Lejos de revolcarse en su propia tumba, seguramente Federico García Lorca estaría intrigado ante el próximo estreno de la dupla Calderón - Inthamoussú. ¿Qué hicieron ahora estos chiquilines? Tomaron La Casa de Bernarda Alba y la dieron vuelta, o algo parecido. En pocas palabras, la madre castradora que exige luto y castidad a sus cinco hijas (en la versión original), ahora sigue igual de dictadora pero para el otro lado: transforma la casa de familia en un burdel.
"Es una madre que las obliga a festejar la muerte de su padre, que quiere que todas pierdan la virginidad en una noche", explica el director, Gabriel Calderón.
PUERTAS ADENTRO. Son alrededor de las 22 horas y el elenco está ensayando. Algunas de las actrices ya usan parte del vestuario: camisones blancos, polleras muy cortas, escotes pronunciados, guantes, cancanes con redes, tacos.
El taconeo es parte del sonido general. En algún momento, el director llama la atención al respecto. Quedan ajustes y no sólo el parlamento tiene que saberse de memoria. La Vieja Farmacia Solís está rodeada de madera en pisos, estanterías y alguna escalera, de manera que el crujir de las tablas puede distorsionar el ambiente. Cuidando esos detalles, las chicas de su casa devenidas prostitutas tienen que subir las escaleras, caminar y sentarse con cuidado.
Cuando el director lo considera oportuno, se hace un descanso. Algunos personajes pueden retirarse y otros optan por repetir la letra. Entonces, Calderón se sienta y empieza a explicar la génesis de esta versión que tiene su original en La Casa de Bernarda Alba, del español García Lorca: "La cosa empezó cuando Osvaldo (Reyno) me invitó a ver la Farmacia Solís, en agosto de 2006. Él es el dueño del lugar. Me pareció que un texto interesante para trabajarlo acá era La Casa de Bernarda Alba. Pero a los dos meses veo que va a tener que ser un texto nuevo, no el de Bernarda Alba, así que escribo Las nenas de Pepe".
La versión de la Compañía COMPLOT también empieza con el funeral del hombre de la casa, pero ya son puntuales las variaciones que se pueden apreciar: el muerto se llama Pepe (igual que el hombre del deseo en La Casa...), las hijas superan ampliamente el quinteto original y Bernarda (o Alba), lejos de guardar luto, hace de la casa un prostíbulo. Eso sí, de madre opresora y mandona no perdió nada.
"Me gusta pensar que, años después de La Casa de Bernarda Alba, Adela se haya transformado, se haya casado con Pepe, este Pepe hubiera muerto y hayan tenido 15 hijos, además de que la historia se estuviera repitiendo pero en el opuesto", comenta el director.
De las pocas actrices que se quedan, una es Alma Claudio. La artista personifica a Alba y confiesa que aceptó el papel casi ciegamente porque conoce de primera mano el trabajo de Calderón (este año van por la tercera temporada de Morir, de Sergi Belbel).
De todas formas, no todo el elenco tiene la experiencia de Claudio, ni está formado en actuación. Aquí hay, además de actrices, bailarinas y hasta alguna cantante. Para la selección no hubo grandes movimientos de casting sino que se recurrió a lo que ya parece ser una tradición: el conocimiento por mano propia, o gracias al amigo de un amigo.
Jimena Calderón es, como bien debe estar suponiendo, hermana de Gabriel. Estudia Psicología y no tiene preparación actoral, pero hace tiempo que espera participar en una obra de su hermano y esta es la primera vez que lo puede hacer. Reconoce el reto ante la falta de formación, pero precisamente por eso es que hace meses está leyendo material de teatro, además de recibir los consejos de sus compañeras en lo que a técnicas se refiere porque "no es cuestión de que te digan `poné cara de triste y que te salga`".
Las nenas, capitaneadas por Calderón, también tienen que acatar órdenes coreográficas y vocales. En el primer caso, Paola Garabeldi es quien se encarga de hacer cumplir las indicaciones que dejó Martín Inthamoussú antes de viajar a España. Luego, la asesoría vocal corre por cuenta de Patricia Curzio, quien impactó tan bien en el director que acabó teniendo una participación dentro de la obra. Allí se verá, sentada al piano del burdel cantando alguna que otra canción.
algo más que trapoS. "En la obra hay muchos secretos que se van a ir revelando", adelanta Calderón. Así y todo, a veces la excitación saca ventaja y hace que el vestuarista, Alejandro Duffau, o su ayudante, Pablo Auliso, estén al límite de tener un problema de confidencias con el director. Primero con duda y después con seguridad ("eso pasa al principio"), cuentan que las 12 hijas que esta Alba tiene con este Pepe se dividen en grupos de a tres: las vírgenes, las malas, las actrices y las bailarinas.
"La propia madre las divide según la aptitud que tengan para ser prostitutas", señala Duffau. Esa división fue importante para diseñar el vestuario de cada grupo, del que se puede adelantar bastante, tanto como que las vírgenes lucirán camisones blancos, con volados y transparencias ("muy virginales y etéreas"); las malas emplearán el mismo criterio, pero en negro ("con un poco de masoquismo"); las actrices tendrán mucho de los payasos y algo del resto de los grupos ("Nosotras somos mejores porque somos todas", llegan a decir), y las bailarinas se caracterizarán con un tutú floreado ("son las que más saben, las que más seducen, supuestamente son las mejores para el trabajo de prostitutas", dice Auliso).
