). A partir de ahí, una carrera llena de aclamaciones, tanto en los años con la banda y en los comienzos de su carrera solista. Y a partir de ahí, alcohol y drogas. Sus primeros discos Heartbreaker y Gold (2000 y 2001, respectivamente) son apenas dos ejemplos. Con todo, la crítica en general habla de éste como su disco más redondo y acabado, con un adams más "limpio" de sus adicciones. Parte de eso puede encontrarse en la variedad de estilos que abarca, con lo cual hay diferentes puertas de entrada a la música de Easy Tiger. Country rock con aires a Willie Nelson, hard rock, baladas o composiciones más llevadas hacia el pop guitarrero... En cualquier caso, la variedad de estilos en que se presentan las letras pierde importancia cuando se hace foco sobre ellas. Ahí aparece la contradicción mencionada anteriormente. Al principio del disco, Adams puede decir que el sol va a salir nuevamente, todos los días (Goodnight Rose) y luego, unas canciones después, lamentarse en The sun also sets (el sol también se pone), en una desesperada letra con la que es fácil identificarse. Ese quizá sea uno de los secretos de Adams. Más allá de todos sus clichés rocanroleros, no es difícil entender y conectar con sus necesidades químicas (Two) o afectivas (I taught myself to grow old). La sinceridad es la clave. Y también el sonido, claro está.

folk/country alt./rock

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