Wilco: Sky blue sky

Hace ya un par de años, cuando Wilco se llevó el premio Grammy al Mejor Álbum de Música Alternativa (A ghost is born, 2005), el mundo anglosajón observó la explosión de una banda que estaba para hacer cosas nuevas y distintas dentro de la música rock.

Formada en la ciudad de Chicago en el año 1994, Wilco nació de la salida de su líder Jeff Tweedy y el bajista John Stirratt de una banda de country alternativo llamada Uncle Tupelo. Conservando parte del sonido de esa vieja banda, pero más lanzados hacia el rock, desde 1995 sus composiciones buscan una mezcla de lo instrumental junto con breves letras de introspección que, conjugadas, pueden convertirse con facilidad en composiciones que superen la barrera de los diez minutos de canción. Para Wilco, las guitarras también hablan en la canción, como sucede en viejos temas como Spiders kidsmoke o At least that´s what she said, con los que la banda se ratificó en el mainstream del rock en inglés.

Verdaderos generadores de climas y excelentes guitarristas, por lo general se los engloba en un tipo de música no demasiado apta para listas aleatorias de Ipods o cosas por el estilo. El verdadero juego de los discos de Wilco está en entrar en el mundo que arma cada una de sus canciones, tomar el pedazo de las historias que canta Jeff Tweedy y dejar que la guitarra haga el resto.

Pero este disco sí es la excepción. No es que no suceda lo dicho anteriormente, pero sí sucede que las temáticas que maneja Tweedy (las rupturas sentimentales están en el centro de la cuestión) parecen hacerlo hablar más. En cualquier caso, la sensación es la de que, entre pincelazos de música jazz y el mencionado country-rock, el cantante se deja llevar por sus sensaciones, lo que hace a las canciones mucho más directas. Es un disco en el que se está en contacto más fácilmente con lo que sucede dentro del letrista. En muchas de las canciones, la música es apenas un vehículo para que Tweedy se lance a contar lo que siente, lo cual en el caso de Wilco es bastante llamativo, dada la complejidad de muchas de sus viejas canciones.

Por eso, este Sky blue sky puede resultar mucho más accesible y también aprovechable. Algo así como una buena puerta de entrada a sus discos anteriores, quizá más complejos y rebuscados, pero igualmente disfrutables.

The boy with no name | Travis (sony)

Es verdad, el estigma U2 ha vuelto a aparecer en un disco británico. Ahora le tocó el turno a la banda liderada por Fran Healey, quien suena demasiado parecido a Bono en varios de sus temas (la seguidilla de las canciones Closer y Big chair es bastante dura). Aún así, pese a esa alarmante similitud, esas canciones son digeribles. A medida que el disco transcurre tampoco se ven demasiadas novedades en su sonido, un britpop de fácil asimilación con guitarras que suenan quizá demasiado bajas. Muchas bandas deciden no apostar por nuevos sonidos o géneros, juegan de forma conservadora y eso les resulta. Pasa lo mismo con Travis y aunque no apostar es penalizable, el resultado se sigue disfrutando.

Las leyendas del espacio | Los planetas (Sony-BMG, España)

Los Planetas son una banda española que tiene ya muchísimos años convertida en una banda de culto, sin llenar grandes estadios pero con un público fiel y seguidor que de a poco obtiene adeptos en el exterior. Este nuevo disco, señalado por la prensa de la península ibérica como uno de los mejores de su carrera, es a la vez una buena muestra de lo que la banda hace: un noise rock en cierto punto cercano a Buenos Muchachos pero mucho más adentrado en el pop y la tendencia a que los instrumentos siempre suenen delante de la críptica voz de J, su cantante. Cuando se dejan escuchar sus letras son simples, divertidas y también devastadoras.

Adelantado | Jarabe de Palo (Warner)

El nuevo disco de Jarabe de Palo se parece, básicamente, a todo lo que Jarabe de Palo ha hecho a lo largo de su carrera. Canciones que van entre el rock, la salsa, por ahí un poco de reggae y no demasiado más. Si bien la voz de Pau Donés todavía sigue siendo atractiva y algunas letras continúan siendo chatas pero buenas, desde hace ya unos discos que la fórmula no parece rendir tanto como en discos como Depende, ni mucho menos del primer disco de la banda (sí, el que tenía La flaca). En este disco, salvo Ole, ningún tema pega demasiado. Párrafo aparte para esa incomprensible (e insoportable) fijación que Pau Donés tiene con lo(s) italiano(s).

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