Como ya se imaginarán, estoy angustiadísimo por la pobre Paris Hilton. No me digan.
Si el Gobernator Schwarzenegger no la perdona, va a tener que ir en cana, como una reclusa cualquiera.
¿A dónde iremos a parar si la Princesa de América tiene que ir a la gayola? ¿Es que ya no hay un respeto por las jerarquías?
Como se sabe, en la Nación Más Poderosa del Planeta todos somos iguales ante la Justicia, pero unos son más iguales que otros.
El dos por ciento de la población de los Estados Unidos está en la cárcel. Sí, leyeron bien, el DOS por ciento. Pero el 40 por ciento de los presos son negros pobres y el treinta por ciento son latinos pobres. El resto son más o menos blancos, pobres.
Paris Hilton está entre la cúspide de los que son MÁS iguales. Una nena llena de guita, como esa, puede hacer casi cualquier cosa y zafar de casi cualquier cosa.
Pero Paris ha abusado mucho. La Paris tiene a todo el mundo podrido, para decirlo en criollo y con perdón de la expresión.
Ha ostentado tanto su despilfarro, ha marcado tanta bobera, le ha metido su tilinguería y sus privilegios por las narices a un pueblo, de tal manera que ya no hay juez que la banque. Y sus carísimos abogados tampoco son Mandrake.
Todo el mundo sabe que O.J. Simpson es culpable de asesinato. Pero sus abogados, que cobran millones, hicieron de goma a unos pobres fiscales que ganan apenas para parar la olla y el criminal salió suelto, tan campante y encima lleno de berretines.
Si Paris Hilton hubiera matado a algún amante, hubiera tenido más chance de conmover al jurado y zafar. Los abogados estrella, como los que los ricos y famosos se pueden pagar, manipulan a los pobres jurados como juega el gato maula con el mísero ratón.
Reíte de Perry Mason.
Los jurados son gente cualquiera, gente de la calle, que nunca agarró un libro de leyes, y a los que un día les cae una citación para ser jurados. Y Chau Pinela. Empieza el Via Crucis.
Al principio algunos se ponen contentos, porque en el trabajo les tienen que dar libre. Pero una vez que empieza el juicio, se quieren cortar las venas.
Y si les toca un juicio de alto vuelo, largo y con la prensa pendiente, vas viendo cómo los pobres jurados se desgastan y se estresan en la tarea tratando de encontrar la justicia entre los artilugios de los fiscales y las manganetas de los abogados defensores, todos ellos profesionales en la materia, flor de aves, entrenados de jovencitos para colarse por las rendijas de la ley.
El juicio con jurado rinde muy bien en el cine y en la tele. A mí, dejame con el sistema nuestro, a la francesa.
Pero la Paris Hilton se las tuvo que ver con un severo juez, no con un payaso como el que convirtió el juicio por el cadáver de Anna Nicole Smith en una parodia macabra.
Y la Paris no tuvo un jurado para impresionar, seducir y hacerse la víctima. El magistrado, ni corto ni perezoso, ha dictaminado que la caprichosa heredera tiene que ir en cafúa.
Obvio, no la van a poner con las latinas y las negras de la prisión común. Si finalmente entra a la gayola, que todavía lo quiero ver para creer, va a estar aislada en un sector especial.
Pero va a tener que comer, dicen, el morfe de la cárcel, usar un pijama anaranjado, dormir en una cama dura y pasar 23 horas por día en su celda, durante 45 días. Las uñas se le van a poner a la miseria. Y las mechas, ni te digo.
Hasta el momento, 16 mil fans habían firmado pidiendo la libertad de la acaudalada heredera. En la mismísima Nueva York se organizaba una manifestación callejera por la LIBERTAD DE PARIS HILTON.
Ha trascendido que los "Fogoneros" y demás (TILDE grupos radicales se preparan a hacer otro tanto en el Centro de Montevideo. Guarda con los vidrios.