Ambos vestuaristas leyeron el guión de Las nenas de Pepe en octubre de 2006 y enseguida se pusieron a trabajar. Primero, asistiendo mucho a los ensayos y, después, con mucho margen de libertad de parte de Calderón: "No hubo ni siquiera un boceto, fue todo como de palabra", asegura Duffau.
Una de las premisas que se manejó desde el principio fue el espacio temporal. No querían retratar el presente en el vestuario, la intención fue crear un ambiente "de época". Un segundo paso fue respetar la historia: "Empezamos a imaginarnos cómo vivirían y cómo ellas, con las ropas que tenían, se hubiesen transformado en lo que la madre quería. Así que empezamos a juntar camisones, cortinas, todos materiales que pudiesen ser de desecho en una casa", explica Duffau y cuenta que la mayoría de las herramientas las consiguieron en casas de compra-venta, en general de ventas benéficas, y que lo único que no está hecho por sus manos son las medias tipo red.
Respecto a la gama de colores, si bien hablan de una tonalidad baja, también hay deslices hacia personajes más coloridos, como las bailarinas. "Los vestuarios son bastante temperamentales", sentencia Auliso.
En total, son 30 prendas, lo que no significa que se trate de cambios radicales. El tiempo para hacer los cambios es poco y, por eso, la solución fue crear atuendos que se arman y desarman, que se pueden sacar y poner de acuerdo al ritmo de la obra.
Pero de todos los personajes, se puede arriesgar que el que más intrigas despierta es Alba. La primera pregunta recibió una negativa por respuesta: es dueña del burdel y madre de las trabajadoras, pero no por eso expone su cuerpo. Sí tuvieron en cuenta que "es una mujer de armas tomar" y por eso diseñaron un conjunto exuberante, con cuatro cambios totales que denotan la presencia de quien los lleva puestos.
farmacia, burdel y casa. Con Las nenas de Pepe, Montevideo recibe un nuevo ámbito en el que lo artístico encuentra su lugar. El Espacio Cultural - Vieja Farmacia Solís (Agraciada y Santa Fe) está desde hace dos años en manos del escenógrafo Osvaldo Reyno. Pero su posesión fue casi una casualidad: un día, cargando materiales en su camioneta, leyó un cartel que rezaba "Hoy, remate". No lo dudó mucho y corrió para obtenerlo.
Reyno mantuvo la antigua estructura de comercio adelante - casa al fondo, pero con algunas adaptaciones para satisfacer las nuevas demandas. Siempre inspirándose en La casa de Bernarda Alba y la versión de Calderón e Inthamoussú, colocó un escenario con un pianito (regalo de Dahd Sfeir), pinturas de prostitutas, pantallas naranjas en las lámparas, un cortinado viejo de pana y pizarrones antiguos que convirtió en un "tapizado" de casa vieja. Todo, con una mística "decadente", según sus palabras.
El propietario y escenógrafo de la obra que inaugura el espacio aclara que "no es una sala sino la estructura de un bar en el que van a dar un espectáculo". O, como advierte Calderón, "es un espacio no convencional para un público no convencional".
Claro, hay que ver qué entiende uno por "público no convencional", duda que se puede disipar teniendo en cuenta lo siguiente: el público ya no se sentará en la platea porque, de hecho, aquí no hay ninguna sino mesas de bar y taburetes.
En segundo lugar, tampoco hay un único escenario en el que se desarrolle la acción. El espacio escénico está dividido en dos. "A lo mejor no vas a entender una escena que está pasando allá, pero después te la van a reiterar, con otro concepto, donde vos estás sentado". En tercer lugar, y ligado al punto anterior, no todos los presentes van a ver la misma obra, por eso de las diferencias espaciales. De la mano con lo precedente, quien quiera puede pararse y acercarse al punto donde tienen lugar los hechos. ¿No molesta a las actrices? "No... Bueno, que se arreglen. Están preparadas para eso", responde Reyno.
Finalmente, si el espectador puede "invadir" el espacio de las artistas, lo mismo puede suceder a la inversa: "Acá hay una intervención directa porque, de repente, vos te tenés que mover porque una actriz se te sube arriba de la mesa", puntualiza el escenógrafo.
Con funciones previas para la prensa, el público en general tendrá que esperar hasta el 12 de mayo para saber si Bernarda Alba grita por su hija muerta virgen.
Dése una vuelta por Agraciada y Santa Fe, momentos antes de que comience la función en La Vieja Farmacia Solís. Lo que verá no es la importación de una modalidad holandesa. Esas chicas ligeras de ropa, que exhiben sus cuerpos a través de una vidriera y a la vista de todo transeúnte, parecen ser pero no son. Acérquese y vea más de cerca. ¿Alguien le ofreció una entrada para el teatro? ¿O los muchachotes lo echaron a empujones? Entonces se había equivocado. No son meretrices, son "Las nenas de Pepe".