El éxito de Oreiro es pecado mortal

POR LUIS VENTURA

Con un dejo de tristeza mezclada con ternura, Natalia Oreiro subió a recibir su primer Martín Fierro. Más allá del premio, del momento, estaba hermosa. ¡Imponente! Un ángel hecho mujer, con una imagen definitivamente poderosa y la naturalidad de quienes pisan firmes, sabiendo lo que hacen y lo que dicen. Un ser querible, popular, convocante y exitoso. Todos pecados mortales que una buena porción del medio no perdona. Por más penitencias que salgan del confesionario, por más disculpas que se puedan dibujar por tanto cariño, por más voluntades que se esmeren en hacer las cosas bien.

El éxito no se perdona y a Natalia la quiere la gente, pero muchos de sus colegas se enferman de verla tan arriba. Por eso no superó los 30 segundos de discurso sobre el escenario de La Rural, en su agradecimiento por la primera estatuilla que subió a recibir. Apenas una mirada de pena hacia sus agresores y sólo un "¡Gracias...!" nos dejaron sin el deleite de ver festejar a "La Monita" de la consagrada Sos mi vida.

Porque Oreiro no se bancó tanto odio, tanto rencor de algunos pocos, ante el amor de tantos muchos que la consagran, la adoran y la ponderan. Por eso bajó para llorar amargamente, a solas, con sus compañeros de trabajo, con sus amigos y ahí tomó valor para volver a recibir su segundo Martín Fierro, sin miedos a los que consideran el éxito como un pecado mortal. El mismo por el que ellos mismos luchan y pugnan, y no siempre alcanzan.

En este caso, los silbidos provinieron de la mesa de Casados con hijos. Alguien como Florencia Peña los emitió, vaya a saber por qué... Pero si había viejos rencores, esa no era la manera, la hora ni el lugar. Los insultos más velados surgieron de una de las mesas de Montecristo. Ellos sabrán también por qué, pero valga la distinción para Natalia que ya no se cohibió, ni permitió paralizantes ni frenos que impidieran decir lo que el público y la gente estaba esperando de ella.

Demuestra que valga este botón para tomar conciencia de lo que pueden lograr unas gotas de éxito en el vaso inexplicable de las vanidades y los odios, donde el peor de los pecados suele ser el éxito del prójimo y, en este caso, de un angelito como Natalia Oreiro, que cada vez vuela con alas más grandes. ¡Aguante la celeste!

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar