"Hace cinco años estaba comiendo con unos amigos
de barrio cuando mi amigo le dijo a su mujer ‘me
alcanzás el queso’. La mujer le contestó: ‘no te alcanzo
nada, levantate vos y agarralo’. El insistió, ‘me
alcanzás el queso’ y ella dio la misma respuesta. Mi
amigo, sin moverse ni dejar de comer con su mano
derecha, levantó su mano izquierda y le pegó un
trompazo que la tiró para afuera de la mesa. Todos
quedamos sorprendidos. Pero fue tan rápida la
reacción de la mujer que no pudimos decir nada. Ella
se levantó, trajo el queso y le dijo ‘tomá, ahí tenés’. Y
todo volvió a la normalidad como si nada hubiera
pasado. Yo esperaba una reacción de parte de ella,
gran lío, algo. Y me di cuenta donde estaba el error,
¿en el tipo golpeador? sí, ¿en permitir que te peguen?,
también. Y dije ‘qué buena historia para contar un día’.
Y así fue. Franklin Rodríguez una vez más se mete en
el mundo de la mujer con una comedia humorística
sobre la violencia doméstica.
"El amor se ahogó en la sopa", además de ser parte
de una estrofa del tango de Discépolo "Qué vachaché"
que cantaba Tita Merello, es el título de la última obra
del autor uruguayo que este verano se presenta en el
Teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck.
Un hincha barra brava, golpeador, karateca y
"cumbiambero" es el único personaje masculino
encarnado por el propio autor. Una esposa, cansada
de los golpes (aunque justificados porque el hombre
"tiene razón") decide pedir ayuda. Aquí es cuando
aparece el club de las mujeres vengadoras abordo de
un coche rojo, el cual es el arma de los crímenes. "O te
das cuenta de tu error y pedís disculpas o te
limpiamos" es el lema de este grupo vengativo,
independiente y anárquico, que se dedica a castigar a
los maridos golpeadores. Myriam Campos, Isabel
Schippani, Natalia Chiarelli y Virginia Ramos son
quienes le ponen la pimienta a la obra que cuenta con
la dirección de Daniel Vidella.
"En este país muere una mujer por mes víctima de
violencia doméstica y es un tema difícil de encarar. Yo
lo hice con humor. Los tipos golpeadores no nacen
siendo golpeadores, se van haciendo, entonces lo que
traté de analizar cuáles son las causas que crean una
persona así. Además, el mayor índice de gente
golpeadora no está en las clases bajas sino en las
altas. En este caso yo lo que hice fue subrayar un
personaje muy gracioso, un tipo ‘fierrero’, tatuado, con
el pelo pintado, violento, muy lumpen que le pega a su
mujer y que para él son formas de demostrar amor",
aseguró Franklin.
Pero más allá de su interés por la historia pasada del
hombre violento, el autor se detiene en el rol de la
mujer y su autoestima. "Lo que más reivindico de la
obra es que me parece justo que la mujer tenga la
autoestima necesaria como para pararle el carro y
decirle ‘no me pegues más, esto se arregla o no nos
vemos más’. Si bien tomo en broma el tema de por
qué es golpeador un hombre, también procuro
entender por qué la mujer lo justifica, como siempre
pasa, y por qué no le dice basta", explicó el autor.
Admirador de las
mujeres
En "El amor se ahogó en la sopa" una vez más
Franklin Rodríguez se inmiscuye en el mundo de la
mujer para descubrir las fortalezas y debilidades de la
condición femenina. Con "Debajo de las polleras"
Rodríguez se ganó la admiración de las mujeres y la
envidia de los hombres por acertar de tal manera en
los sentimientos y las reacciones de las mujeres. Por
esa sensibilidad, fue catalogado como un buceador de
la psiquis y el punto G femenino. Nuevamente lo
femenino lo inspira para escribir y crear una obra de
ficción, pero que guarda gran semejanza con la
realidad.
-¿Cómo conocés tanto sobre la condición femenina?
-Soy observador más que nada. La observo mucho,
pero sobre todo, el mundo femenino es mucho más
interesante que el mundo masculino, donde no hay
mucho descubrimiento. Es llano y creo que tiene que
ver con el hecho de que no tenemos hijos por ejemplo.
Las mujeres crean mundo, vida y eso despierta
sensibilidades que a la postre son mucho más
interesantes que la de los hombres. Somos recios,
duros, tímidos, con miedos a enfrentar las cosas,
mucho más cobardes Por eso está el famoso dicho,
detrás de un gran hombre siempre hay una gran
mujer. Los grandes tiranos tenían mujeres que eran
cabezas pensantes.
-¿Dicen que tenés una gran mujer que debe ser tu
amiga y confidente?
-Sí, sí... Yo necesito de mujeres, necesito tener lugares
de referencia. Hasta mi hija chiquita me da consejos.
Los tipos somos un poco ineptos. Mi mujer es
sumamente inteligente entonces me hace reflexionar.
Me dice, ‘no pienses como vos pensás que la mujer
piensa sino pensá como ella’. Me hace ponerme en el
lugar del personaje y no pensar yo desde mi lugar por
la mujer. Y es verdad, es diferente. Creo que hay una
intuición natural.
-¿Eso hace que logres entender lo que le pasa a la
mujer, cosa misteriosa para la gran mayoría de los
hombres?
-Sí. Las observo, las escucho. Una mujer enamorada
no es lo mismo que una mujer no enamorada, una
mujer con expectativas no es lo mismo que una mujer
sin expectativas. Y eso te da trazos humanos
interesantísimos para trabajar. Soy admirador de las
mujeres. En "Atracción Fatal" soy hincha de Glenn
Close no de Michael Douglas porque está bien que lo
quiera matar, la entiendo. Un gran conocedor de
mujeres es sin dudas Almodóvar Cada mujer que te
planta es distinta. Woody Allen también es un gran
conocedor de las mujeres y no es un tipo que tenga
tantas mujeres. Las conoce porque las estudia.
Las mujeres me parecen fantásticas en su género,
nunca llegás a conocerlas. Es mucho más divertido
para mí escribir un tema femenino que uno masculino.
La visión de la mujer es totalmente distinta y más
sorprendente. Todo puede pasar en el mundo
femenino. El mundo masculino es mucho más
previsible. Yo he escrito muchas obras en las que
siempre hay tres o cuatro mujeres y un solo hombre.
No hago más hombres porque ya sabemos cómo son
y se repiten siempre los mismos, en cambio las
mujeres no, son distintas.
-¿Estás escribiendo algo ahora?
-Se me ocurrió un tema que está buenísimo sobre un
caso real de un hombre que da clases de italiano y
una prostituta que se va a trabajar a Milán y quiere
aprender italiano. Es brutal eso para escribirlo. Tiene
muchas puntas, pero en el fondo quiero saber la
historia de ella. Me inclino hacia ahí porque me parece
que hay cosas más oscuras que entender y mundos
que no se exploran. Freud decía que el mundo
femenino tiene esas puertitas escondidas y cada vez
que abrís una hay otra puerta más. En el hombre abrís
una puerta y decís ‘ya sabía que había esto’.
Carolina Villamonte